Entretenimiento
terror con mejores intenciones que resultados
Aunque el cine de terror viene fuerte en el arranque de 2026 también hay que decir que no está teniendo la repercusión esperada en salas comerciales: películas como 28 años después: El templo de los huesos, Return to Silent Hill:, Send Help o Primate no han conseguido obrar la magia de obtener el favor del público y se han desplomado muy rápido en taquilla.
Ahora le toca salir a la palestra a Jacob Santana, que convenció con su debut en Reversión y, ahora sí, abraza el terror de manera decidida con El vestido de la mano, de Frank Ariza, que se desempeña como codirector.
¿Qué tal les ha salido la jugada? Regular, la verdad. No es que no tengan el talento necesario para crear tensión, porque lo cierto es que la película entra a saco en el género desde el primer minuto exponiendo ya la amenaza, sino que la película está repleta de lugares comunes… ¡del cine anglosajón! De manera tal que parece tener una crisis de identidad de base que desconcierta.
Probablemente es una cuestión de querer enfocarse en el mercado internacional, pero estéticamente chirría de forma constante con decisiones que, tanto en las localizaciones como en la puesta en escena, le restan credibilidad y le confieren un aire artificioso que no le sienta bien. Demasiado forzado.
El siguiente pecado proviene del guión, y no es el último. La historia es muy tramposa. De alguna manera es como si los aciertos y errores de Reversión se amplificaran. Aquella nos “engañaba bien” de forma que era difícil predecir el giro final; en este caso, juega al despiste para llegar a una resolución algo insólita que subvierte las expectativas del espectador, pero haciendo que se sienta decepcionado.
Por lo demás sí es cierto que se manejan bien los tiempos para generar inquietud y mal rollo. Es una pena que la historia esté tan mal resuelta, con el recurso fácil de un flashback ambientado de aquella manera y un mensaje contradictorio que a los espectadores les costará asumir.
Érase una vez una mudanza que salió mal
El punto de partida de El vestido es un tópico de manual: Alicia y su hija Carla se mudan a una vieja casa tratando de rehacer sus vidas tras un duro matrimonio que ha dejado mella en ambas. Las situaciones extrañas se suceden pronto, lo que hace que indaguen hasta descubrir que una historia oscura del pasado aflora para perpetuarse de generación en generación.
Carla, que ha pasado por experiencias muy desagradables, se refugia en sí misma mientras empieza a ser acosada por un compañero del colegio y tiene serios problemas para encajar en su nuevo entorno mientras que su madre, cada vez más paranoica, se obsesiona con su seguridad y empieza a espiarla mientras habla con una mujer extraña. Alicia siente que está perdiendo el control mientras vive presa del miedo a que reaparezca su expareja.
No cabe duda que tener en pantalla a Belén Rueda es un marchamo de calidad y un imán para los espectadores: la actriz, que lleva apostando por el terror y el fantástico desde siempre, muestra un compromiso brutal con la película, incluso cuando el montaje final de ésta parece hacer aguas en sus impases finales. Su trabajo, no obstante, es impecable y uno de los principales puntos a favor de una película deslucida por una fotografía oscura y otros problemas acuciantes que le pasan factura. Entre ellos, contar con una Elena Irureta cuya presencia es casi testimonial.
No hay que ser un lince para darse cuenta de que quizás la bicefalia en la dirección esta vez no ha producido el efecto deseado pero, en cualquier caso, el libreto habría necesitado estar más pulido antes de trasladarse a la pantalla. Se percibe ambición y hay talento para entregar un trabajo más solvente y mejor acabado.
Valoración
Nota 47
El vestido supone una pequeña decepción: cuenta con los mimbres para ser una película genuinamente terrorífica pero opta por un desenlace incoherente y una incómoda ambientación pensada para llegar al mercado internacional que le resta credibilidad y empaque.
Lo mejor
Los directores manejan bien los tiempos a la hora de internarse en el terror.
Lo peor
La historia es tramposa y a la puesta en escena le falta identidad propia.
