Tecnologia
Cambió un iPhone 17 Pro Max por un iPhone Air. Y hacía años que no sentía esto con un iPhone
“Parece de juguete”dije la primera vez que vi el iPhone Air en manos de mi compañero Pedro Aznar. De aquello hace ahora cinco meses. Fue el mismo día que estrené mi flamante iPhone 17 Pro Max, que sobre el papel era (y seguiría siendo) el mejor iPhone del momento. Pero claro, no podía yo quedarme con la eterna duda de cómo se sentiría aquel otro terminal. Dónde acababa el juguete y dónde empezaba la acción.
Así que llevo usándolo dos semanas.
Y aquí no pretendo hacer un segundo análisis del iPhone Air. Eso ya lo hizo Pedro en su momento. Mi única pretensión ha sido utilizarlo exactamente igual que he usado el iPhone 17 Pro Max durante estos cinco meses. Creo que es la forma más justa de tratarlo y ver de forma honesta y realista lo que el ‘Air’ representa.
Amor a primera vista

Si hace veinte años, cuando los smartphones no eran tan eleganteme hubieran preguntado cómo imaginaba la telefonía del futuro, estoy convencido de que visualmente se vería como se ve el iPhone Air. Como una lámina de cristal mágica que, a falta de tecnologías avanzadas de pantallas holográficas, es lo que más nos acerca al futuro que siempre imaginamos.
El diseño no lo es todo. Soy consciente y de hecho hablaré de todo lo otro. Pero no puedo ignorarlo. Y no porque sea su característica principal, que lo es. Es que realmente es algo que se percibe de forma casi constante. A veces para mal, debo decir, pero para bien en líneas generales.

En los últimos meses, antes de probar el ‘Air’, creía tener claro que sería una sensación pasajera. De esas cosas que impresionan en el momento, pero que a los dos días olvidas. Y aunque es cierto que hay algo de eso en mi experiencia, no ha sido ni muchísimo menos un detalle olvidable. Es El Detalle (en mayúsculas) y lo percibes en cada momento.


La sensación de ligereza es algo que, tras años usando móviles grandes tipo ‘Plus’ o ‘Pro Max’, se agradece mucho. Es aplicable a cualquier circunstancia, desde sostenerlo en la mano para ver un vídeo hasta llevarlo en el bolsillo. Sus 165 gramos están muy bien repartidos hasta el punto de sentir que casi desaparece en la mano.
Esto último reconozco que también ha sido un problema. Nada dramático, pero es verdad que ha habido ocasiones, sobre todo en los primeros días, en los que sentí auténtico pavor de que se resbalase y se cayese. Al final aporta una sensación de seguridad tal alta que acaba provocando lo contrario. Pero no, no resbala.
Por supuesto, ni qué decir tiene que todos a mi alrededor se han quedado asombrados. Raro es el familiar o amigo con el que me he cruzado en estas semanas y no me ha insistido en que le preste el iPhone Air “un momentito”. Todos han querido comprobar si esa lámina de cristal es ciertamente un iPhone.
eSIM. Quieras o no


