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Como empresario severo que es, a Florentino le hacen desconfiar los jefes cuyos subordinados están contentos. Le parecen débiles. Eso le lleva incomodarse, criticar y al cabo sustituir a los entrenadores que se llevan bien con la plantilla, por grandes que sean sus logros, para buscar alguien más severo, ceñudo y pizarrista.
Pero resulta que los grandes éxitos los ha conseguido con entrenadores de los
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