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Este fin de semana se realizaron las elecciones de los consejeros de juventuduna figura que reclama atención desde 1997, cuando se empezó a hablar de estos espacios de participación. Sin embargo, solo hasta 2021 se concretaron las primeras elecciones para estos cuerpos colegiados, creados para que jóvenes entre 14 y 28 años participen en decisiones públicas, ejerzan veeduría y control social, e incidan en la inclusión de sus temas en las agendas gubernamentales.
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A pesar de ello, la realidad es que la juventud sigue siendo marginal en la agenda pública. Persisten narrativas que los conciben como “el futuro del país” y no como actores del presente, lo que invisibiliza sus problemáticas actuales. Hoy, las políticas juveniles en bogotá son fragmentadas, con programas aislados en cada secretaría, sin articulación interinstitucional ni coordinación territorial. Este déficit desconoce las dinámicas locales y las diferencias poblacionales. Las intervenciones carecen de enfoque diferencial y territorial, lo que se traduce en resultados insuficientes frente a indicadores críticos.
Las cifras son contundentes. La tasa de homicidios en jóvenes duplica el promedio de la ciudady son quienes más sufren lesiones personales y siniestros viales. En salud mental, los niveles de ideación e intento suicida son alarmantes, con sobrerrepresentación femenina en intentos y masculina en suicidios consumados, especialmente en localidades como Suba, Kennedy, Engativá, Bosa y Ciudad Bolívar. A esto se suma el aumento del embarazo adolescente: en 2024 se registró la tasa más alta en cinco años, con 174 casos en niñas de 10 a 14 años, acompañado de violencia sexual y maltrato intrafamiliar.
Jóvenes en Colombia. Foto:Alcaldía de Medellín
El consumo de sustancias psicoactivas también crece, siendo el grupo juvenil el de mayor prevalencia en sustancias ilícitas. La mayoría de quienes cumplen criterios de abuso y dependencia están entre los 12 y 17 años. La marihuana lidera el consumo ilícito.con un 15 % en jóvenes de 18 a 24 años y un 8 % en adolescentes, seguida por la cocaína en el mismo rango etario.
Este panorama exige pasar del discurso a la acción. No basta con buenas intenciones: se requieren programas planificados, presupuestos robustos y métricas claras para evaluar el impacto. Es urgente un plan de choque que priorice la protección de la vida juvenil y frene homicidios, lesiones, siniestros y suicidios. ¡Cada joven perdido es una derrota colectiva para los bogotanos!
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Las soluciones deben ser integrales. Hay que fortalecer redes comunitarias de prevención y atención temprana, garantizar trayectorias juveniles que permitan construir proyectos de vida desde entornos familiares, educativos y comunitarios, y articular un portafolio institucional y presupuestal con enfoque territorial y poblacional. Sobre todo, hay que cambiar la narrativa: dejar de ver a los jóvenes como futuro y reconocerlos como presente activo.
Ahora bien, no todo es negativo. La ciudad ha avanzado en la ampliación de la cobertura educativa, la reducción de la deserción escolar y en programas de acceso a la educación superior como Jóvenes a la E; también en iniciativas de apoyo al emprendimiento y en incentivos para empresas comprometidas con el empleo juvenil. Además, mantiene una oferta cultural y deportiva importante para esta población. Sin embargo, estos esfuerzos, aunque valiosos, son insuficientes frente a la magnitud de los desafíos.
Ceremonia de instalación de las elecciones a consejos de juventudes. Foto:Registraduría
Bogotá necesita una agenda juvenil de mediano y largo plazo, ajustada a las nuevas realidades que hoy los afectan. Es fundamental integrar a esta generación en la toma de decisiones y en la construcción de políticas que respondan a sus necesidades y expectativas de bienestar. La juventud bogotana no puede seguir en los márgenes de la política pública. Si no se actúa ahora, la desconexión entre jóvenes e instituciones se profundizará, debilitando la confianza en el público y erosionando el tejido social.
La deuda histórica con la juventud no se paga con elecciones periódicas de consejeros: se salda con acciones concretas, presupuestos claros y voluntad política real. Ahora que la ciudad les pidió votar, es hora también de entregarles las llaves de la casa y recordarles que tienen derechos, pero también deben.
ÓMAR ORÓSTEGUI
Director Govlab
universidad de la sabana
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