Sigo siendo de los que prefiere la tarjeta SIM física, ya que me parece mucho más cómodo teniendo un trabajo que, eventualmente, consiste en probar otros móviles. Y con los iPhone 17 y 17 Pro tengo escapada, puesto que hay países donde solo es compatible con eSIM, pero en Europa siguen teniendo bandeja para la SIM física. No es el caso del ‘Air’, que se vende en formato eSIM en todo el mundo.
No fue en ningún caso un problema importante. Al ser cliente de O2, una de las operadoras que facilitan estos trámites, solamente tuve que convertir la SIM en eSIM desde los ajustes de iOS, en el iPhone 17 Pro Max. Luego la transferí al iPhone Air y no hubo mayor problema.
Pero claro, si has entrado aquí por tener dudas sobre el iPhone Air y decide comprártelo, es importante que sepas que no todas las compañías admiten eSIM (sí la mayoría, y sobre todo de las grandes) y que las que lo hacen no siempre facilitan tanto el proceso.
Devuélvame ese núcleo (o no)
A efectos de rendimiento, pocas (por no decir ninguna) dudas tenía acerca del iPhone Air. En su interior alberga un chip A19 Pro casi idéntico al de los iPhone 17 Pro. Y digo “casi” porque tiene un núcleo menos de GPU. Algo que apuesto a que no diferenciará a casi nadie, salvo que ponga un iPhone Air y un iPhone 17 Pro uno al lado del otro y haga un test de rendimiento exigente.
En las primeras horas reconozco que sí temí por la temperatura. El teléfono está construido en titanio y eso tiene sus consecuencias a nivel térmico, dado que tiende a calentarse más que con otros materiales como el aluminio de los últimos ‘Pro’.
Note que en esas horas el iPhone Air se calentaba de forma relativamente considerable. No era algo exagerado o que molestase porque “quemara”, pero sí fue una sensación desagradable viniendo de un iPhone 17 Pro Max cuya regulación de temperatura es exquisita. Pero fue cuestión de dejar que pasase el tiempo y el sistema indexase todos los datos en segundo plano para, entonces sí, vivir la experiencia real.
En el día a día no se apenas calienta. No es que haya hecho un uso de aplicaciones super exigentes durante estos días, pero sí he tenido jornadas intensas de uso con él y no hubo nada especialmente reseñable en este aspecto. Aunque es cierto que no pudo probarlo en meses complicados como los veraniegos.
Sonido muy mono, pero mono
No soy de los que escuchan música habitualmente a través de los altavoces, ya que siempre tiendo a ponerme los AirPods. Lo mismo para ver un vídeo largo. Sin embargo, sí que tengo un cierto consumo de contenido corto como YouTube Shorts o Instagram Reels. Allí no necesito la mayor calidad de sonido, pero sí un mínimo.


Había olvidado por completo que el iPhone Air solo tiene un altavozubicado en la parte superior. Mi primer choque con esto fue que, estando en una casa llena de gente, no escuchaba bien uno de esos vídeos. Subí el volumen al máximo porque, en circunstancias similares, es lo que hacía con el iPhone 17 Pro Max y acababa con los problemas. Pero no fue el caso en el ‘Air’.
“¿Qué narices pasa?” Me pregunté mientras seguía tocando el botón de volumen, pese a ver en pantalla que ya estaba al máximo. Y entonces caí. La calidad de sonido es muy buenaya que no existe apenas distorsión, ni sensación de que el audio esté enlatado. Es realmente sorprendente para lo delgado que es el iPhone Air… Pero se escucha demasiado bajo. Y es algo que he comprobado también en otras situaciones en las que no había tanto ruido.
Ya digo que no es algo dramático para mí, dado que cuando requiero al altavoz es para ver vídeos en los que no necesito lo mejor de lo mejor. Sin embargo, se percibe cada vez. Y esto, para alguien que sí se acostumbra a escuchar música y consumir otro contenido de audio directamente por el altavoz, es una carencia importante.
¿Qué pasa con la batería?

Ni siquiera con la batería externa aumenta demasiado el grosor
Es la pregunta del millón y que durante estas semanas más me han hecho quienes saben que estoy con el iPhone Air. ¿Es buena? Pues depende con qué lo compara. ¿Es mala? Pues depende con qué lo compara. Mi experiencia es que No he tenido grandes problemas para llegar al final del día con batería.pero depende en buena parte de mis circunstancias personales.
Trabajo desde casa y al final, por mucho uso que le diese al iPhone, no hubiera sido un drama quedarme sin batería porque tengo mil enchufes a mano. Cierto es que tampoco me ha hecho falta porque, en general, llegaba al final del día con un 20% aproximadamente. Claramente no es suficiente como para no cargarlo de noche, pero sí es lo justo para despreocuparme.
Aunque claro, la cosa cambia el fin de semana. No es que sea el tipo con más vida social del país, pero es cuando más salgo. Que si voy a comprar, que si voy a comer por ahí, que si me apetece dar un paseo largo con el perro… Al final, entre unas cosas y otras, poco o nada paro en casa como para estar tranquilo sin cargador.

