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Si alguien aún no lo ubicaba bien, si alguien no sabía quién era, si alguien no le tenía mucha confianza, si alguien dudaba de sus virtudes o se preguntaba cada que cogía le lota que en dónde es que juega, la victoria de Colombia contra Venezuela 3-6 sirvió, sobre todo, para que Luis Suárez hiciera su presentación formal como el goleador que es: cuatro goles son suficientes, ¿o no? Ahora sí, a pensar en el Mundial.
Colombia, que llegó a Maturín con la tranquilidad de la clasificación al Mundial, arrancó el partido como aturdido, como desubicado. Tardó en darse cuenta de que el partido, en todo caso, tocaba ganarlo, era el último de la eliminatoria, es la imagen que queda, y cuando reaccionó, se llevó por delante a su rival, con récords, primera vez que hace 6 goles en la eliminatoria y primera vez que un colombiano, Suárez, hace 4 goles.
Luis Javier Suárez Foto:AFP
Pero antes de todo eso, Colombia sufrió, y de qué manera. Sonó el pitazo inicial y un huracán vinotinto sopló con toda su furia. A los 3 minutos la Selección sintió la furia destructiva de su rival. La defensa arrancó el partito confundida, quizá porque no era la misma defensa de siempre -sin Lucumí y sin Mojica; con Mina y con Angulo-; los que estaban se miraron a ver quién reaccionaba y nadie fue a tiempo a cerrar a Telasco Segovia, el venezolano dribló como si fuera James, así se creía, porque amagó a un lado y luego al otro, mientras Angulo, Sánchez y Lerma parecían monjes de vida contemplativa: ve tú; no, mejor ve tú, ¿quién, yo? ¿O yo? El venezolano aprovechó el desorden y mandó la pelota fugaz al arco. Kevin Mier -otra de las variantes en la nómina- sintió un rayó que pasaba por su lado. Venezuela, toda Venezuela, de norte a sur y de oriente a occidente vibró con el 1-0.
Pero si Colombia no se jugaba el futuro en el Mundial, sí exponía su orgullo. Perder con Venezuela en la fecha final de la eliminatoria no iba a ser bien visto, no era sano para la confianza. El equipo fue al frente y en su primer ataque logró un tiro de esquina. James acomodó la pelota y le hizo un guiño a Yerry Mina, el guiño que se hacen los que se conocen y traman algo: la pelota se elevó y Mina desplegó sus alas imaginarias, las sacudió, voló hacia el frente y metió el frentazo para anotar el 1-1. Maturín, que era un volcán, fue, repentinamente, un estadio frío como un nevado. 1-1.
Selección Colombia Foto:AFP
Los venezolanos, todos, no solo esos 11 de la cancha sino sus millones, debieron mirar el reloj, ¿cuánto va? Apenas 10 minutos. No tenían tiempo que perder. Su sueño de ir al repechaje sufría una amenaza real. Lo que pasó después fue tan veloz como increíble. Quizá Mina aún no había aterrizado de su vuelo, cuando Venezuela lanzó otro ventarrón. Entró como un soplido por la zona izquierda de Colombia, que para ese entonces ya era una ventana rota. Segovia lanzó el centro desde la línea de fondo, pero no era centro, era una trampa, la pelota fue al arco, Mier la vio, la esperó, puso las manos, el esférico tramposo hizo algún efecto, no se sabe bien, porque el arquero la soltó inexplicablemente, y ahí le cayó encima Josef Martínez y punteó el balón, cuando Mier reaccionó lo sacó desde adentro del arco. Demasiado tarde. Gol, otro gol venezolano, 2-1, y apenas iban 12 minutos.
Qué mal defendía Colombia. Qué susto una defensa así para pensar en el Mundial. Menos mal ya estábamos clasificados y Lorenzo pudo hacer sus experimentos, sufrir y replantear…
En esa batalla de escudo y espada, de lanzas y corceles, James activó el cañón, lanzó un pelotazo al arco y el portero Romo no puso las manos, puso el alma para que no fuera gol. La pelota fue afuera y en toda Venezuela hubo un suspiro de tranquilidad.
