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Mar Rovira habla claro. Su mensaje es claro, directo, sin rodeos. Es una autoridad en el mundo de la psicología y la salud mental del deportista. Ese campo lo maneja desde la experiencia a los dos lados.
Durante 17 años vivió el baloncesto desde dentro, como jugadora. Un camino que la llevó del La Salle Horta al Uni Girona i Unión Navarra. Cuando dejó de meter canastas de manera profesional se entregó a cuidar la salud mental de los deportistas.
Trabaja con Ricky Rubio, con el Espanyol, con varios jugadores de la selección española de fútbol… En la semana dedicada a la salud mental, que fue el tema elegido en la Federación para presentar la lista de los partidos contra Georgia y Bulgaria, Mar habla con MARCA de lo especial que es el mundo del fútbol para un deportista.
PREGUNTA. Esta semana se celebra la Semana de la Salud Mental y el Deporte. ¿Qué importancia tiene destacar estos días más allá del trabajo cotidiano?
RESPUESTA. Siempre digo que si tenemos que dedicar un día o una semana a un tema, significa que todavía no está del todo normalizado. Así que sí, es importante visibilizar la salud mental, porque eso quiere decir que aún queda camino por recorrer.
P. ¿Cree que se ha roto el tabú en torno a la salud mental?
R. Sí, se ha roto un tabú muy grande. Y eso se debe, en parte, a que algunos grandes referentes del deporte se han atrevido a hablar. Como los vemos como héroes y heroínas, cuando muestran su vulnerabilidad, el impacto es mucho mayor que si lo contara cualquier otra persona.
Como los vemos como héroes y heroínas, cuando muestran su vulnerabilidad, el impacto es mucho mayor
P. ¿Diría que en España hay un antes y un después desde que Ricky Rubio habló abiertamente de salud mental?
R. En España, posiblemente sí. En cada país, el cambio suele depender de qué figura ha dado el paso. En nuestro caso, Ricky, con quien trabajo, ha sido un punto de inflexión.
En España Ricky ha sido un punto de inflexión
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P. Quisiera preguntarle ahora por el otro lado del trabajo. Siempre se habla del deportista que está mal, del que atraviesa una crisis. Pero, ¿cómo se trabaja con quienes están bien? Con los que ganan, con los que viven un gran momento.
R. Es importante decir que, ahora que la salud mental está tan presente, no debemos irnos al otro extremo y verlo todo como patológico. En la vida hay momentos difíciles y no todo requiere un diagnóstico. Hay que enseñar a tener herramientas para afrontar esos momentos, y eso forma parte de la normalidad.
En la vida hay momentos difíciles y no todo requiere un diagnóstico
Con los deportistas que atraviesan buenos momentos, el trabajo es más preventivo: cuidar los factores protectores, lo que llamamos “entrenamiento invisible”: cómo se alimentan, cómo descansan, qué piensan, qué hábitos tienen… Evaluamos el nivel de estrés, si es manejable, si hay picos y cuánto duran, y también cuándo hacer una pausa mental. El descanso es clave.
Y por último, enseñar a vivir: disfrutar cuando todo va bien, saber gestionar cuando va mal y no complicarse demasiado. A mí me gusta esa filosofía: complicarse menos y disfrutar más.
A mí me gusta esa filosofía: complicarse menos y disfrutar más
P. Me quedo con esa frase. ¿Diría que gestionar el éxito también es difícil?
R. Depende. Hay factores externos que influyen. No es lo mismo gestionar el éxito en el fútbol profesional, donde todo se magnifica, que en deportes individuales como el triatlón. Y luego están los recursos personales. Si el foco está solo en el resultado y en lo que viene después, en las consecuencias, se corre el riesgo de perder de vista lo que le llevó hasta ahí. Eso puede ser muy peligroso.
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P. ¿Entonces trabajar con futbolistas es más complicado?
R. No por el futbolista en sí, sino por lo que representa el fútbol. He trabajado con muchísimas disciplinas y deportistas de élite, campeones del mundo, olímpicos… Y sinceramente, nunca he sentido tanta presión como en el fútbol. La repercusión es mayor, todo el mundo opina, los medios, la afición… Eso condiciona muchísimo el entorno.
