Colombia
“Equilibrio Escolar: La Controversia de los Horarios entre Bienestar y Realidad”

Avanza en el congreso nacional el proyecto de ley “Estudio sin despertar temprano”, que intenta evitar que las clases inicien antes de las 7:00 am en todos los niveles —inicial, preescolar, básico y medio—, tanto en entidades públicas como privadas.
A simple vista, la iniciativa parece razonable porque pretende prevenir que niños y adolescentes se levanten demasiado temprano. Sus proponentes argumentan que los horarios vigentes afectan la salud física, el bienestar emocional y el desempeño académico. Al levantarse tan temprano, muchos alumnos no descansan lo suficiente y, como resultado, llegan a clase con somnolencia, distracción y dificultad para concentrarse.
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La propuesta también sugiere reorganizar la estructura de la jornada y establecer períodos de 45 minutos. Este aspecto requiere un debate amplio, ya que no se trata únicamente de un simple cambio de horario, sino de una modificación que afecta metodologías, secuencias didácticas y materias que requieren bloques más largos, como laboratorios, artes o educación física.
Aunque hay evidencia internacional que respalda el retraso en el inicio escolar, llevar esta idea a la realidad no es sencillo y, sin una buena planificación, puede terminar perjudicando a las familias y a los colegios.
rutas escolares Foto:Mauricio Moreno
Consideremos el caso de Bogotá, donde se calcula que existen alrededor de un millón y medio de estudiantes en colegios públicos y privados. La implementación pudiera tener un impacto notable. Para empezar, alteraría la rutina de muchas familias, puesto que padres y madres tendrían que modificar sus horarios laborales para llevar a sus hijos al colegio o para dejarlos puntualmente en la ruta. Estas rutas, a su vez, necesitarían reconfigurar trayectorias y frecuencias, con el riesgo de mayor congestión vehicular, especialmente al finalizar la jornada, cuando se intersectan las salidas escolares con los horarios laborales.
No se trata solo de logística y movilidad. También implica reorganizar la gestión escolar: adaptar horarios del personal docente, reestructurar la malla curricular y ajustar la carga académica por áreas para alinearse con la nueva distribución de tiempos.
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A esto se añade el aspecto financiero para las entidades locales, principalmente en las instituciones públicas. Será indispensable volver a examinar colegios con jornada doble, ajustar sistemas de alimentación y refrigerios y, posiblemente, revisar y alternar los turnos del personal. Son modificaciones que demandan fondos, cronogramas de transición y directrices precisas.
Sean bienvenidas las conversaciones que busquen potenciar la calidad educativa y el bienestar de los alumnos. No obstante, también es necesario tener en cuenta la realidad, ya que existen prioridades urgentes como la infraestructura, jornada única, transporte escolar, seguridad en los espacios educativos y salud mental. En cualquier caso, lo práctico es que la ley otorgue flexibilidad a las secretarías de educación y a las instituciones para decidir si implementan la medida, de qué forma y cuándo, de acuerdo a su capacidad y contexto. Porque, en el ámbito educativo, no todo lo que parece razonable en teoría es fácil de llevar a cabo en la práctica.
ÓMAR ORÓSTEGUI
Director Govlab
universidad de la sabana
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