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este es el relato íntimo que hay detrás de la fiesta que protagoniza la Reina del Carnaval de Barranquilla 2026

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este es el relato íntimo que hay detrás de la fiesta que protagoniza la Reina del Carnaval de Barranquilla 2026


Ella cuenta que la gente “la quiere full”, por eso le cuesta decir que no a las fotos, los saludos y los abrazos.

Foto:cortesia

No se confundan: Michelle Char Fernández no está cansada, está enferma. Aunque nos confiesa que sí está cansada de estar enferma. Lleva tres meses así y lo dice sin dramatismo: “Se va a acabar mi Carnaval y voy a seguir enferma”. La frase no es una queja, sino la constatación de que el cuerpo no siempre va al ritmo de la fiesta. Pero no le importa.

Y así vive su reinado. No desde la corona ni desde la tarima, sino desde el cuerpo que se levanta, en el mejor de los casos, todos los días antes de las 7 de la mañana; levantarse después de esa hora, ya es tardísimo. Duerme cuatro o cinco horas, a veces viene mal, almuerza en una furgoneta, a veces no desayuna y aprendió que la nutrición de la reina “se vuelve un desastre” cuando el Carnaval entra en su recta final.

La imagen romántica se cae rápido. Mucho del carnaval de Michelle no se vive desde el glamour, sino desde el desgaste. Desde agendas que nunca se cumplen, desde trayectos que se alargan, desde ensayos que se hacen cuando ya se suponía que debía estar descansando. Al principio, intenté controlar el tiempo: de tal hora a tal horaun evento y luego otro, pero se estresaba y se frustraba. Después entendió que el reloj no manda en el Carnaval y hoy ya ni lee la agenda. Deja fluir, el cuerpo se acostumbró. Y eso es lo único que le importa.

El debate entre la gente y el tiempo

La gente, mientras tanto, no descansa. Ella siente que la gente “la quiere llena”. La rodea. La llama. Le piden fotos. La abraza. La jala. La grita. “Miche, una foto”. “Miche, hola”. Todo el día. A toda hora. Michelle estaba preparada para eso, dice. Sabía que vendría una horda, pero también dice que ni con el mejor de los videntes iba a poder vaticinar la intensidad de todo este cariño.

dCortesía

Michelle se levanta todos los días cerca de las 5 de la mañana hace más de 6 meses.

Foto:cortesia

Ese amor desbordado la ha metido en un compromiso emocional con su gente y la hace querer dar 10.000 fotos, 20.000 saludos y 30.000 abrazos porque ella, la reina número 90, “no sabe decir que no”. Ella siente que no puede pasar de largo frente a un niño emocionado oa una señora que la espera desde hace horas. ¿Qué importa si ya van tarde? Ella quiere que sepa quién es su reina.

Ahí aparece el conflicto real del reinado: el tiempo. Nos ejemplifica con el caso de las reinas barriales: Sobre el papel, Michelle no va a los barrios a visitar, sino que va a coronar. Y detrás de cada barrio hay otros diez esperando. Si se retrasa, el evento sigue sin ella. Si se queda más de la cuenta, no llega al siguiente. Entonces ocurre lo inevitable: la gente reclama que “duró muy poquito”. Y ella entiende la molestia, pero también sabe que el Carnaval exige multiplicarse. y estar en toda Barranquilla sin clonarse, aunque ganas no le faltan.

A veces el descontrol la desequilibrada. Personas borrachas. Manos sin tacto. Empujones que, aunque no siempre son malintencionados, le genera “estrés cule”. Ella se ríe y trata de no construir un discurso de víctima, sino que nos detalla cómo asume la complejidad de su rol, entendiendo que El amor y el caos vienen juntos, que no se pueden separar.

En medio de todo, busca escapar. No en el silencio, sino en las redes. Ve Instagram y TikTok, pero no para mirarse. No para buscarse. No para medir aplausos. Se mete a reírse, a distraer la cabeza, a ver cualquier cosa que no sea Carnaval. A veces se le olvida que es la reina. Está en la camioneta, echando cuentos con el equipo, viendo videos sin importancia. Esos minutos son un refugio y la forma que encontró de seguir siendo Michelle.

Dentro de todas las exigencias de su reinado, ella se esfuerza por no dejar de ser persona. Michelle nos habla con claridad cuando se trata de lo que más le molesta. No son las fotos. No es el cansancio. Es la exigencia de sonreír siempre y el juicio inmediato cuando no lo hace: “¿Ay ajá, no querías ser reina?”le dicen. Y esa frase la enfurece. Le provoca, dice con jocosidad, pegarle un puño a alguien y tirar un grito al cielo.

Argumenta que una cosa no tiene que ver con la otra. Porque querer ser reina no implica estar sonriendo veinticuatro horas: la sonrisa se cansa, se le congela y le deja un dolor en la mandíbula que dura más de lo que ella iba a durar sin estar mostrándose alegre.