He trabajado con muchísimas disciplinas y deportistas de élite, campeones del mundo, olímpicos… Y sinceramente, nunca he sentido tanta presión como en el fútbol
P. En las entrevistas a jugadores nos gusta preguntarles cómo son fuera del campo. Parece que se nos olvida que son personas con problemas normales, como cualquier otra.
R. Exactamente. Muchas veces se recurre al argumento del dinero, pero que tengan más ceros en el banco no les convierte en otra especie. Siguen siendo personas. De hecho, durante el proceso de trabajo, a veces mienten. No por maldad, sino porque sienten que deben mostrarse como superhéroes. A mí me gusta hacerme un poco la tonta, observar, y luego intervenir en el momento justo para que se dé el cambio.
Durante el proceso de trabajo, a veces mienten. No por maldad, sino porque sienten que deben mostrarse como superhéroes.
P. O sea que tiene un radar. Cuando le mienten, lo nota rápido.
R. Bueno, también por mi experiencia. Fui deportista profesional durante muchos años, y eso me da una visión que no siempre está en los libros.
P. En una charla le vi con una pantalla detrás que decía “Ángel o demonio”. ¿El fútbol vive en extremos?
R. Totalmente. Yo soy muy aristotélica: en el término medio está la virtud. Si nos centramos en el proceso, en el presente, y no en los extremos, tendremos jugadores más estables, resilientes y felices.
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P. Le voy a poner un nombre: Álvaro Morata. Es quizá quien más ha dado la cara en este tema dentro de la selección. ¿Cómo lo ve?
R. Me parece admirable. Él se ha expuesto muchísimo sabiendo que iba a recibir críticas. Luego nos quejamos de que los jugadores no hablen, pero cuando lo hacen, los machacamos. Por eso, cuando alguien como Morata da ese paso, solo puedo estar agradecida.
Morata es admirable. Se ha expuesto muchísimo. Nos quejamos de que los jugadores no hablen, pero cuando lo hacen, los machacamos, Sólo le puedo estar agradecida
P. ¿Y las redes sociales? ¿Son un problema para los deportistas?
R. Depende de cómo se manejen. Cuando yo competía, no existían, y sinceramente, era más fácil. Ahora son una fuente muy grande de estrés. Lo que hacemos es darles herramientas: explicar cómo funcionan, qué son las cámaras de eco, cómo los algoritmos nos llevan a los extremos, y cómo detrás de una pantalla la gente saca su peor versión.
Una solución práctica: si esa semana se ha liado, se desinstalan las apps. Se deja pasar el tsunami. Porque en una semana ya nadie se acuerda. No se trata de evitarlas siempre, pero sí de saber gestionarlas.
También hay que enseñar a filtrar. Si alguien opina de cirugía del corazón y no es cirujano, no le haríamos caso. Pues si es portero, altera o delantero y opina el vecino del quinto, lo mismo: cero valor. Otra cosa es que lo diga tu entrenador.
Si alguien opina de cirugía del corazón y no es cirujano, no le haríamos caso. Pues si es portero, altera o delantero y opina el vecino del quinto, lo mismo: cero valor
P. Dicen que no leen prensa ni redes, pero luego lo saben todo.
R. Muchas veces es porque no las leen ellos, pero su entorno sí. Y con buena intención, se lo reenvían. Un WhatsApp, una captura… Al final les llega. Así que aunque no quieran, están expuestos igual.
P. Ya para acabar. ¿Hemos avanzado mucho, pero qué nos queda por hacer?
R. Le hablo de fútbol. Estaría muy bien que en todos los clubes hubiera un mental health path, un camino claro de salud mental. Eso significa que todos los jugadores sepan identificar síntomas, que sepan a qué profesional acudir, con total confidencialidad. Si no se garantiza eso, no darán el paso.
Y que entiendan que se puede trabajar sin que afecte a su rendimiento o a su carrera. Si ya hablamos de un trastorno, entonces hay que activar un protocolo. Pero si conseguimos eso, sería un avance enorme.