Colombia derrota a Venezuela 6-3. Foto:EFE
Venezuela no iba a dejar pasar su gran oportunidad, iba a luchar por su repechaje como fuera, por eso es que no paraban de correr y de presionar, pegaban cuando tocaba, jugaban cuando podían, ladraban, rugían, mordían. El pobre Luis Suárez nadaba, en ese momento, solo en un mar de tiburones. Pero se preparaba para su festín. Luis Díaz no era Luis Díaz, era su doble. Y para evidenciar que este equipo estaba distraído, Dávinson le tiró un pase a Angulo y se les fue la pelota afuera, un ridículo que despertó chiflidos y risas. Y James, con su cara desconcertada, parecía que no entendía qué pasaba. Colombia era una ternura de equipo.
Venezuela estaba tan crecido, tan confiado, que Josef Martínez se inventó un remate de chilena y puso la pelota en el travesaño. Iba a ser un golazo, la pelota rebotó en las manos de Mier quien la agarró como quien se toca el corazón para ver si sigue ahí.
Pero entonces Colombia tuvo otro soplo de vida. Díaz al fin apareció y bajó una pelota con la cabeza para que Suárez saliera de ese mar embravecido que era el área y anotara el 2-2. Otra vez la agonía local y más cuando Bolivia le anotó a Brasil. ¡Qué partido!
Lo que dijo Lorenzo en el camerino hace parte de los silencios del equipo, pero reacción sí hubo. Colombia salió al segundo tiempo a ponerle el pecho al huracán, que ya no soplaba tanto. Suárez, que ya estaba inspirado, destrozó la defensa con un doble amague y cuando remató empezó a levantar los brazos, con la certeza de que iba a ser gol, su segundo gol. No imaginaba, no suponía que iba a ser su noche gloriosa.
Luis Suárez Foto:EFE
Colombia ya era otra Colombia, mejor dicho, la que se esperaba. Los laterales atacaron, James recordó sus pases, Lucho empezó a meter miedo, Lerma impuso el orden que faltaba, los defensas se miraron sin titubeos, decididos a ir en cada lance, voy yo; no, voy yo. Y todos iban. Y arriba, Luis Suárez fue como una bestia recién liberada, un atacante demoledor que hizo gala del nombre que recuerda al goleador uruguayo. Al minuto 59 demostró otra de sus virtudes, desde atrás arrancó su carrera, picó al espacio, pidió la pelota a gritos, desesperado para que Lucho lo viera, y Lucho, que ya estaba lúcido, le lanzó el pase. Suárez forcejeó con su marcador, de codearon, lucharon, le sacó ventaja, todo en velocidad, y cuando se sintió seguro sacó su remate y otra vez fue gol, su triplete, su presentación formal y en sociedad para que lo tengan en cuenta en el Mundial.
Colombia ya ganaba 4-2, ya había aplacado sus nebulosas. El resto del partido se dividió entre el desespero de Venezuela que se estaba quedando sin repechaje y apelaba a prenderle velas a Brasil, y la furia de Colombia. Lucho pudo hacer otro y la pelota no le quiso entrar. Y cuando Venezuela volvió a a tacar, se encontró con un Mier que también estaba renovado.
Colombia vs Venezuela Foto:EFE
Pero un héroe seguía suelto en la cancha. Sí, Luis Suárez. La defensa de Venezuela enloquecía, ya no sabían por dónde encontrarlo, esta vez Ríchard Ríos le tiró un centro rastrero y el goleador puso la pierna con sutileza, seguro de que la pelota iría hacia el arco, como evidentemente pasó, 2-5.
Luego, Salomón Rondón se encargó de cazar un rebote que dejó Mier y puso el tercer gol de la Vinotinto. quedaban 15 minutos. El problema era de ellos. Pero por si las dudas, entró Jhon Córdoba para no dejarse echar tierra de Suárez y anotó el sexto de Colombia.
Eso ya fue todo. Colombia cerró la eliminatoria con una victoria en Venezuela y lo más valioso fue encontrar a un goleador escondido. Se llama Luis Suárez…
PABLO ROMERO
Redactor de Deportes
@PabloRomeroET
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