El acelerador y la pequeña melancolía.

Michelle sabe que ocupa un lugar con peso histórico: es la reina número 90 del Carnaval de Barranquillauna figura que, aunque se renueva cada año, carga con cerca de un siglo de simbolismo. En su caso, además, la expectativa fue inmediata: desde el día de su designación, la ciudad la miró no solo como soberana, sino como un rostro capaz de conectarse con nuevas generacionescon las raíces afro del Carnaval y con una forma más transparente de mostrar la fiesta en tiempos de redes sociales.

Michelle Char Fernández, reina Carnaval de Barranquilla 2026.

Michelle Char Fernández, reina Carnaval de Barranquilla 2026.

Foto:Carnaval de Barranquilla.

Pero el carnaval no da espera. Durante semanas Michelle no pensó en el final. El Miércoles de Ceniza era una idea lejana. Todo parecía infinito. Pero después del Bando algo cambió. El Carnaval entró en modo acelerador. Las coronaciones populares. La Guacherna. La agenda comprimida. Y entonces apareció una pequeña melancolía, con la primera sensación de que esto se acaba. Intenta no pensarlo. Vive el día a día. Espera eventos concretos. Pero ya es consciente de que se acerca el momento.

Su mayor estrés en estos momentos es la coronación. Lo “dio todo en el Bando”, explica, y siente que todavía le falta. Que aún no termina de entregarse del todo. Que no está completo. Esa ansiedad no es miedo al escenario, sino a no cerrar el capítulo como quiere, a brincar con creces sobre la vara que ella misma se puso.

En ese cuerpo también habita la red de apoyo. Sus amigas. Sus primas. Un grupo cercano, de años, que entendió la dimensión del momento. Algunas renunciaon a sus trabajos o pidieron pausas no remuneradas. “¿Cuándo vamos a volver a vivir esto contigo?”, le dijeron. Ellas lo disfrutan más que ella, reconoce Michelle, dado que no cargan la responsabilidad. Están para gozar. Para acompañar. Para sostenerla cuando la presión de esta hermosa locura la excede.

Cuando piensa en los cuatro días grandes —de sábado a martes— todavía no logra asumirlos como propios. Le parece inmenso que Barranquilla, simbólicamente, sea suya por ese tiempo. Sabe que la Batalla de Flores será una locura. Que será el único momento donde todos la miren a ella. Donde ya esté coronada de verdad. Donde el peso del símbolo cultural más exponencial de nuestro Caribe caiga completo sobre su cuerpo.

Y aun así, siente que le falta algo. Que todavía no ha terminado. Que necesita llegar a la lista de Miércoles de Ceniza para soltar. Para cerrar bien. Para decir gracias. No para irse, sino para entregarse con dignidad y aceptar que el capítulo termina aunque en el momento se esté muriendo.

Lo que se llevará Michelle del Carnaval de Barranquilla

Cuando se le pide que destaque algo de su reinadono habla de tarimas ni de vestuarios, habla de viajes. De Palenque. De Mahates. De Hijo de Negro. De los que hizo Bolívar. De haber conocido la raíz y haber llegado a lugares donde la gente la veía como su mayor felicidad y darse cuenta que, de su reinado, eso es lo que se llevará toda la vida.

Michelle Char Fernández, reina Carnaval de Barranquilla 2026.

Cuando piensa en los cuatro días grandes —de sábado a martes— todavía no logra asumirlos como propios

Foto:Carnaval de Barranquilla.

Ese aprendizaje influyó en todo. En el bando. En la Guacherna. En los homenajes que decidieron hacer. Nada fue porque sí. Nada fue solo para la foto. Fue, como ella misma dice entre risas, “un estudio de mercado”pero no para vender una marca, sino para entender lo que estaba representando.

Michelle nos contó cómo todavía no dimensiona su impacto. El equipo se lo reitera; Sin embargo, ella lo olvida. No solo por ser reina, sino por la época, por las redes, por la posibilidad de mostrarse sin filtro, de enseñar el backstage, el caos, los gritos, el corre-corre y, sin pena, su vulnerabilidad. Decidió ser transparente porque notó que es más valioso que esto no sea pulcro ni perfecto, sino que sea real.

Quizás por eso su forma de entender el reinado nunca fue tan protocolaria. Michelle estudió Diseño de Interiores y de Producto en Milán y regresó a Barranquilla con una mirada que le permitió pensar el Carnaval como una experiencia completa: lo que se ve, lo que se siente, lo que se recuerda. De ahí su obsesión por entender antes de representar, por ir a Palenque antes de homenajearlo, por pisar el territorio antes de llevar a escena. No se trataba de posar como reina, sino de saber qué estaba defendiendo.

Ahí nos reiteramos su mantra: quería que conocieran a Michelle, no a la reina; porque la reina pasa, pero Michelle no.

Camilo Álvarez Peñaloza, periodista EL TIEMPO Barranquilla

@camiloa.ap_20

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