Colombia
‘Si no hubiera tenido casco, no estaría aquí’

Luis Alejandro Jiménez fue embestido por un vehículo conducido por un hombre en estado de embriaguez grado 3. Estuvo al borde de la muerte, pero hoy celebra su título universitario y busca crear conciencia sobre la seguridad vial.
El 17 de abril de 2019, durante la Semana Santa, la vida de Luis Alejandro Jiménez cambió de forma irreversible. Con 22 años, mientras pedaleaba hacia Agua de Dios junto a un grupo de amigos, un conductor borracho lo atropelló de frente. Estuvo 22 días en coma y los médicos lo daban por perdido, pero logró sobrevivir, recuperarse y graduarse como profesional en ciencias del deporte.
El accidente que lo dejó al borde de la muerte
A las ocho de la noche, cuando la oscuridad ya cubría la carretera, Alejandro rodaba junto a sus compañeros. Veinte minutos antes había hablado con su hermana, Diana Jiménez, para avisarle que faltaban solo 40 minutos para llegar a su destino. Nunca llegó.
Un automóvil que venía en sentido contrario realizó un avance imprudente y lo embistió. El informe de Medicina Legal determinará que el conductor manejaba en estado de embriaguez grado 3.
Luis Alejandro fue embestido por un vehículo conducido por un hombre en estado de embriaguez 3. Foto:Redes sociales.
“Yo llevaba casco, lycra y guantes. El accidente fue tan grave que destrozó mis elementos de protección. Pero también me salvaron la vida: Si no hubiera llevado el casco, creo que no estaría aquí.ni mucho menos graduándome”, recuerda.
La llamada que cambió todo
Diana recibió la noticia a través del sueño de su hermano. Los amigos que acompañaban a Alejandro regresaron de inmediato al lugar del accidente. Por una coincidencia que pareció un milagro, una ambulancia pasaba por la zona y trasladada al joven al hospital de Tocaima.
Cuando Diana llamó al celular de su hermano, una enfermera respondió: “El dueño de este teléfono tuvo un accidente, venga al hospital. Está vivo, pero grave”.
El accidente fue tan grave que destruyó mis elementos de protección.
La familia partió desde Bogotá a las diez de la noche, en medio del tráfico festivo. Llegaron a Girardot a la una de la mañana, donde recibieron un diagnóstico devastador: trauma craneoencefálico severo, coma profundo y respiración asistida.
Los médicos practicaron una craneotomía descompresiva, retirando parte del cráneo y conservándolo en su abdomen para protegerlo hasta poder reimplantarlo. “Los doctores nos decían que estuviéramos preparados para lo peor: infarto, paro respiratorio (…). Pero nosotros nunca perdimos la fe”, relata Diana.
Un largo proceso de rehabilitación
Contra todos los pronósticos, Alejandro despertó tras 22 días en coma. Permaneció tres meses en cuidados intensivos y luego continuó su recuperación en casa, que fue convertida en un hospital improvisado.
“Era como tener un bebé otra vez, pero de 28 años”, explica Diana. Requería cama especial, pañales, sonda para alimentarlo, aspirador de flema y atención constante de toda la familia.
Aprendí de nuevo a gatear, comer, escribir y sostener la cabeza. El primer avance significativo ocurrió cuando una terapeuta le pidió escribir un número en un tablero y, para sorpresa de todos, anotó su número de celular de memoria.
Alejandro despertó tras 22 días en coma. Foto:Redes sociales.
Hubo momentos críticos. En una ocasión, un tapón de flema bloqueó su traqueostomía. “Mi cuñado le dio respiración boca a boca por el orificio, mientras yo retiraba el tapón con unas tijeras”, recuerda Diana.
La tesis que contó su propia historia.
La secuela más persistente fue la parálisis parcial de su brazo izquierdo y el deterioro cognitivo. Pese a ello, durante la pandemia Alejandro decidió retomar su carrera en ciencias del deporte en la Universidad Manuela Beltráncon apoyo académico adaptado a su situación.
Cursó dos semestres virtuales y luego regresó a la presencialidad. “A veces me perdía en TransMilenio o terminaba en municipios lejanos por confusión, pero no me rendí”, cuenta.
Su tesis de grado fue un estudio de caso sobre su propio accidente. “Analicé cómo es un proceso de rehabilitación en siniestros de tránsito, por qué un ciclista debe usar guantes, casco y demás elementos de seguridad, y también la importancia de no manejar bajo los efectos del alcohol”, explica.
El trabajo le permitió graduarse y además fue publicado en una revista indexada en Perú.
hoy celebra su título universitario y busca crear conciencia sobre la seguridad vial. Foto:Redes sociales.
Una vida marcada por la resiliencia
Hoy, Alejandro vive en Bogotá, es independiente en la mayoría de sus actividades y entrena en el gimnasio. Aunque conserva dificultades en la memoria reciente y movilidad reducida en el brazo izquierdo, su historia se ha convertido en un ejemplo de superación.
A veces me perdía en TransMilenio o terminaba en municipios lejanos por confusión, pero no me rendí
“Hoy sueño con ser feliz, aplicar mis conocimientos, desarrollarme en mi profesión y trabajar. Quiero concientizar a la gente de que deben tener sus implementos de seguridad y respetar las normas de tránsito. Esa es mi forma de transformar lo que me pasó en un mensaje para salvar vidas”, afirma.
La justicia pendiente
Pese a que el conductor que lo atropelló manejaba en estado de embriaguez grado 3 y el accidente dejó secuelas permanentes, el proceso judicial continúa sin avances significativos en la Fiscalía de Tocaima.
Mientras la familia espera una respuesta, Alejandro celebra un logro que parecía imposible: el título universitario que lo confirma como sobreviviente, profesional y símbolo de lucha en las carreteras de Colombia.
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*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de la Universidad Manuela Beltrán, y contó con la revisión de la periodista.







