Colombia
La dramática historia de un profesor estadounidense que por buscar trabajo en las universidades de Santa Marta terminó como habitante de la calle en El Rodadero.

David Brian Reynold construyó su carrera en Estados Unidos entre aulas, laboratorios y proyectos de investigación. Era un profesional respetado en áreas de las ciencias naturales y biomédicas. Soltero y con ánimo de cambio, aceptó una invitación de amigos para trabajar en Colombia. El plan parecía una buena oportunidad: vincularse a una universidad, vivir cerca del mar y empezar de nuevo en el Caribe.
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Viajó convencido. Empacó y llegó a Santa Marta con expectativas altas. Pero el empleo prometido no se concretó. Las gestiones se dilataron, los contactos no cumplieron y la puerta nunca se abrió.
Su familia clama por ayuda institucional para repatriarlo y atender su salud mental. Foto:redes sociales
Mientras esperaba, su situación personal empezó a deteriorarse. Sin ingresos estables ni red de apoyo sólido, cayó en malas compañías y en consumos que, según testimonios, afectarán su salud mental y su economía.
Promesas incumplidas y caída personal
Durante los primeros meses, David no estuvo solo. Conoció por redes sociales a Julieth Cantillo, quien lo acogió y lo apoyó inicialmente. “Al principio todo iba bien”recuerda. “Él tenía amigos en Santa Marta que lo ayudarían a entrar a las universidades y no sé qué pasó. Empezó a gastar su dinero en drogas y alcohol y mire cómo ha terminado todo.”.
David Brian Reynold. Foto:redes sociales
Cantillo afirma que el consumo —principalmente de cocaína— transformó su comportamiento. “Se volvió grosero y, en momentos, violento. Por eso decidi alejarme”, señala.
Según su relato, David padece bipolaridad y otros trastornos mentales. Asegura que intenté ayudarle a regresar a su país, pero el plan se frustró tras un episodio de agresión en el aeropuerto de Barranquilla.
El deterioro se aceleró. En junio, el padre de David viajó a Colombia con la intención de llevárselo de regreso a Estados Unidos. No lo logró. “Él se niega a volver y permanecer en la calle”dice Cantillo.
Desde entonces, la familia y su expareja han acudido a Migración Colombia, la Policía Nacional y otras entidades. “Nos hemos cansado de tocar puertas y todas han sido cerradas”, resume ella.
El Rodadero, escenario de la pérdida
En los últimos días, David ha sido visto deambulando por El Rodadero. Luce irreconocible. Duerme en la calle, está desorientado y ha perdido la lucidez. No es agresivo, coinciden comerciantes y vecinos, pero su estado genera tristeza.
Llegó de Estados Unidos con la ilusión de dar clases y cayó en las drogas. Foto:redes sociales
Ángela Rivas, comerciante del sector, cuenta que ha conversado con él varias veces. “Una vez me mostró su Instagram y me di cuenta de que era profesional y muy estudiada. Por último, en Santa Marta el que llega de lejos y ve lo fácil que es conseguir drogas, le pasa eso. Es buena persona; cuando está drogado se desorienta, pero no se mete con nadie. Deberían ayudar, aún se puede rescatar”.
La gente le da comida y le habla. Todos notan lo mismo: atención necesita urgente y un puente institucional que permita su retorno y tratamiento.
Un antecedente que interpela
El caso recuerda al del profesor español Francisco José De la Hoz Rodríguez, académico con doctorados que llegó en 2018 a dar clases en la Universidad del Magdalena.
Tras problemas que tuvo de contratación y un brote psicótico en 2020, cayó en situación de calle. En 2025 reapareció denunciando señalamientos injustos en su contra y falta de apoyo. Con ayuda de amigos y decisiones judiciales, logró estabilizarse, salir de la calle y obtener retractaciones públicas de quienes le lanzaron falsas acusaciones. hoy realiza trabajos académicos y apoya a su comunidad.
El profesor Francisco de la Hoz llegó de España y también quedó en las calles de Santa Marta. Foto:redes sociales
La comparación no busca igualar historias, sino pone en evidencia un patrón similar: extranjeros que llegaron con expectativas académicas y terminaron viviendo en la calle.
En el caso de David Brian Reynold, no hay una ruta clara. La familia pide coordinación entre migración, salud y autoridades locales para una intervención integral: valoración psiquiátrica, protección y repatriación asistida. El tiempo corre en su contra. Cada noche en la calle agrava su condición y aleja la posibilidad de recuperación.
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Santa Marta lo ve pasar. La historia está a la vista. Falla la decisión.
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