Colombia
Los comerciantes no tan vulnerables que se aprovechan del espacio público de Bogotá
Si bien la Corte Constitucional reconoce a los vendedores ambulantes una protección especial debido a su situación de vulnerabilidad, estamos presenciando que personas que no son de escasos recursos y que, por el contrario, cuentan con un importante respaldo financiero, están invadiendo con cocinas y tráileres el espacio público de Bogotá. para vender todo tipo de comidas.
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El ejemplo más reciente es el que estamos observando en la esquina de la carrera 13 con calle 45, donde se han instalado los ‘Tacos de la 45’que ya cuenta con dos cocinas con igual número de pipas de gas que se observan a simple vista. Se instalan a las 11:30 de la mañana y atienden, incluso, hasta las 2:00 de la madrugada los fines de semana.
En este lugar se pude presenciar al medio día una enorme aglomeración de estudiantes de las universidades cercanas, especialmente, que con 5.000 pesos pueden consumir uno de los tacos que se ofrecen allí. Igualmente, al caer la tarde y en horas de noche también se aglomeran muchas personas en ese anden de la 45.
Puesto de comida callejera en Bogotá Foto:archivo particular
Sin embargo, este emprendimiento es de unas personas de nacionalidad mexicana que hacen una amplia difusión de su negocio callejero en redes sociales como Tiktok. y que ya están anunciando la apertura de nuevos puntos de venta en el espacio público de la ciudad.
“Estas personas que ponen este tipo de negocios, en los que hay que invertir mucho dinero, obviamente no son vendedores ambulantes vulnerables y están invadiendo y usufructuando de manera ilegal el espacio público de Bogotá. Incluso, desarrolla cadenas o franquicias en diferentes puntos de la ciudad cada una de las cuales pueden llegar a costar hasta 19 millones de pesos.”, advierte la directora de la Defensoría del Espacio Público de Bogotá, Lucía Bastidas.
Puesto de comida callejera en Bogotá Foto:archivo particular
Según la funcionaria, estos ‘empresarios’ tienen el músculo financiero para abrir locales y vender allí de manera legal sus productos sin invadir andenes, esquinas o parques de la ciudad.
De hecho, la proliferación de este tipo de negocios ha disparado la comercialización de trailers y remolques para la venta de todo tipo de alimentos, cuyo costo puede ascender hasta los 7 millones de pesos. Se fabrican dependiendo de la clase de alimentos que el cliente quiera ofrecer en el espacio público, incluyendo pizzas, creppes y tacos, entre otras novedades más allá de los tradicionales perros calientes y hamburguesas.
Puestos de comida callejera usando pipetas de gas para cocinar en el espacio público Foto:César Melgarejo / EL TIEMPO
Otros empresarios han desarrollado marcas y franquicias de hamburguesas, especialmente, en el espacio público en donde adquirir una de ellas puede costar hasta 14 millones de pesos. En este historial se destacan Cocheros, por ejemplo. También en el pasado se identificaron otras marcas que operaban de iguak forma como Rancheritos, Paisa Wings, La Burrada, Real Burguer, Jacs, Burger Street, Asian Food, y Golden Burguer Grill, entre otras.
Quala y Nutresa
Otro caso que llama poderosamente la atención es el modelo mediante el cual vendedores informales de productos de Quala (Bonice, Vive 100 y Popetas) y de Nutresa (Crem Helado)en su mayoría adultos mayores, venden sus productos en el espacio público de la ciudad.
Se ha denunciado en varias oportunidades la manera irregular como subcontratan a sus distribuidores y vendedores de calle, quienes no cuentan con contratos laborales ni con seguridad social, pese a que laboran a cielo abierto en las vías, andenes y parques de Bogotá en su mayoría personas de la tercera edad.
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La denuncia por explotación laboral más reciente y muy mediática en contra de Quala la llevó a cabo hace algunos meses. ante el Ministerio de Trabajo, la Red de Veedurías Ciudadanas por el presunto maltrato laboral de más de 6.000 personas que venden productos de esta compañía en el espacio público.
Pablo Bustos, director de la Red, informó que el Ministerio se comprometió a hacer una investigación a fondo al respecto, como lo anunció en su momento la ex ministra de Trabajo, Gloria Inés Ramírez. De hecho, programó reuniones con los vendedores de Quala en donde escucharon sus quejas y reclamos. No obstante, según Burgos, hasta el momento no se conoce el resultado de dicha investigación.
Pipetas de gas en el espacio público. Foto:Nicolás Díaz / EL TIEMPO
En conversación telefónica con un distribuidor de Bonice, este nos confirma que no existen contratos laborales con los vendedores. Que se trata simplemente de una operación de compra y venta de productos donde el vendedor podría alcanzar una ganancia diaria de 20.000 pesos. “Nosotros ponemos los carritos, les vendemos a ellos los productos y luego los comercializan por diferentes sectores de la ciudad”, explicó el distribuidor que tiene a carga una de las zonas de Bogotá.
CARLOS FERNANDO GAITÁN
Especial para EL TIEMPO
