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Columna de opinión |Bogotá entre la esperanza y la impaciencia

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La Encuesta de Percepción Ciudadana 2025 de Bogotá Cómo Vamos muestra un cambio de clima: crece la satisfacción con Bogotá como lugar para vivir y el optimismo sobre el futuro, y se mantiene el orgullo por la ciudad. Al mismo tiempo, la percepción de inseguridad alcanza su nivel más alto desde 2008 y la calificación positiva de la gestión del alcalde cae a su punto más bajo del periodo pospandemia. La capital parece haber aprendido a separar la evaluación de la ciudad de la de sus gobernantes: reconocemos transformaciones y, a la vez, exigimos más resultados.

¿Qué explica ese optimismo a pesar de la incomodidad cotidiana? La respuesta está, en buena medida, en la obra del Metro y en el paquete de intervenciones viales. La EPC 2025 confirma que el proyecto estrella “mueve la aguja” del ánimo ciudadano, aunque la mayoría percibe que sus tiempos de desplazamiento aumentan. Las y los bogotanos parecen internalizar que la ciudad está en obras y que esa será la realidad de los próximos años, con el entendimiento de que la recompensa llegará cuando entren en servicio las infraestructuras en ejecución.

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La foto de movilidad es matizada.: sube la satisfacción con la caminata y con la bicicleta, pues la bicicleta alcanza su máximo histórico y TransmiZonal aumenta su base de usuarios. Al mismo tiempo, persiste la insatisfacción con el transporte público por factores como los tiempos de desplazamiento, las frecuencias, las conexiones y la cultura en las vías. La EPC también documenta que los jóvenes y los estratos bajos responden de manera distinta a estos cambios, lo que sugiere brechas territoriales y socioeconómicas que deben guiar el orden de las intervenciones.

En seguridad, la encuesta muestra una paradoja: bajan la victimización y la denuncia, pero aumenta la percepción de inseguridad (ciudad y barrio). Las señales de alerta sobre atracos y el aumento de las pandillas son motivo de preocupación en el barrio, lo cual podría sugerir el fortalecimiento de la delincuencia organizada y un deterioro del estado abierto/participación. Al mismo tiempo, mejora algo la confianza en las instituciones, sin ser suficiente. Es decir, la ciudadanía reconoce avances urbanos y, a la vez, no siente suficiente control del delito.

La llegada del primer tren del metro de Bogotá. Foto:MAURICIO MORENO

La conclusión de Bogotá Cómo Vamos no es complaciente: Tenemos ventanas de oportunidad —optimismo, orgullo, movilidad activa—, pero hay que administrar las tensiones del presente (obras, tiempos largos, temor al delito). Por eso, las recomendaciones del estudio son claves para traducir este ánimo en resultados sostenibles:

  • Capitalizar el nuevo clima cívico aprovechando el repunte en orgullo, satisfacción y optimismo para fortalecer la cultura ciudadana y la apropiación del espacio público, con foco en jóvenes y estratos bajos (donde se observan brechas).

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Reconectar gestión y resultados. La aprobación de la gestión está baja.; comunicar logros verificables en los temas priorizados por la ciudadanía (movilidad, seguridad, empleo, cuidado) y hacerlo con datos comprensibles y seguimiento periódico.

  • Seguridad: investigación y justicia, no solo presencia. Ante señales de crimen organizado, profundizar la investigación criminal y la efectividad judicial; medir públicamente el esclarecimiento y las desarticulaciones, para que la percepción acompañe los resultados.
  • Sosten la movilidad activa y su conexión con el transporte público.
  • mantener la prioridad a bicicleta y caminata, mejorar conexiones con SITP/TransMilenio y asegurar corredores seguros durante la fase de obras (señalización, andenes, iluminación, gestión de velocidad).
  • Cultura en las vías y normas de convivencia. La insatisfacción con el transporte también es cultura: reforzar el cumplimiento de normas, la gestión de la velocidad y las campañas en entornos de mayor fricción, con metas por localidad y rendición de cuentas.

Vista del gran angular de Bogotá, capital de Colombia. Foto:iStock

Si la administración y los actores sociales convierten este optimismo en corresponsabilidad, la ciudad puede acortar la brecha entre lo que vemos transformar y lo que sentimos en la calle: una Bogotá más vivible, más segura y orgullosa de sí misma, incluso mientras las obras avanzan.

Felipe Mariño, director de Bogotá Cómo Vamos

ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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