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La guerra por el control de las rutas del oro y el narcotráfico en el sur de Bolívar cobró una nueva víctima. una vida que se apagó en medio del fragor de un combate entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Clan del Golfo.
El cuerpo de María Fernanda Novoa Hernández, una joven de 27 años oriunda de Lorica (Córdoba), fue identificado por peritos de Medicina Legal en Barrancabermeja, confirmando la brutalidad de un conflicto que no distingue entre combatientes y población ajena a las filas.
La muerte de Novoa Hernández se produjo el pasado viernes 5 de diciembre, pero la violencia imperante en la zona impidió su pronta identificación y trasladoun lúgubre indicador del riesgo que corren las comunidades rurales de esta región.
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La tragedia de una vida en fuego cruzado.
Serranía de San Lucas, Sur de Bolívar Foto:archivo
Según las primeras versiones recopiladas por las autoridades, María Fernanda Novoa Hernández quedó en la línea de fuego cuando las estructuras del Clan del Golfo y el ELN se enfrentaron por el dominio territorial en cercanías de Santa Rosa, un municipio históricamente golpeado por la violencia. La joven recibió múltiples impactos de bala y murió en el acto.
Junto a su cuerpo, fue encontrada otra víctima mortal, cuya identidad y relación con el combate aún está por establecerse, lo que agrava la incertidumbre sobre los móviles y la dinámica exacta de la confrontación.
El cuerpo de Novoa Hernández fue finalmente trasladado a Lorica, donde se le dio sepultura, mientras que la investigación por su homicidio sigue en curso para determinar las responsabilidades.
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Micoahumado: el Ejército entró en este pueblo en Bolívar donde el estado estaba vedado Foto:ejercito nacional
La trágica muerte de María Fernanda Novoa Hernández no es un evento aislado, sino el cruel reflejo de la histórica y reciente intensificación del conflicto en el sur de Bolívar, una región que se ha consolidado como un corredor estratégico para las economías ilegales.
Disputa territorial:
Esta vasta región, rica en oro que se explota con minería ilegal y con acceso a corredores fluviales y terrestres, es un campo de batalla permanente donde el ELN y el Clan del Golfo se disputan el control de las rutas del oro y el narcotráfico, principales fuentes de financiación y combustible de la guerra.
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Recrudecimiento del conflicto:
La situación se ha exacerbado recientemente con la incursión y el incremento de la presencia de la Fuerza Pública.
La lucha de las autoridades contra estos grupos ha provocado un recrudecimiento de los enfrentamientos en las áreas rurales, llevando a las comunidades a vivir en un estado de constante alerta y confinamiento.
En los últimos días, los pobladores han sido testigos del hallazgo de múltiples cuerpos, que las Las autoridades presumen corresponde a combatientes caídos en estos enfrentamientos.
La presencia de cadáveres de combatientes en las zonas aledañas a centros poblados es un indicador directo del alto nivel de hostilidades y del riesgo extremo que enfrentan los habitantes.
El sur de Bolívar, que por décadas ha padecido la sombra de distintos grupos armados, vive hoy una nueva espiral de violencia donde la población civil, como María Fernanda Novoa, se convierte en el daño colateral de una guerra despiadada por el control territorial y los réditos del narcotráfico entre el Eln, las disidencias de las Farc y el Clan del Golfo. Las autoridades tienen ahora la tarea de esclarecer las razones por las que esta joven, ajena a la región, se encontró en la zona del fuego cruzado. y, sobre todo, garantizar la protección de las comunidades que quedan a merced de la barbarie.
Las comunidades de esta región piden presencia del estado con programas de educación, emprendimiento y trabajo para mujeres y jóvenes, las principales víctimas de esta guerra, la cual la están ganando los violentos. El reclutamiento de menores a manos de estos grupos criminales es la otra tragedia silenciosa en el sur de Bolívar.
Además, te invitamos a ver nuestro documental:
Documental de la periodista Jineth Bedoya. Foto:
cartagena
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