Colombia
Sequía prolongada en el sur del Atlántico golpea a campesinos de Campo de la Cruz y pone en riesgo la seguridad alimentaria local
La persistente temporada de sequía que se registra en el corregimiento de Bohórquez, jurisdicción del municipio de Campo de la Cruz, ha encendido las alarmas entre las comunidades rurales del sur del Atlántico, donde la agricultura sigue siendo la principal fuente de sustento económico y alimentario.
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Durante los últimos meses, la ausencia de lluvias ha deteriorado de forma acelerada los cultivos de pancogerprovocando pérdidas significativas y dejando en estado crítico amplias extensiones de tierra que garantizan la subsistencia de cientos de familias campesinas.
Productores de la zona advierten que el fenómeno no solo compromete la cosecha actual, sino que amenaza con profundizar una crisis social y económico en un territorio que ya enfrenta limitaciones estructurales relacionadas con el acceso al agua, la degradación del suelo y la erosión fluvial.
Pérdidas agrícolas y presión social creciente
Sequía río Magdalena en Atlántico. Foto:Gobernación del Atlántico
Blas Calvo Valencia, líder sindical y presidente de la Asociación de Productores Agrícolas del Sur del Atlántico (Asoproasura)que agrupa a 110 agricultores, explicó que el comportamiento irregular del clima se viene presentando desde octubre, cuando las precipitaciones comenzaron a disminuir de forma drástica.
Según detalló, más de cinco hectáreas de maíz ya se han perdido por completo, mientras que otros membrillos se encuentran en alto riesgo debido a la falta de humedad en el suelo. A esto se suma que los jagüeyes y reservorios artesanales construidos por los campesinos están totalmente secos, lo que limita cualquier posibilidad de riego.
El impacto, añadido, no se restringe al plano productivo. Al menos 2.400 personas estarían siendo afectadas de manera directa, si se tiene en cuenta que cada agricultor sostiene, en promedio, un núcleo familiar de seis integrantes que depende casi exclusivamente del rendimiento del campo.
Erosión, suelos áridos y fragilidad productiva
Campo de la Cruz es uno de los municipios afectados por la delincuencia. Foto:Vanexa Romero / EL TIEMPO
La situación se ve agravada por la erosión del río Magdalena, que con el paso de los años ha reducido de manera drástica la frontera agrícola en sectores como San Aguare y Santa Elena, ubicados en la isla del río. Zonas que antes superaban las 2.000 hectáreas cultivables hoy apenas conservan una fracción mínima de esa extensión.
Actualmente, los campesinos siembran productos como maíz, melón, auyama y fríjol, pero lo hacen en suelos cada vez más áridos, que pierden humedad rápidamente y se vuelven improductivos ante la ausencia prolongada de lluvias.
Frente a este panorama, los agricultores han reiterado el llamado a la Gobernación del Atlántico y al Gobierno nacional para que se adopten medidas urgentes que permitan mitigar la crisis, proteger la producción local y evitar un colapso económico en el sur del departamento.
Comportamiento del río y sistema de riego.
La sequía. Foto:Julián Ríos Monroy. EL TIEMPO
Desde el componente técnico, expertos señalan que el nivel del río Magdalena se mantiene, por ahora, dentro de rangos considerados normales para la época. De acuerdo con Humberto Ávila, director del Observatorio del Río, el afluente registra un nivel promedio de 5,16 metros en la estación de Calamar.
No obstante, mediciones recientes evidencian que el río ha descendido 1,40 metros desde finales de diciembre, con una reducción diaria de hasta seis centímetros, lo que genera preocupación entre las comunidades ribereñas que dependen del agua para riego y consumo.
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Pese a ello, el distrito de riego aseguró que el sistema se encuentra operativo. Jorge Gutiérrez, ingeniero electromecánico, indicó que las bombas mantienen suficiente nivel en los cárcates y que solo una disminución extrema podría comprometer su funcionamiento.
Pronósticos climáticos y riesgo ambiental
Antes de salir revisa los pronósticos del clima. Foto:iStock
El Ideam confirmó que la temporada seca ya comenzó en el Atlántico y que durante los próximos meses se espera una reducción significativa de las lluvias, con uno o dos días de recepción al mes en sectores como Barranquilla y su área metropolitana.
Aunque enero presentó un comportamiento atípico con lluvias intensas, expertos explican que esto obedeció a una alteración temporal de los vientos del Caribeun fenómeno que no modifica la tendencia general hacia condiciones más secas en febrero y marzo.
Paralelamente, el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres advirtió que, pese a posibles lluvias esporádicas, se incrementa el riesgo de incendios forestales en el departamento, una amenaza latente en contextos de altas temperaturas y estrés hídrico.