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En el fútbol ya se sabe que ganar no es suficiente, hay que ganar siempre. Y ya que lo primero que hay en juego es la Superliga, el duelo de campeones de 2025, pues tanto Junior como Santa Fe saben que hay que ganarla. Este jueves midieron sus fuerzas, lo que alcanzaron a trabajar en la pretemporada, en el partido de ida. Llegaron muy parecidos, aunque el empate 1-1 en Barranquilla le arde a los locales. Quizá el otro miércoles en el juego de vuelta ambos lleguen más afinados.
Junior arrancó el partido como si no hubiera mañana, lanzó sus laterales, sus extremos, quiso nublar a Santa Fe, hacerle sentir su condición de visita, pero sin descuidarse, porque los cardenales, ahora dirigidos por Pablo Repetto, no iban a Barranquilla a sufrir. Los dos querían mostrar su cara de campeones.
Junior vs. Santa Fe. Foto:Oscar Berrocal. Agencia kronos
El partido en el Metropolitano fue un choque de fuerzas con distintas intenciones: un Santa Fe que como visitante fue ordenado y contragolpeador, y un Junior que como local fue agresivo pero sin chispa en el tramo final. Si Chará amagaba, Daniel Torres adivinaba. Si Sarmiento organizaba una idea, Yilmar Velásquez la destrozaba. Si Paiva asomaba en el área, una jauría de leones lo rodeaban.
Así era el partido. Tuvo que saltar Castrillón y decir presente para lanzar un ataque por sorpresa para el Junior, entró en el área, libre, le tiró la pelota por entre las piernas al arquero Mosquera Marmolejo y si no fue gol tuvo que ser por que los cardenales rezaron muy fuerte. Se lo perdió Junior.
Pero algún cortocircuito quedó en la defensa cardenal, que hasta ese momento lucía tan bien. Junior lanzó otro ataque demoledor y los defensores seguían aturdidos. Paiva terminó la jugada con un cabezazo que pasó muy cerca del arco. Santa Fe ya agradecía dos milagros.
Antes del descanso, Hugo Rodallega anotó un gol, pero en fuera de juego. Lo que no sabían en Junior es que ese fue el ensayo del goleador. En el siguiente ataque, Hugo aprovechó el despiste de Jhomier Guerrero, que mandó un pase atrás, quien sabe a dónde o a quién, sin percatarse de que el temible Rodallega iba a interceptar la pelota para encarar, solo con el viento de frente y el portero Silveira, lo vio, pensó, calculó y pateó al palo más lejano para celebrar el 0-1 que dejó helado el Metropolitano.
Junior vs. Santa Fe. Foto:Óscar Berrocal / Agrencia Kronos
Llegó el segundo tiempo. El partido ya era otro, ya la necesidad era del local, tenía que salir a remontar, o al menos a empatar. Para eso entraron Kevin Pérez y Teo Gutiérez, a ver si eran los salvadores. Junior tuvo un segundo aire, arrinconó a Santa Fe, pero que no se crea que el león era un timorato, para nada, se defendió con colmillos afilados, si tenía que dar el paso atrás no se puso rojo para hacerlo, el león sabía que en una transición podía herir otra vez al Tiburón. ¿O no?
Pues apareció Teo y dañó los planes cardenales. Teo merodeaba en el área, vio como Canchimbo desbordaba por la banda, le pegó el grito, sabía que en el arco ya no estaba Marmolejo, que se fue lesionado, así que esperó el centro y cuando vio venir la pelota limpia hacia sus pies, sacó su riflazo de primera para poner el 1-1 en 73 minutos. El Metropolitano volvió a sentir, a vibrar, a creer.
Junior hizo el último esfuerzo, intentó todo lo que pudo, tanto que Teo pasó de héroe a villano: simuló una falta y se fue expulsado. La resistencia de los leones fue tan vehemente que se marcharon de Barranquilla con ese punto tan valioso para hacerlo valer en Bogotá.
PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
@PabloRomeroET
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