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Trump podría provocar una tormenta económica de 1.4 billones de dólares, advierten expertos.

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Este cálculo aún no incluye los aranceles recíprocos que Trump prevé anunciar el próximo 2 de abril, los cuales podrían incrementar el costo del conflicto a niveles sin precedentes.

El 13 de febrero pasado, Trump firmó un memorando presidencial con el objetivo de establecer un esquema para aumentar los aranceles estadounidenses en respuesta a políticas fiscales, aranceles vigentes, manipulación de divisas o prácticas desleales de otras naciones.

La redacción del documento no deja lugar a la ambigüedad: su propósito es sancionar a cualquier país que represente una amenaza para la industria o el empleo estadounidense.

Especialistas en política comercial advierten que el alcance del plan abarca prácticamente a todos los socios comerciales de Estados Unidos. Según datos oficiales, el país importó bienes valorados en 3.3 billones de dólares en 2024.

La estimación de Tax Foundation indica que alrededor del 43% de ese flujo estará sujeto a nuevos aranceles si Trump lleva a cabo su propuesta completamente. La Unión Europea, China, México y Canadá se perfilan como los principales afectados.

Trump ya implementó un arancel del 10% sobre productos chinos el pasado 4 de febrero y aumentó en otro 10% el 4 de marzo. Para México, Canadá y la Unión Europea plantea un arancel generalizado del 25%.

La medida incluye sectores sensibles como el acero, el aluminio, el cobre, la madera, los automóviles, los productos agrícolas y los farmacéuticos. En algunos casos, las tarifas ya están en vigor.

Por ejemplo, todos los países ya enfrentan un arancel del 25% sobre el acero y el aluminio, así como sobre aquellos productos de México y Canadá que no cumplen con los requisitos de contenido regional establecidos en el T-MEC. Estas restricciones impactan a casi la mitad de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos.

México aguarda su “sobrecito”

El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, reconoce la seriedad del momento y hace un llamado a la preparación estratégica. Durante una reunión con empresarios, enfatizó la necesidad de coordinar esfuerzos entre el gobierno y el sector privado.

“Nos corresponde comprender y adaptarnos al nuevo escenario. A mí me toca la parte comercial y, en cierta medida, la financiera”, manifestó el funcionario.

Ebrard se abstiene de emitir un pronóstico sobre lo que sucederá el 2 de abril, cuando Trump desvelará el resto de sus medidas. Afirmó que las señales desde Washington cambian constantemente.

“La semana pasada teníamos una versión, el secretario del Tesoro ya presentó otra. Todo indica que cada país recibirá su propio sobre, como en un examen”, aseguró.

El enfoque de Trump sugiere un modelo de trato diferenciado, donde las condiciones fiscales, los subsidios internos o la política cambiaria pueden influir en el nivel de aranceles. Esta estrategia generará un sistema de desventajas comparativas, en el que cada país enfrentará barreras según sus normativas internas.

Ebrard sostiene una comunicación constante con sus homólogos estadounidenses. Reuniones frecuentes, llamadas directas y visitas a Washington forman parte de una agenda activa.

“La clave es resistencia, paciencia y perseverancia. Nuestro objetivo es alcanzar las mejores condiciones posibles para México, sin importar cuál sea el nuevo conjunto de reglas”, afirmó.

Por el momento, el gobierno mexicano mantiene al menos el 50% de sus exportaciones sin los aranceles del 25%. La presidenta Claudia Sheinbaum logró ese margen tras una llamada directa con autoridades estadounidenses, una gestión que Ebrard califica como “crucial”.

Sin embargo, la situación continúa siendo inestable. Trump afirmó recientemente en una entrevista con Fox News que el T-MEC es un buen acuerdo, pero acusó tanto a Canadá como a México de “hacer trampa”.

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