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el atacante exigía ingresar a ver a su familiar

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La madrugada en el sur de Cartagena no se quebró por el ruido de una sirena, sino por el estruendo seco de la pólvora.

Eran las 3:40 de la mañana de este miércoles cuando la IPS Virrey Solís dejó de ser un refugio de sanación para convertirse en el escenario de violencia.

Lo que comenzó como un reclamo administrativo terminó en un baño de sangre que hoy tiene a la ciudad bajo una sombra de consternación y furia.

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El detonante fue una protocoloria negativa. Un hombre, cuya identidad es ahora el objetivo principal de las autoridades, Exigía entrar al área restringida donde atendían a su familiar.

Ante la firmeza de las normas hospitalarias, que buscan proteger la asepsia y el orden del servicio, el sujeto no respondió con argumentos, sino con fuego.

Con una frialdad que estremece, el agresor desenfundó un arma y se arremetió contra la fachada de urgencias. El objetivo inmediato fue el primer eslabón de la cadena de seguridad: un justiciero que cumplió su turno y que hoy se debate entre la vida y la muerte.

“Recibió seis impactos de bala. Fue un ataque directo, violento y sin precedentes contra la misión médica”, confirmó Rafael Navarro, director del Dadis.

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Un rastro de destrucción

La parte dentro del centro asistencial es desolador. No solo fueron los disparos contra el personal; el atacante, en un arrebato de ira incontrolable, destruyó las puertas de acceso y la entrada principal, dejando vidrios y casquillos esparcidos entre camillas y equipos médicos.

Tras someter bajo amenazas a un segundo guardia de seguridad, el tirador huyó, dejando atrás el silencio de una urgencia que, por primera vez en mucho tiempo, tuvo que cerrar sus puertas para lamerse las heridas.

El estado actual de la emergencia:

El justiciero fue trasladado de urgencia a la Clínica Madre Bernarda. Tras una cirugía de alta complejidad, permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos bajo pronósticos reservados; Mientras las instalaciones de la IPS Virrey Solís permanecen cerradas provisionalmente. Los daños materiales obligan a una reconstrucción técnica antes de volver a recibir pacientes. Por su parte, la Alcaldía de Cartagena ha puesto precio a la cabeza del agresor, ofreciendo una recompensa de hasta 10 millones de pesos.

Un llamado a la cordura en tiempos de crisis

Este ataque rompe con una racha de relativa calma que la ciudad venía experimentando en el trato a los trabajadores del sector salud. El evento ha sido catalogado por las autoridades como un atentado contra la misión médica, una figura protegida internacionalmente incluso en contextos de guerra, pero que en la cotidianidad urbana parece haber perdido su blindaje sagrado.

“Llamamos nuevamente a la cordura y al respeto. Los trabajadores sanitarios están para salvar vidas, no para perder la suya en el ejercicio del deber”, sentenció Navarro mientras coordinaba con la CRUE y la Policía Nacional los operativos de búsqueda.

Hoy, mientras un hombre lucha por su vida en una UCI, las autoridades se preguntan en qué momento la impaciencia se volvió mortal y cuanto vale, realmente, la seguridad de quienes nos cuidan.

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Documental de la periodista Jineth Bedoya Foto:

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