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Tasas altas podrían extenderse hasta 2026 por presiones inflacionarias y fiscales, advierte Leonardo Villar, gerente del Banco de la República

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El gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, reconoció que las proyecciones optimistas que se tenían a finales de 2024 sobre una rápida normalización de la inflación y una reducción sostenida de la tasa de interés no se cumplieron. Por el contrario, el país enfrenta hoy un escenario más complejo, con inflación por encima del 5 por ciento, expectativas desbordadas frente a la meta del 3 por ciento y crecientes presiones fiscales que han elevado el riesgo país y los costos de financiamiento.

Durante su intervención en el foro ‘Perspectivas Económicas 2026: Vamos por la remontada’, organizado por Corficolombiana, filial de Grupo Aval, el gerente explicó que el entorno obligará a la autoridad monetaria a mantener cautela al momento de definir la trayectoria de tasas hacia el próximo año, en medio de factores como el alza del salario mínimo, la suspensión de la regla fiscal, la fortaleza de la demanda interna y una economía internacional todavía incierta.

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El funcionario puso como punto de referencia la experiencia reciente de Brasil, que enfrentó un episodio similar de deterioro de expectativas y debió subir agresivamente las tasas para recuperar credibilidad, lo que finalmente permitió una caída más rápida de la inflación y abrió la puerta a recortes futuros.

Leonardo Villar, gerente del Banco de la República, en su intervención en foro de Corficolombana. Foto:Corficolombiana

Cambio de rumbo

Villar comenzó haciendo una autocrítica por el diagnóstico de hace un año, cuando se esperaba una reducción sostenida de la inflación y menores tasas hacia 2025. Recordó que Colombia atravesó una etapa de gran volatilidad monetaria: “Se subieron las tasas desde 1,75 hasta 13,25 por ciento entre 2021 y comienzos de 2023 y desde marzo del 23 empezó una bajada que respondió a una reducción importante de la inflación”.

En ese momento, las expectativas eran favorables. “En octubre y noviembre del año pasado los analistas proyectaban una inflación de 3,7 por ciento para diciembre de 2025 y de 3,4 por ciento para finales de 2026”, lo que abría espacio para recortes más rápidos de la tasa de interés. Sin embargo, el entorno cambió de forma abrupta “La inflación no solo no bajó sino que se estabilizó alrededor de 5,2 por ciento y más recientemente subió a 5,5 por ciento, la más alta de la OCDE después de Turquía”.

El deterioro fue mayor en las expectativas: “Para este año pasaron a 5,1 – 5,3 por ciento y para finales de 2026 hoy están en 4,4 por ciento”. Villar advirtió que de cumplirse esos pronósticos “estaríamos entrando en el sexto año consecutivo sin cumplir la meta de inflación”, una situación que pone a prueba la credibilidad de la política monetaria.

Alertas y amenazas

Entre los factores que explican el giro no previsto, el gerente destacó el incremento del salario mínimo: “El costo de contratar a una persona de salario mínimo aumentó cerca del 11 por ciento, muy por encima de la inflación observada y de la meta del 3 por ciento”, una tendencia que podría repetirse en 2026 y que “hace más difícil y más costoso bajar la inflación”.

Mesa de negociación y concertación para el incremento del salario mínimo 2026. Foto:Mintrabajo

Otro golpe provino del frente fiscal. Villar recordó que a finales de 2024 todavía existía confianza en la regla fiscal, con un déficit previsto de 5,6 por ciento del PIB. Luego “se consolidó que el déficit iba a ser más grande de lo esperado, por encima de ese nivel, y más tarde se suspendió la regla fiscal por tres años”. El Marco Fiscal de Mediano Plazo proyectó para 2025 un déficit cercano a 7,2 por ciento del PIB, cifra que luego volvió a ampliarse por mayores gastos e ingresos menores a lo previsto.

Ese deterioro llevó a una caída de la confianza: “Hubo reducciones en la calificación de la deuda y aumentos importantes en los spreads”. Colombia pasó de tener un riesgo país similar al de Brasil a ubicarse “muy por encima del brasileño, entre los más altos de las economías emergentes con acceso a mercados”.

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‘Paradoja financiera’

La consecuencia ha sido una paradoja financiera: “En 2024 el Banco bajó la tasa en 400 puntos básicos y este año un poquito más, pero las tasas de los títulos de deuda pública han aumentado de manera muy sustancial”. Es decir, el costo efectivo de financiamiento para el Gobierno hoy es mayor pese a que la política monetaria se ha flexibilizado.

Leonardo Villar Foto:Banco de la República

A este panorama se sumó una fuerte recuperación de la demanda interna: “Durante cuatro trimestres consecutivos creció por encima del 4% y en el tercer trimestre de 2025 fue del 5 por ciento real”. Este dinamismo explica el crecimiento del comercio y una caída del desempleo hasta 8 – 8,3 por ciento, los niveles más bajos del siglo para Colombia.

Demanda vs. producción

El problema es que “la producción no ha podido responder al mismo ritmo”: mientras la demanda crece 5 por ciento, el PIB rondaría 2,6 por ciento – 2,8 por ciento en 2025. “Cuando la demanda crece más rápido que la producción, se hace más difícil que la inflación baje”, afirmó Villar.

Los mercados esperan que Brasil empiece a reducir su tasa (de interés) de manera notoria”. En contraste, para Colombia “las expectativas del mercado son que las tasas podrían aumentar.

Leonardo VillarGerente del Banco de la República

Ese exceso de demanda se refleja en el sector externo: “Las importaciones crecen a doble dígito en dólares, mientras las exportaciones están estancadas, especialmente por la caída de petróleo y carbón”, deteriorando la balanza comercial. La cuenta corriente se mantiene contenida —en torno a 2,5 por ciento del PIB— gracias al fuerte aumento de remesas, que superarían 14.000 millones de dólares, e incluso ya superan los ingresos por exportaciones minero-energéticas.

En medio de estos desequilibrios, el peso se ha apreciado cerca de 15 por ciento en el año. Villar descartó que se deba al carry trade: “La inversión extranjera en TES ha sido negativa en los últimos meses”. La explicación estaría en la “traída de recursos del exterior por colocaciones de deuda del Gobierno para financiar el déficit”.

Sobre las tasas, explicó que, aunque la nominal de 9,25 por ciento sigue siendo alta, la tasa real se ha reducido por el aumento de la inflación esperada: “La tasa real ha caído muy fuertemente, aunque sigue siendo restrictiva”.

Finalmente, miró el espejo regional, especialmente Brasil. Hoy “los mercados esperan que Brasil empiece a reducir su tasa de manera notoria”. En contraste, para Colombia “las expectativas del mercado son que las tasas podrían aumentar”, insistió el gerente del Emisor.

El mensaje final fue claro: “Los retos para Colombia de recuperar la credibilidad en inflación y en fiscalidad son muy grandes”, y marcarán la agenda monetaria durante todo 2026 y para el próximo gobierno que iniciará en agosto de ese año.

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