Colombia
Columna de opinión de Ernesto Cortés Fierro: Voy y vuelvo

Es difícil hacer futurología en una sociedad tan cambiante como la nuestra. Depende mucho del ánimo con el que amanezcamos o con el que amanezca el gobernante de turno. Y aunque en Bogotá es fácil predecir muchas cosas, hay otras que hay que auscultar con detenimiento porque pueden cambiar el rumbo sin darnos cuenta.
Es predecible, por ejemplo, que varias obras verán la luz al final del túnel. Es predecible que si no pasa nada extraordinario, estaremos cada vez más cerca del arranque del metro.
También lo es que se mantendrá el foco en temas como seguridad y movilidad, que continuarán gravitando en el devenir de la ciudadanía. La ciudad debe, igualmente, prepararse para una de las tantas pruebas de fuego que le esperan: el nuevo modelo de aseo, que generará más de una controversia tanto por sus beneficios como por los retos que demanda y los millonarios intereses que se mueven a su alrededor. Y arrancará el tercer año de mandato del alcalde Carlos Fernando Galán, cuya imagen positiva oscila entre el 49 y 42 por ciento, según los más recientes sondeos de opinión.
Bogotá no escapa a las tensiones que se viven en el orden nacional. Por ello, hay que estar atentos a lo que, sin duda, marcará la agenda del nuevo año: la contienda electoral. Y esto significa que la capital, en su condición de principal electora, concentrará la atención de candidatos y precandidatos que se pasearán por ella en busca de votos.
Será, pues, un 2026 cargado de emociones. Ojalá sepamos leer el momento político
y diferenciarlo del momento de la ciudad para evitar que se destruya lo que funciona y se mienta sin mayores argumentos.
En ese orden, no es de extrañar que arrecien las críticas contra el gobierno, que se multipliquen las noticias falsas y que se armen retóricas apocalípticas en torno a los asuntos que preocupan a la ciudadanía –seguridad, movilidad, basuras–, muy rentables electoralmente para populismos y populistas. Los mismos que harán propuestas absurdas en torno a los moteros, los ambulantes, los emberás y hasta los colados de TransMilenio. Como van las cosas, en materia fiscal es probable que crezcan las tensiones entre el Gobierno Nacional y la Alcaldía sobre los recursos que el Ejecutivo está obligado a entregar al metro y al sistema masivo. Ya el Presidente ha vuelto a arreciar sus críticas por la forma en que se lleva a cabo el proyecto y el ahorro de tiempo que generaría el sistema.
Dependiendo de cómo se desarrollen las cosas entre Estados Unidos y Venezuela, y con el arranque del nuevo gobierno de Chile, no se descarta un incremento de la población migrante de ese país hacia el nuestro, lo que generaría una mayor tensión. Se estima que unos 600.000 venezolanos viven en Bogotá y que 300.000 podrían llegar adicionalmente si se da un conflicto a gran escala, cifra no oficial; Mientras que algunos indicadores señalan que si Chile soporta sus políticas, entre 70.000 y 200.000 venezolanos provenientes de ese país podrían llegar a Colombia y buscar refugio principalmente en Bogotá.
Otro tema que alcanzará la agenda local será la del gabinete del alcalde Galán. Es posible que se produzcan cambios en algunas secretarías, algo necesario para afrontar los dos últimos años de gobierno. Muchos funcionarios ya acusan el desgaste propio de sus despachos y la administración requiere de rostros que le den un nuevo aire al gobierno. Eso es sano, la gente necesita ver cambios.
Lamentablemente, las protestas, emparentadas con la campaña, seguirán siendo pan de cada día sin que se pueda hacer mucho.
No es de extrañar que el tono del Gobierno suba, pues también está en campaña, mientras que la Alcaldía tendrá que seguir maniobrando la situación sin dar ‘papaya’ a los aspirantes aliados con el Ejecutivo.
Se empezará a sentir otro pulso en torno a las zonas de frontera o protección ambiental en la región y el desarrollo de importantes proyectos como la autopista Norte continuarán en veremos mientras no haya voluntad del Ejecutivo para sacarlo adelante.
El optimismo seguirá marcado por la expectativa del metro y habrá satisfacción con la entrega de una veintena de obras locales.
Será pues un 2026 cargado de emociones. Ojalá sepamos leer el momento político y el momento de la ciudad para evitar que se destruya lo que funciona y se mienta sin mayores argumentos.
Desde este espacio, les deseo un feliz 2026 a los lectores que me han acompañado.
ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor General EL TIEMPO
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erncor@eltiempo.com







