Colombia
La historia del niño de 10 años que murió por un cable energizado en Maicao y ahora es una demanda de más de $2.200 millones contra Air-e y el Estado

La lluvia caía con furia sobre Maicao aquella tarde del 21 de octubre de 2023. El cielo, desgarrado por relámpagos, parecía ser una premonición de una desgracia que nadie alcanzó a imaginar. En el barrio El Bosque, la escorrentía golpeaba los andenes arrastrando hojas y tierra, mientras los niños jugaban bajo el aguacero. Entre ellos estaba Amir Adrián Núñez Fernándezde apenas 10 años, que reía con la inocencia intacta, sin imaginar que a pocos metros un cable energizado, desprendido y chispeantese convertiría en la línea fatal que truncaría su vida.
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La mamá es manicurista y trabajaba ese día. El padre es paciente renal y ese día tenía una diálisis. Los niños tenían rato de no ver a la abuelita, querían ir a pasarse un rato allá. Esa secuencia de hechos la acompañaba un aguacero terrible, era un llanto corrido de las nubes que ese día tenían turno en el cielo de la península.
La brisa hacía lo suyo. La tormenta había oscurecido la tarde y el barrio parecía sumido en una penumbra líquida, en un diluvio. “El cable estaba botando chispas”, recuerda Adriana Fernández, la madre del niño, en conversación exclusiva con EL TIEMPO. “Cae cerca de la acera y la corriente jala al niño. Ella —su hermana— venía agarrada de la mano y por eso también resultó afectada”, nos contó.
A las 2:42 pm, según consta en la demanda a la que esta casa periodística tuvo acceso, un vecino había llamado al número de emergencias de la empresa Air-e para advertir que el cable estaba suelto y chispeando. “Para evitar una desgracia”dijo en esa llamada que duró cinco minutos. Pero la desgracia llegó. A las 4:30 pm, en medio del aguacero, Amir cayó fulminado por la descarga eléctrica. su hermanaKelen Elieth, intento salvarlo y terminó inconsciente sobre el pavimento mojado.
Le gustaba mucho reír, jugar y manejar ‘cicla’. Decía “te amo” a todos los que le alegraban. Foto:Suministrada por la familia
Mientras tanto, Adriana trabajaba en el centro de Maicao, ajena al drama que se desataba en la calle donde sus hijos jugaban. “Me llaman y me dicen que al niño le había pasado corriente, pero Yo no me imaginé que fuera algo tan grave.“, relata con la voz quebrada. Cuando se dirigió a la clínica, la lluvia seguía cayendo como si quisiera borrar las huellas del horror. “Pregunté por él y me dijeron que lo estaban reanimando. Después de 15 o 20 minutos, el médico me dice que no pude hacer nadaque él estaba muerto y había llegado sin signos”.
En el barrio, los mismos vecinos tuvieron que colocar una valla para anunciar el peligro mientras esperaban la llegada de la empresa de energía. “Ellos no vinieron sino hasta las 11 de la noche“, asegura la madre. “Recogieron el cable y se fueron”. La tormenta había cesado, pero El silencio que quedó después fue más pesado que el aguacero.
Del aguacero a los estrados
EL TIEMPO tuvo acceso en exclusiva a la demanda interpuesta por la familia de Amir Adrián Núñez Fernández, que hoy se abre paso en la jurisdicción contenciosa administrativa. El escrito, radicado el 31 de octubre de 2025, reclama una indemnización superior a $2.243 millones contra la Nación —en cabeza de la empresa Air-e SASESP—, la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, el Ministerio de Minas y Energía, el Departamento de La Guajira y la Alcaldía de Maicao.
El abogado de la familia, Pedro Olivares Torresfue consultado por esta casa editorial y nos contó todos los detalles del caso. La acción judicial, bajo el medio de control de reparación directaa, fue repartida el 4 de noviembre al Tribunal Contencioso Administrativo de La Guajira, donde quedó asignada al despacho de la magistrada María del Pilar Veloza Parra. Según el documento, la familia argumenta que la muerte del menor y las lesiones sufridas por su hermana Kelen Elieth se producen por una “falla en la prestación del servicio público de energía“y por la”omisión de los agentes del Estado en su deber de vigilancia y control”.
