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1962, el Mundial de la modestia… (Último tango, opinión)
“Aquel de Chile fue un Mundial caserito, muy sencillo, nada que ver con el despliegue tecnológico, de dinero y de gente que se hace hoy en cada Copa”, evocaba Emilio Lafferranderie, ‘El Veco’, periodista de raza, estrella en los años dorados de El Gráfico. En una decisión inesperada, el congreso de la Fifa de 1956 eligió a Chile como sede del Mundial 1962. Que no era el pujante Chile actual. Justamente impusieron un lema: “Como no tenemos nada lo haremos todo”. Tenía siete millones de habitantes, alto analfabetismo y una población mayormente rural. No había televisión todavía, llegaría recién entre 1957 y 1958. Aunque el fútbol sí era una pasión.
Chile ganó la elección a Argentina por 32 votos a 10. “Tenemos todo, podemos hacer el Mundial mañana mismo”, enfatizó en su alocución el presidente de la AFA, Raúl Colombo. Pero la Fifa seguía negando la realización de una Copa del Mundo a la patria de Borges, que la reclamaba desde 1936. La candidatura chilena fue defendida por el dirigente Carlos Dittborn. Sus argumentos: el clima deportivo en su país, la continuidad de la asistencia a torneos, estabilidad institucional y, sobre todo, la misión de la Fifa de promover el fútbol incluso en países con menos recursos. Y lo consiguió. Pero el destino juega cartas bravas, Dittborn, de 41 años, no llegó a ver su logro: murió 33 días antes de comenzar el torneo de una pancreatitis,
Chile vs. Italia, en 1962 Foto:Archivo EL TIEMPO
La buena suerte en la elección trocó en desgracia para Chile cuatro años después. El 22 de mayo de 1960 la ciudad de Valdivia, 830 km al sur de Santiago, vivió el apocalipsis: sufrió el mayor terremoto de la historia humana, 9,5 en la escala de Richter, la más alta medida instrumentalmente. Nunca se repitió algo igual. Provocó un tsunami que cruzó el Pacífico y causó daños y miles de muertos en Hawái, Japón y Filipinas. Naturalmente, también en Chile. “La tierra se sacudió como si el mundo intentara rehacerse a sí mismo. Los volcanes vomitaban lava a grandes distancias, la ceniza se elevaba a alturas inimaginadas, las montañas se abrían y los ríos modificaban sus rumbos. El suelo ondulaba como un mar enfurecido y pueblos enteros quedaron en silencio”, señala el libro Nuestro Mundial, 50 años de historia.
Pese al desastre y las dudas sobre el torneo, el presidente chileno, Jorge Alessandri, lanzó un mensaje rotundo: “El Mundial se hace en Chile, sí o sí”. Y se hizo. Lo ayudaron los países vecinos y la Fifa. Pero hubo un costo: de las 8 sedes previstas hubo que descartar a las cuatro del sur –Talca, Concepción, Talcahuano y Valdivia– por las consecuencias del terremoto. Así, el Mundial se redujo a Santiago (estadio Nacional, 70.000 espectadores), Viña del Mar (Sausalito, 18.037), Rancagua (Braden Copper, 14.450) y Arica (Carlos Dittborn, 14.373). “Los estadios eran modestos y, salvo el de Santiago, pequeños. Tampoco tenían luz, todos los partidos se jugaron de día. El de Rancagua sería para poco más de 10.000 personas y sobraba espacio. Es que era otro el mundo, otro el fútbol. Ni comparar con los escenarios de ahora”, nos decía El Veco, a quien entrevistamos en el Mundial de Corea y Japón 2002.
El estadio Monumental de Santiago. Foto:El Mercurio (Chile-GDA).
Aquel de 1962 fue su primer Mundial. Nos mostró la sencilla acreditación periodística de aquel torneo y la entrada de la final, que conservaba como trofeo. ¿Cómo enviaban el material periodístico?, preguntamos. “No había télex todavía, escribíamos en esas viejas Remington negras, juntábamos las notas y las enviábamos por avión en un sobre. Era lo más rápido. Tampoco había mucha televisión. Recuerdo que un tal Frederici, de Argentina, filmaba los partidos. Por la noche, ponía la cinta en una lata y se subía a un avioncito Cessna, cruzaba la cordillera y la llevaba hasta Mendoza. De allí la mandaba a Buenos Aires en un vuelo de Aerolíneas y al día siguiente se emitía por Canal 7. Era una proeza”. En todo Chile había unos 20.000 aparatos de TV.
