Colombia
victima de hostigamiento en Cauca

El municipio de Buenos Aires, Cauca, fue escenario de ataques de las disidencias del frente ‘Jaime Martínez’ que se prolongaron por más de siete horas el martes. Los miembros de la Fuerza Pública que habían a disposición procuraron defender el territorio con los recursos que tenían a su alcance.
Un día después del hostigamiento de este grupo armado, los habitantes amanecieron entre las ruinas y la destrucción que dejó el fuego cruzado. La Alcaldía municipal, la Casa de Justicia y la estación de policía fueron los edificios más afectados, al igual que al menos diez viviendas, comercios y otras estructuras.
EL TIEMPO estuvo en el lugar de los hechos y habló con uno de los residentes. El hombre relató que los ataques comenzaron cerca de las 6 de la mañana, cuando se escuchó la detonación de una granada, seguida de otra explosión y varias ráfagas. Eso los llevó a buscar refugio: “Cogimos a los niños y nos fuimos acomodando en unas piezas seguras”, contó el habitante, quien vive con otros siete familiares bajo el mismo techo.
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Mientras continuaba el ensordecedor sonido de las balas y los artefactos explosivos, los familiares se asomaban por momentos para verificar si estaban en medio de la balacera.
“Vi uniformados en el parque; pensé que eran del Ejército. Conté más o menos unas 15 personas allí”, relató. “Me asomé y dije: ‘Papá, llegó el Ejército, llegó a ayudar’, pero cuando miré bien, vi que estaban atacando el banco”.
En efecto, la ayuda estaba lejos de llegar. Los refuerzos tardaron cinco horas, pese a que el municipio está ubicado a una hora y media de Cali, donde se encuentran la Tercera Brigada del Ejército y la base aérea Marco Fidel Suárez. Para entonces, el saldo incluía ocho policías heridos, dos de gravedad.
Dejó 8 policías heridos y decenas de viviendas, entidades públicas y comercio destruidas. Foto:JUAN PABLO RUEDA
El apoyo se retrasó debido a las condiciones meteorológicas que dificultaban el aterrizaje de aeronaves, según explicaron las autoridades. Las acciones registradas reabrieron cuestionamientos sobre las fallas en los sistemas de inteligencia del Estado, en un contexto en el que ‘Mordisco’ había advertido públicamente su intención. Ese anuncio, conocido por las autoridades, no se tradujo en medidas preventivas visibles.
El testigo contó que permanecieron ocultos por más de dos horas, hasta que su padre, en medio del estupor, reunió el valor para confrontar a los integrantes del grupo ilegal y pedirles que les permitieran salir, mientras las explosiones no cesaban. Los disidentes accedieron, pero con la condición de que se desplazaran por una orilla del pueblo.
“Nosotros nos fuimos hacia abajo, al cementerio. Entonces había más gente de ellos, como guiándonos”, relató. En ese momento, los disidentes pronunciaron unas palabras capaces de curar la sangre: “Salgan por aquí, porque este pueblo lo vamos a desaparecer”.
Él y su familia no tuvieron más opción que seguir el camino señalado por los criminales mientras iban apenas con lo que tenían puesto y sus pies descalzos. No había un destino puntual al que llegar, solo querían alejarse de la alcaldía.
“Hace muchos años no se veía algo así, no eran tantas explosiones ni tanta destrucción. No era tan feo como ahora. Este pueblito es relajado”, recordó este afectado al observar un escenario sin precedentes conocidos en Buenos Aires.
El municipio quedó sin energía después del hostigamiento. Pocas personas han salido a las calles por el temor que todavía queda, mientras que las autoridades competentes realizan explosiones controladas de los artefactos que quedaron en el centro poblado.
“Buenos Aires es un municipio pequeño y por eso el impacto fue enorme. Yo calculo que entre un 50 y un 60 por ciento de las viviendas resultaron afectadas. La Fuerza Pública estuvo expuesta, y eso es algo que como autoridades locales no entienden. No es justo que se permita una situación así”, señaló César Cerón, el alcalde de Suárez, Cauca, municipio vecino de Buenos Aires.
JUAN PABLO RUEDA – Enviado especial de EL TIEMPO
Con reportería de Paula Rozo.
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