Cuando llueve en Maicao, cables y guayas “exponen peligros similares”, nos denuncian los habitantes. Foto:Alcaldía de Maicao
La demanda detallada que el 21 de octubre de 2023, a las 2:42 pm, un vecino reportó a la línea de atención de Air-e la presencia de un cable suelto en la calle 6 del barrio El Bosque, “para evitar una desgracia”. Sin embargo, la empresa solo intervino horas después, cuando la tragedia ya se había consumado. El escrito sostiene que la respuesta tardía y la falta de mantenimiento configuraron un daño antijurídico imputable al Estado.
En sus pretensiones, la familia solicita el reconocimiento de perjuicios moralesdaño a la vida de relación, lesiones personales y lucro cesante, este último calculado sobre la expectativas de vida del menor y el salario mínimo vigente en 2023. La cantidad estimada supera los $2.243 millones, cifra que incluye compensaciones para los padres, los hermanos y la niña que sobrevivióaunque con secuelas físicas y psicológicos.
Antes de llegar a los estratos, el caso pasó por una audiencia de conciliacion extrajudicial ante la Procuraduría 202 Judicial I, realizada el 27 de octubre de 2025. La diligencia fue declarada fallida por falta de ánimo conciliatorio de las entidades convocadas, lo que habilitó a la familia para presentar la demanda.
La vida después del aguacero
Desde aquella tarde, la vida de la familia Núñez Fernández se partió en dos. El duelo no terminó con el entierro ni con las lágrimas del novenario. Comenzó, más bien, una travesía silenciosa que se extiende hasta hoy, marcada por terapias, trámites y noches sin sueño.
Kelen Elieth, la hermana que intentó salvar a Amir, pasó varios días en la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica Maicao. “Cuando le quisieron dar la noticia, se le aceleró el ritmo cardíaco”cuenta Adriana, la madre, en exclusiva con EL TIEMPO. Desde entonces, la niña vive con secuelas físicas y psicológicas: desmayos repentinos, taquicardias, miedo a la oscuridad. “No me duerme con las luces apagadas, debe ser con las luces prendidas. Aún asiste a terapia psicológica y para dormir tuvo que medicarse”, relata.
El último cumpleaños que compartió la familia con Amir Adrián. Foto:Suministrada por la familia
Los hermanos mayores también cargan con el peso invisible de la pérdida. Uno de ellos, que cuidaba a Amir cuando la madre trabajaba, se convirtió en el guardián de recuerdos que duelen. “Era quien más compartía con él”, dice Adriana. Ambos han recibido ayuda psicológica, pero el vacío no se llena con sesiones ni con palabras.
El padre, paciente renal, se enfrenta a su propio laberinto: diálisis, trabaja como mototaxista cuando los riñones lo dejan y vive a la sombra de la tragedia. “Yo intenté recibir ayuda psicológica, pero no quise”, confiesa Adriana. “No me gusta estar contando esto a cada rato, hablando de mi niño (…) no me gusta”.Sin embargo, cada trámite judicial, cada llamada del abogado, cada documento que revive el 21 de octubre, es una herida que se abre.
“Ha sido bastante difícil”resume la madre. Dos años después, la familia sigue esperando respuestas mientras lidia con lo cotidiano: consultas médicas, terapias, gastos inesperados; el trajín clásico de una familia. El proceso judicial, que comenzó con una sugerencia en la funeraria, se convirtió en un camino largo y tedioso. “Siempre preguntaba al abogado cómo iban las cosas y me decían que estaban trabajando, recopilando pruebas”, recuerda. Hasta hace poco, llegó la noticia: la demanda estaba lista para interponerse.
lo que viene
El caso ahora está en manos del Tribunal Contencioso Administrativo de La Guajira, que deberá decidir si la Nación y las entidades demandadas son responsables por la muerte de Amir y las lesiones sufridas por su hermana. Tras la admisión de la demanda, se espera la etapa de contestación por parte de las entidades vinculadas, el decreto y práctica de pruebas, y eventualmente la audiencia inicial.
De acuerdo con los documentos a los que EL TIEMPO tuvo acceso, la familia reclama una indemnización superior a $2.243 millonesque incluye perjuicios morales, materiales y daños a la vida de relación. El proceso podría extenderse varios meses antes de que se dicte una sentencia de fondo.
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Por ahora, la historia que comenzó bajo una tormenta sigue abierta en los estratos. La pregunta que queda es si la justicia logrará responder a un drama que empezó con una llamada para “evitar una desgracia” y aún así terminó en una tragedia que aún pesa sobre Maicao, La Guajira y los Núñez Fernández.
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Camilo Álvarez Peñaloza, EL TIEMPO Barranquilla
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