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el río bogotá es una de las fuentes hídricas más importantes de la sabana y un eje vital para el equilibrio ambiental, social y económico de la región. A lo largo de su recorrido abastece ecosistemas, sostiene actividades agrícolas e industriales y conecta a millones de habitantes con su entorno natural. Además, influye en la regulación climática, el abastecimiento de agua y el ordenamiento territorial, lo que lo convierte en un recurso estratégico para las generaciones presentes y futuras.
Sin embargo, el río enfrenta graves problemas derivados de vertimientos domésticos e industriales, residuos sólidos y compuestos tóxicos que han deteriorado su calidad. Estas afectaciones comprometen la biodiversidad y ponen en riesgo a las comunidades que dependen de él, por lo que su recuperación resulta clave para garantizar el bienestar ambiental y social, fortalecer los ecosistemas y asegurar la seguridad hídrica de la región.
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En este contexto, los jóvenes cumplen un papel fundamental. Su participación activa no solo los prepara para liderar futuras transformaciones ambientales, sino que los convierte desde ahora en agentes de cambio. Por ello, los colegios desempeñan un papel decisivo al generar espacios donde los estudiantes se desarrollen. conciencia ambiental y comprenden su territorio desde la experiencia directa.
Sobre este enfoque, Hugo Cely, director del proyecto del Río Bogotá del Colegio Hacienda Los Alcaparrosafirmó que “el aprendizaje activo es una de las metodologías más efectivas para despertar conciencia ambiental en los estudiantes, porque se basa en aprender a partir de la experiencia. Cuando los jóvenes exploran el territorio, investigan y construyen sus propias preguntas, comprenden de manera directa el impacto que tienen en su entorno”.
Cuenca media del río Bogotá. Foto:Gobernación de Cundinamarca
Con ese propósito, el Colegio Hacienda Los Alcaparros creo el proyecto “Un viaje a través de la cuenca del río Bogotá”una iniciativa en la que los estudiantes monitorean de primera mano el estado del río mediante mediciones de calidad del agua, análisis de contaminación y seguimiento de los cambios en su cuenca. Los resultados han sido presentados en simposios, ferias científicas y eventos regionales, con el objetivo de sensibilizar a la ciudadanía y promover una educación ambiental efectiva.
En enero, el proyecto retomará su trabajo de campo con una salida clave: la visita a una planta de tratamiento de aguas residuales. Allí, los estudiantes observarán los procesos químicos y biológicos, comprenderán cómo se depuran las aguas domésticas e industriales y contrastarán estos datos con los obtenidos durante sus recorridos por la cuenca. Esta actividad marcará una nueva etapa del monitoreo, al conectar el estado del río con los sistemas que buscan su recuperación.
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A lo largo de los 380 kilómetros que recorren la cuenca alta, media y baja, los estudiantes analizan cómo cambia el río según el uso del agua, la presencia de actividades industriales, las condiciones climáticas y la interacción con las comunidades. En cada tramo realizado mediciones de parámetros fisicoquímicos del agua y del aire, visitan humedales y puntos críticos de contaminación y contrastan sus resultados con fenómenos como El Niño y La Niñalo que permite construir un panorama del impacto ambiental sobre más de 12 millones de habitantes que dependen del río.
Desde su creación en 2015, el proyecto ha integrado observaciones ambientales, sociales, económicas e históricas, consolidándose como uno de los ejercicios de monitoreo comunitario más completos desarrollados por una institución educativa. En diez años, 158 estudiantes han participado en los recorridos por la cuencarealizando entrevistas con habitantes y sectores productivos y registrando cómo sus actividades influyen en el deterioro o la recuperación del río. Gracias a este trabajo, el colegio cuenta hoy con una base de datos que permite evaluar su evolución a lo largo del tiempo.
Río Bogotá navegable. Foto:Néstor Gómez / EL TIEMPO
“Este proyecto nos permitió entender nuestra ciudad y su cuenca desde perspectivas que nunca habíamos considerado. Descubrimos cómo la calidad de vida o la percepción de felicidad se relacionan con parámetros ambientales como el aire y el agua. Analizar el entorno nos abrió una nueva forma de comprender el mundo”, aseguró Emilio Durán, Mateo Vélez, María José Cáceres y Antonio Henao, estudiantes del Colegio Hacienda Los Alcaparros.
Además del componente científico, el contacto directo con las comunidades que dependen del agua fortalece la dimensión humana del proyecto.
En las salidas más recientes, el proyecto inició su recorrido por la cuenca alta, comenzando en el nacimiento del río en la laguna de Guacheneque. Luego visitaron Villapinzondonde observaron el funcionamiento de cortinas y realizaron mediciones de calidad del agua y del aire. Posteriormente avanzaron hacia los humedales de la cuenca media —La Conejera, Córdoba y Santa María del Lago— para evaluar su estado, la interacción entre fauna y flora y las estrategias de conservación implementadas.
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El proyecto evidencia que la recuperación del río Bogotá no es solo responsabilidad de las autoridades, sino un compromiso colectivo que empieza por comprender lo que ocurre en su cauce. El trabajo de los estudiantes, los análisis que realizan y la información que comparten con la ciudadanía demuestran que la educación puede convertirse en una herramienta poderosa para transformar realidades ambientales.
MIGUEL CASTELLANOS
EN X: @LOQUEOLVIDO
EL TIEMPO
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