Colombia
Infierno en la 100 con Suba

Debo anunciar que soy vecino de la obra de la troncal de TransMilenio de avenida la 68 con calle 100. Ese cruce que se ha convertido en un infierno. Corresponde al tramo 8, a cargo de Conconcreto. Allí está contemplado un puente vehicular –ya concluido– y un paso deprimido, lo que sin duda mejorará la movilidad en ese corredor.
Por tratarse de un punto de conexión de importantes vías, entre ellas la misma Suba, la 100, la NQS y la autopista Norte, e, incluso, la calle 80, su culminación y puesta al servicio de los ciudadanos resulta vital. Hablamos de un proyecto que incluye estación de TransMilenio, parqueadero de bicicletas, ciclorrutas, etc.
Dicho contrato se suscribió en 2020 y estaba prevista la entrega en 2025. Pero hace poco se informó que la troncal estará lista en 2031. Todo parece indicar que primero tendremos metro y después troncal.
Este tramo, el de la 100 con Suba, presenta retrasos. Según el IDU, a mediados de año, el avance era de menos del 60 por ciento, y aunque ya el puente funciona, el deprimido sigue siendo un dolor de cabeza por la complejidad de los trabajos y lo crítico que resulta intervenir este punto, dada la densidad del tráfico.
Uno entiende todas las razones técnicas. Y uno tiene paciencia porque sabe que si queremos disfrutar de una mejor ciudad, pues hay que incomodarse, soportar trancones, ruido, polvo, contaminación, obreros en la vía, maletines anaranjados por todo lado, peatones que se cruzan con motociclistas, ciclistas que se enfrentan a los carros, carros que compiten con autobuses y autobuses que se disputan el espacio con los camiones. Y todo al mismo tiempo.
En medio de la estrechez de las vías, confluyen camiones, tractomulas, volquetas, autobuses, taxis, motos, carros; son pocos los desvíos que pueden tomar
los conductores para no caer en esta pesadilla
A diario tengo que recorrer la vía. Por tanto, vio la evolución de las cosas. Digamos que siempre he defendido que el manejo del tráfico ha sido, si no óptimo, por lo menos apropiado. Hay trancones, pero los carros fluyen. Sin embargo, desde hace unas semanas, este cruce es un calvario. El infierno de la calle 100 con avenida Suba.
Cruce de la avenida Suba con calle 100 Foto:mapas de google
Para empezar, no existe señalización adecuada. No hay una valla que advierta desde la 127 que el paso se ha restringido a un solo carril, tanto en la Suba como en la calle 100, en sentido occidente-oriente. Por lo tanto, la vía se transforma en un embudo que termina por afectar la 116 y la misma 127. El caos generalizado que se arma por estos días ha convertido los andenes en autopistas para los motociclistas atrabiliarios que circulan por ellos sin importar que por ahí caminen los estudiantes o el vecino con su mascota.
Para colmo de machos, no hay un manejo adecuado del tráfico. En medio de la estrechez, confluyen camiones, tractomulas, volquetas, taxis, motos, carros; son pocos los desvíos que pueden tomar los conductores para no caer en esta pesadilla.
Lo peor de todo es que no se advierte ninguna autoridad, no siete policías, pero sí operadores de la obra que hacen las veces de agentes de tránsito. Muy comedidos, claro, pero poco eficientes. El viernes no servían los semáforos, para rematar.
Si no estoy mal, este tramo va hasta la carrera 9.ª, donde también se ven pocos avances. O al menos esa es mi percepción como ciudadano.
Los señores de Conconcreto no son unos aparecidos. En declaraciones a EL TIEMPO, su presidente, Nicolás Jaramillo, dijo que el 70 por ciento de sus proyectos estaban en la capital. Entonces conoce muy bien cómo son las cosas en esta ciudad de ocho millones de habitantes. Y sobre este tramo en particular, sin duda uno de los más complejos, tuvieron que firmar una nueva adenda en lo relativo al manejo de tráfico.
No sé qué significa eso, pero intuyo que es para mejorar el flujo vehicular. Sin embargo, a juzgar por lo que viene sucediendo, las cosas empeoraron. El tráfico no avanza, el tiempo que tardan los conductores en desplazarse se duplica, las calles de los barrios aledaños no resisten más carros y la confluencia de tantos automotores al mismo tiempo dificulta las cosas.
Los bogotanos pagamos esta y todas las obras de la ciudad. Pero aportamos algo más: paciencia. ¿No será posible que nos retribuyan algo a cambio? Qué tal, por ejemplo, una mejor disposición del tráfico para ver si al menos por ahí hay avances.
ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor general de EL TIEMPO
@ernestocortes28
erncor@eltiempo.com







