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Todavía no cumple 20 años, pero ya logró lo que muchos persiguen toda la vida: poner a sonar el Himno Nacional de Colombia en los circuitos más exigentes del planeta. Nació en España, pero eligió representar al país de su madre y siempre que puede pide que lo presenten como David Alonso Gómez, para reivindicar ese origen santandereano que le corre por las venas.
En un deporte dominado por europeos, en el que Colombia apenas empieza a abrirse camino, David se ha encargado de que el mundo aprenda a pronunciar su nombre.
A los tres años ya montaba en moto. A los cinco empezó a competir. A los catorce fue campeón mundial junior. En 2023, en Moto3, ganó 14 carreras en una sola temporada; un récord histórico, pero lo mejor está llegando ahora: hace unas semanas, en Moto2, conquistó el Gran Premio de Hungría con una remontada épica que lo confirma como una de las grandes promesas del motociclismo mundial.
En esta conversación, David habla de sus inicios, de la presión de ser considerado un “niño prodigio”, del orgullo de llevar la bandera colombiana y de cómo ha aprendido, desde tan joven, a caerse y levantarse una y otra vez.
David, ¿te acuerdas de la primera vez que te subiste a una moto?
Uff, Je, Je. Desde que tengo memoria, todo lo que me hacía feliz tenía ruedas. No me gustaba caminar. Mis padres dicen que siempre estaba buscando algo para moverme más rápido: patinetes, bicicletas, juguetes… cualquier cosa que me diera esa sensación de velocidad. A los cinco años, me llevaron por primera vez a una escuela de motos. Me hicieron una prueba de cinco minutos… y terminé pasando todo el día en la pista. No quería bajarme. Fue como amor a primera vista. Ese día descubrí algo que me apasionaba de verdad. No era solo diversión: sentía que las motos eran parte de mí.
Aunque naciste en España, siempre has dicho que te sientes colombiano. ¿Qué significa para ti, este país?
Significa muchísimo. Mi conexión con Colombia viene por mi madre, por mi familia, por las historias que crecí escuchando. Cada vez que viajo a Colombia siento algo especial: la calidez de la gente, el cariño con el que me reciben. Es un país que, aunque no nací en él, siento como mío. Cuando, a los 14 años, decidimos correr con la bandera de Colombia, lo hicimos con el corazón. No fue una decisión estratégica, sino emocional. Cada vez que suena el himno en el podio siento que no corro solo, que llevo detrás a millones de personas que sueñan conmigo. Es un honor enorme y también una responsabilidad que me motiva todos los días.
¿Qué es lo que más te gusta de Colombia?
La gente. El carácter de la gente. Los colombianos tienen algo muy especial: son abiertos, alegres, amables. Cada vez que voy me siento recibido con los brazos abiertos. Y claro, también está la comida, Ja, Ja. Siempre que viajo disfruto mucho de los sabores colombianos: la bandeja paisa, el ajiaco, las arepas… Es imposible no querer volver.
¿Cómo era tu infancia fuera de las pistas?
Siempre fui un niño activo, muy ligado al deporte. No podía quedarme quieto. Siempre queriendo hacer cualquier actividad me atraía. Pero dentro de todo eso, creo que era tranquilo. Mis padres siempre dicen que cuando algo me apasiona, me entrego por completo, y eso pasó con las motos. A partir de los cinco años, mi vida empezó a girar alrededor de la pista. Dejé de ver los fines de semana como tiempo libre: eran mis días de entrenar, de aprender, de superarme.
¿Alguna vez pensaste seriamente en no dedicarte a esto? ¿Hubo un momento en el que tu familia o tú dudaron del camino?
Al principio era solo un hobby. Mis padres nunca me presionaron, y creo que eso marcó la diferencia. Siempre fui yo quien pedía ir a entrenar, probar nuevas pistas, correr más. A medida que crecí, me di cuenta de que esto podía convertirse en mi vida. Tenía 10 u 11 años cuando empecé a soñar en grande: me veía compitiendo con los mejores del mundo. Fue un camino lleno de sacrificios, pero también de muchas recompensas. Nunca tuve dudas de que quería intentarlo.
Hablemos de la presión de ser considerado un “niño prodigio”, que debe ser enorme. ¿Cómo la manejas?
No te voy a mentir: la presión está ahí y es fuerte. Desde pequeño me pusieron esa etiqueta y aprendí que no se trata de ignorarla, sino de aprender a convivir con ella. En el deporte de alto nivel las expectativas son gigantescas: siempre hay ojos sobre ti, siempre esperan que ganes.
Para manejarlo, he aprendido a disfrutar el proceso. Si solo piensas en ganar, te desgastas. Me concentro en mejorar cada día, en aprender de cada carrera, de cada caída. También me ayuda mucho la gente que me rodea: mi familia, mi equipo, mis amigos. Son ellos quienes me recuerdan por qué empecé.