También hago más uso del móvil en esos días, así que ahí sí que he tenido que llegar a cargarlo antes de tiempo. Eso sí, no directamente con el cargador si estoy fuera de casa, sino con la batería MagSafe oficial del iPhone Air, que ha sido un alivio para darle un chute de carga extra.
No puedo ponerme en el pellejo de cada usuario que tenga dudas acerca de cuánto le duraría a él. Sí puedo decir que con un uso “normal” (redes sociales, mensajería, ver algún vídeo puntual, GPS y algún juego casual), creo que es más que suficiente. Pero que tampoco esperes uno milagros, porque no da mucho más.
Por supuesto, si lo comparo con mi iPhone 17 Pro Maxsalió perdiendo por mucho. Este lo cargo cada día más por costumbre que otra cosa, puesto que cinco meses después sigue con una salud de batería del 100% y llego al final del día con un 40-50% perfectamente.
Una sola cámara, pero vaya cámara


Existe una relación inversa entre las lluvias de estas semanas y mi experiencia fotográfica con el iPhone Air. Apenas he podido exprimir la cámara como me hubiera gustado, aunque sí lo suficiente para tener la conclusión de que es una cámara (casi) perfecta.
La cámara principal de 48 megapíxeles del iPhone Air, compuesta por el Sony IMX904, ofrece muy buena calidad en condiciones normales de luz. De hecho, comparte ciertas tecnologías con los iPhone 17 Pro, como Deep Fusion para mejorar escenas de poca luminosidad, Photonic Engine para optimizar el rango dinámico o la estabilización óptica por desplazamiento del sensor.


Esa única cámara es la que al final usamos en la mayoría de ocasiones y captura imágenes nítidas y que en rara ocasión se nos quedará corta por si sola. El problema es cuando queremos hacer otro tipo de fotos, que es donde se acusa la ausencia de más sensores que hagan del juego de cámaras más polivalentes.
No tener gran angular para paisajes amplios o fotos macro con más detalles puede ser importante, como también el no tener telefoto. Eso limita último mucho el zoom óptico real del iPhone Air más allá del 2x emulado, teniendo hasta un 10x con zoom digital, cuyos resultados dejan bastante que desear en los detalles (por mucho procesamiento que tenga).
Creo firmemente que una segunda cámara olvidaría muchas de las carencias y, de hecho, se sabe que ya trabaja en ello para la segunda generación. Pero en este, que ya existe, no queda otra que resignarse. Aunque insisto en que en lineas generales es sobresaliente para una amplia mayoría de usuarios que priorizan la simplicidad y portabilidad sin renunciar a fotos de un alto nivel.
No sentí esto desde el iPhone X


Lo que está claro es que, aún con sus defectos y sin ser un iPhone llamado a venderse en masa (de hecho está en el extremo contrario en ventas), es el iPhone que más me ha sorprendido en los últimos años. Es el primero que me ofrece algo diferente desde el iPhone X.
Seré honesto para explicarlo y es que amo la tecnología, me encanta probar cosas nuevas y trato de ser siempre exigente, aunque sin obviar que mi perfil analítico me obliga a ser realista. Y aunque existe innovación a efectos de hardware, hace tiempo que los móviles han tocado techo en cuanto a generar un efecto Guau como generaban antaño.
Me encanta probar muchos móviles y de hecho pasan por mis manos varios de ellos que analizan gustosamente para Xataka. Pero reconozco que pocos consiguen impresionarme o darme la sensación de que estoy ante algo diferente. Tan solo los plegables han sido capaces de proporcionarme esa sensación de que, aunque las posibilidades técnicas sean las mismas y haya otros defectos, estoy ante un móvil que se diferencia del resto.
Lo comparo mucho con lo que fueron los móviles a principios de los 2000. Cuando muchas marcas hacían locuras y ningún móvil se parecía a otro. Diseños más bonitos y más feos. Algunos incluso estrambóticos, pero diferentes al fin y al cabo. Y el único aparte de los plegables que me ha transportado a aquellos años es el iPhone Air.
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