Todo era más elemental, contaba este atlante del periodismo. “No existía el centro de prensa, sólo una oficinita donde se repartían boletines informativos. Cada uno trabajaba en el cuarto de su hotel. Igual, éramos unos pocos periodistas. Pero la organización fue excelente, nada faltó. Y no había restricciones al periodismo. Uno tenía a su merced a Pelé, Di Stéfano, Garrincha, Puskas, Sívori para entrevistarlos el tiempo que quisiera”.
Pelé. Foto:ALLSPORT
En Chile apareció el primer tema dedicado al evento: El Rock del Mundial, a cargo del grupo local Los Ramblers. La ceremonia inaugural, previa al cotejo Chile 3 – Suiza 1, fue básica: se izaron las banderas de ambos países y a jugar…
“Era todo muy modesto, muy distinto a la fastuosidad de los Mundiales modernos –narraba El Veco–. Íbamos a Viña del Mar a ver Brasil-España y la guagua que nos llevaba se rozó con un camión, hubo que parar y llegamos al partido sobre la hora. El palquito de prensa era un pañuelo, no había más lugar y don Pedro Fornazzari, jefe de prensa del Mundial, nos ofreció ponernos dos sillitas junto al tejido. Gracias a eso vi el partido a dos metros de Helenio Herrera, entonces técnico de España, y escuché todas sus indicaciones”. ¡Dos sillitas junto al tejido…! Suena hasta gracioso.
Y soltó una de sus imperdibles anécdotas: “Helenio fue el primer divo de la dirección técnica. Patentó la función. Era un vivo bárbaro. El lateral izquierdo español era Gracia; Garrincha lo estaba pasando por aire, mar y tierra. Y Helenio, como si nada, le gritaba a Gracia: ‘Es tuyo… Ya lo tienes… Mañana el mundo hablará de ti…’. Gracia lo botó diez veces fuera de la cancha, pero igual Garrincha mandó dos centros y fueron dos goles de Amarildo. Chau, España”.
Chile vs. Italia, en 1962 Foto:Archivo EL TIEMPO
Las crónicas hablan de una violencia exagerada en el juego, no controlada por los jueces. Al tercer día de competencia había treinta jugadores lesionados. Muchas faltas y roces, pero nada como el partido Chile 2 – Italia 0, en el que hubo agresiones salvajes.
Colombia debutó en los Mundiales y apenas sacó un punto, pero ese punto fue el del histórico 4-4 con la Unión Soviética después de ir perdiendo 4 a 1. Y el que inició la remontada fue el famoso gol olímpico de Marco Coll.
Rolando Serrano (primero arriba) falleció este lunes en Cúcuta. Foto:Cortesía Guillermo Ruiz Bonilla
Di Stéfano fue a la Copa con la Selección Española pero no pudo jugar por una seria afección estomacal y Pelé llegó lesionado a Santiago. Lo contó en su libro Mi legado. “Ya estábamos cerca de partir para la Copa. Se programaron cuatro partidos de preparación. Al terminar el primero sentí un dolor en la ingle y no le di importancia, pensé que al día siguiente pasaría. Pero luego se convirtió en una puntada. El doctor Gosling me preguntó: ‘¿Puedes entrenar?’. La sangre se me heló y mentí. El preparador físico Amaral había dicho: ‘Hombre que no entrena, no juega’. Así que respondí que podía. Fue un error. En el segundo partido, ante Checoslovaquia, no daba más del dolor y tuve que salir. Me perdí el resto de la Copa”.
Brasil fue casi con el mismo plantel campeón de 1958, todos con cuatro años más, y lo sintió. Ganó su segundo título con lo justo. A falta de Pelé, Garrincha se puso el traje de Superman y Amarildo reemplazó tan bien al Rey que lo contrató el Milan. La final fue Brasil 3 – Checoslovaquia 1.
Garrincha. Foto:Archivo EL TIEMPO
“Fue un lindo Mundial el del 62, con grandes estrellas; Bobby Charlton, Sekularac, Puskas, Garrincha… Entonces no había presiones de ninguna índole, el que era bueno lo demostraba, jugaba tranquilo. También hay que ser sincero: antes se marcaba mucho menos. Por eso aquellos monstruos podían hacer esas cosas asombrosas”, cerró El Veco.
Jorge Barraza
Para EL TIEMPO
@JogeBarrazaOK
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