David Alonso gana en el autódromo de Silverstone. Foto:TIM KEETON
Hablemos de los momentos difíciles. ¿Cuál ha sido el más duro de tu carrera?
El más reciente fue al inicio de esta temporada. Venía de ser campeón en Moto3, donde todo salía bien, y salté a Moto2, que es otro mundo. La moto es más pesada, más potente, los rivales son más experimentados… y de repente pasas de estar arriba del todo a sentirte el último. Recuerdo mi primera carrera en Tailandia. Estaba en la parrilla y me preguntaba si de verdad pertenecía allí. Fue un golpe duro. Pero entendí que esos momentos son parte del camino. Aprendí a tener paciencia, a confiar en el trabajo diario y a rodearme de personas que me empujan a seguir. Y cuando ganas de nuevo, como en Hungría, recuerdas de dónde vienes y todo cobra sentido.
¿Qué tan difícil fue el salto de Moto3 a Moto2? No es que sepamos mucho de este deporte, pero los que sí saben me dicen que son dos mundos distintos…
Uff. Es el cambio más radical que puede vivir un piloto. Pasas de una moto de 80 kilos y 60 caballos a una de 150 kilos y 130 caballos. Tienes que prepararte físicamente, mentalmente y técnicamente. Tuve que ganar cinco kilos de músculo, cambiar mi alimentación, fortalecer brazos, piernas para controlar la máquina. Pero lo físico es solo una parte. En Moto3 somos todos jóvenes, aprendemos juntos. En Moto2 compites con campeones del mundo, pilotos con mucha más experiencia. El nivel es altísimo. Es un aprendizaje diario, pero es lo que me hace crecer
En Hungría lograste una remontada histórica. ¿Qué pasó por tu cabeza en esa última vuelta?
Todavía lo revivo y se me acelera el corazón. Estaba segundo y sabía que tenía una sola oportunidad. En este deporte, cuando decides adelantar, no puedes dudar: si piensas demasiado, pierdes. Cuando hice el movimiento, todo alrededor desapareció. Era solo yo, la moto y el sonido del motor. No escuchaba nada más, no veía nada más. Crucé la meta en primer lugar y sentí que todo el esfuerzo valía la pena. Es un momento que voy a guardar para siempre.
David Alonso cuando quedó de tercero en Inglaterra, en mayo de 2025 EFE/EPA/TIM KEETON.. Foto:TIM KEETON
¿Esta victoria marca el inicio de algo más grande?
Creo que sí, pero no significa que me relaje. Esta victoria confirma que el trabajo está funcionando, pero también me recuerda que todavía hay mucho por aprender. El objetivo es seguir creciendo, mantener los pies en el suelo y tener la humildad de reconocer que cada día hay algo nuevo por mejorar. Esto apenas empieza.
¿Dónde te imaginas en 10 o 15 años?
Buueno’, son muchos años los que has dicho. Quizá de pensarlo, asusta, entonces prefiero vivir el momento presente. Por eso vivo cada etapa al máximo. Hoy mi meta es clara: aprender, crecer y disfrutar. El futuro lo voy construyendo día a día.
Me acuerdo que la última vez que nos vimos, me tocó presenciar un diálogo tuyo con Caterine Ibarguen nuestra campeona olímpica. ¿Has tenido la oportunidad de conocer a otros deportistas colombianos? ¿Sigues a alguno?
Uh, estuve en un podcast con Caterine Ibargüen y me impresionó su mentalidad, su capacidad para reinventarse después de cada caída. De todos los deportistas se aprende y sí que también recientemente estuve con Sebastián Montoya y es increíble ver cómo otros jóvenes colombianos también están dejando huella en deportes donde no teníamos tradición.
¿Qué les dirías a los jóvenes colombianos que sueñan en grande pero dudan de sí mismos?
Simplemente decirles que, al final, detrás de un sueño de niño por miu loco que sea el sueño, si de verdad lo quieres, tienes que ir a por él; disfrutar del camino y de todas las experiencias que te vas encontrando. Al final, yo también fui un niño como todos ellos y, claro que había dudas, pero se puede conseguir… ¡todo se puede conseguir!
David, una cosa: gracias por elegir correr con la bandera colombiana, pudiendo haber seleccionado la española; gracias por los triunfos y el orgullo que ya inspiras entre los que vienen detrás. Gracias por esta entrevista y ser parte de los “40 de menos de 40”.
Bueno, gracias a vosotros y a toda Colombia. Cada vez que estoy en la moto y que suena el himno siento que no estoy solo y ese cariño se nota y hace que yo también siga adelante.
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