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Hay decisiones que duelen no por lo que cambian, sino por lo que confirman. El despido de Xabi Alonso es una de ellas. No es solo la salida de un entrenador; es la prueba de que algo no funciona en un club que lleva demasiado tiempo sobreviviendo más por inercia (y la calidad de sus estrellas) que por convicción.
Xabi llegó para cambiar cosas. Para poner orden, exigir más y tocar teclas que llevaban años
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