Colombia
Voy y vuelvo | ¡Cuiden a los estudiantes!
Estoy seguro de que si hago un sonido para que estudiantes de colegios y universidades me cuenten si han sido víctimas de delincuentes y atracadores en los alrededores de sus centros educativos, mi correo colapsará.
Si así, no más, me llegan historias o me cuentan casos en los que los jóvenes son abordados por organizaciones criminales que tienen su modus operandi para atraer a los muchachosno quiero imaginar cómo sería si ellos tuvieran una línea directa con las autoridades para denunciar lo que les pasa.
LEA TAMBIÉN
Es bien sabido que adolescentes y jóvenes suelen ser las principales víctimas de los atracadores, porque suelen ir más distraídos, conectados a sus auriculares sin percatarse del sujeto que los ronda, confiados en sacar el celular en la calle o sin reparar en el contorno del computador dentro de sus morrales. En todo eso se fijan los hampones cuando se deciden a asaltarlos.
Pero es el miedo y la intimidación el arma más poderosa que emplea un atracador frente a un joven oa una joven indefensos.
Policía Metropolitana de Bogotá. Foto:Secretaría de Seguridad de Bogotá
Vean esta historia que me contaron. En los alrededores de la Universidad Javerianahay una nueva modalidad de atraco. Después de las 6 de la tarde, cuando los muchachos toman la calle 45 –hoy en obra–, entre la 7.ª y la Caracas, para coger el TransMileniosuelen aparecer sujetos que los abordan y les preguntan por un supuesto gasto de drogas. O por personas que venden marihuana. La víctima, confundida, insiste en que no. Pero el hampón se inventa teorías como que un pariente fue víctima de una droga que le hizo daño y quiere dar con los responsables. El muchacho, más confundido aún, y ya asustado porque el ladrón empieza a subir la voz, le reitera que el asunto no es con él, que está confundido. Y ahí viene la trampa.
Con la presa llena de pánico, el atracador aprovecha para pedirle que le deje ver su lista de contactos en el celular a ver si es cierto que no tiene allí el número del supuesto expendedor de drogas. La víctima, muerta de miedo, accede y ahí se presenta el robo. Cuando no es un asaltante, son dos y tienen una narrativa muy bien montada.
LEA TAMBIÉN

En la calle 19en el centro, ocurre lo mismo. los jóvenes de Los Andes suelen ser seguidos durante cuadras enteras hasta que el ladrón ve la oportunidad de abordarlos, con un machete o una navaja, para despojarlos de su celular, auriculares o el computador. Y el delincuente se pierde entre el tumulto de gente.
La historia se repite en los alrededores de los colegios también. Y muy cerca de los centros comerciales, que suelen ser visitados por combos de muchachos que se dan cita para ‘parchar’ a cualquier hora.
Alcalde Carlos Fernando Galán (I.), Secretario César Restrepo (C.) y General Giovanni Cristancho. Foto:CEET
No estaría de más que las autoridades tomaran cartas en el asunto. El problema claramente no es de las universidades ni de los colegios. Es de la Policía y los organismos de seguridad que deben velar por la seguridad y bienestar de los jóvenes. Hay bandas estructuradas especialmente para atacar a este tipo de víctimas por su vulnerabilidad. El espacio público, el transporte, los entornos escolares y universitarios, y aún los de la rumba, tienen que ser seguros para ellos. Tragedias se han visto de muchachos que terminan heridos o muertos tras un violento atraco solo por robarle un celular o una gorra.
Y también es un tema de justicia. Muchas veces, las autoridades actúan y capturan a los delincuentes, pero los jueces terminan dejándolos en libertad con el argumento de que no presentan antecedentes, o que la cantidad de lo robado, un celular, no da para detención.
Se entiende la indignación del alcalde galán Esta semana, cuando un juez dejó libres a varios fleteros que fueron capturados en flagrancia y grabados en videos cuando cometían un asalto. Y horas después, ya estaban en la calle.
LEA TAMBIÉN

No se trata de pelear con los jueces, pero sí con quienes hacen las leyes para que modifiquen la norma y que los hampones queden a buen resguardo. De lo contrario, no habrá razón para exigirle a la Policía seguridad si los jueces no brindan justicia.
Por lo pronto, no está de más insistir en el mensaje de la autoprotección: de no exponerse ante los delincuentes, de tomar medidas de precaución, de andar acompañado. Finalmente, la típica no dar ‘papaya’.
ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor General de EL TIEMPO
X: @ernestocortes28
erncor@eltiempo.com
