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Esta película de Star Trek se canceló en 1977 porque la ciencia-ficción no tenía futuro. Dos semanas después se estrenó Star Wars
A mediados de la década de 1970, ‘Star Trek’ experimentaba un fenómeno singular en la industria del entretenimiento. La serie original, cancelada en 1969 tras tres temporadas de audiencias discretas, había encontrado una segunda vida inesperada. Las reposiciones continuas y el entusiasmo de los fans (el primer fenómeno de este tipo que desarrolló la cultura pop) animaron a Paramount a prolongar la mitología original. En 1976 apareció un anuncio a página completa en ‘The New York Times’ que proclamaba la inminente producción de una película de Star Trek: ‘Planet of the Titans’, y que aspiraba a llevar la franquicia a territorios cinematográficos inexplorados.
El origen. El productor Gerald Isenberg asumió el control ejecutivo del proyecto en julio de 1976, pretendiendo transformar ‘Star Trek’ en un evento cinematográfico de primer nivel. Para la dirección, Paramount contrató a Philip Kaufman, un cineasta cuyo perfil resultaba poco convencional para una franquicia. Kaufman dirigiría obras aclamadas como ‘Elegidos para la gloria’ y se adentraría en una ciencia-ficción muy distinta a ‘Star Trek’ en el remake de ‘La invasión de los ultracuerpos’ en 1978. Pero para 1976 ya había dirigido el western ‘Sin ley ni esperanza’ y las aventuras árticas de ‘El amanecer blanco’.
Como guionistas se escogió a Chris Bryant y Allan Scott, escritores británicos de la soberbia y rarísima ‘Amenaza en la sombra’. La base conceptual del proyecto se nutrió de fuentes ambiciosas: Kaufman e Isenberg estructuraron la narrativa inspirándose en la novela ‘La última y la primera humanidad’ de Olaf Stapledon, que traza la evolución humana a lo largo de miles de millones de años. Como asesor científico, Paramount contrató a Jesco von Puttkamer, ingeniero de la NASA. Ralph McQuarrie, cuyo trabajo conceptual para ‘Star Wars’ estaba entonces en pleno desarrollo, haría los diseños.
Los conflictos. Las tensiones creativas emergieron rápidamente. Kaufman aspiraba a crear una obra cinematográfica que dialogara con ‘2001: Una odisea en el espacio’ en complejidad visual y filosófica. Gene Roddenberry, creador de la serie original, defendía la esencia de ésta. Bryant y Scott se vieron atrapados entre estas dos visiones incompatibles, intentando equilibrar las ambiciones artísticas de uno y la fidelidad de otro. El presupuesto, inicialmente fijado en tres millones de dólares, subió a 10 millones.
De qué iba. El Capitán James T. Kirk ha desaparecido hace tres años, durante una misión de rescate cerca de un agujero negro. La Enterprise continúa operativa, pero Spock ha regresado a Vulcano. Cuando la Flota Estelar detecta emisiones energéticas anómalas procedentes del mismo agujero negro donde Kirk se perdió, Spock se reincorpora. Descubren un planeta atrapado dentro del agujero negro, el mítico hogar de los Titanes, una civilización antigua poseedora de tecnología superior a la humana.
El planeta está siendo absorbido inexorablemente por el agujero negro. Spock localiza a Kirk, marcado por años de aislamiento y transformado por fuerzas cósmicas. El desenlace previsto constituía la apuesta más radical: para escapar del colapso, la Enterprise entra deliberadamente en el agujero negro, emergiendo no en su época, sino en nuestra prehistoria. La tripulación descubre que ellos mismos son los Titanes de la mitología. Kirk es Prometeo, el portador del fuego para la humanidad primitiva. El guion no aclara si la tripulación conseguiría finalmente regresar a su tiempo o quedaría atrapada observando el lento desarrollo de la historia humana que ellos mismos habían iniciado.
Kirk is dead. Pero… ¿por qué hacer una película en la que el legendario Kirk está prácticamente ausente? El contrato de William Shatner con Paramount había expirado, lo que llevó a Bryant y Scott a desarrollar un primer borrador que eliminaba a Kirk. Después de varias semanas de trabajo, el estudio les informó que se había alcanzado un acuerdo y que Kirk debía reintegrarse como protagonista. Este giro obligó a reescribir sustancialmente el material. Y la situación con Leonard Nimoy era aún más compleja: el actor se retiró del proyecto debido a un conflicto sobre el uso no autorizado de su imagen como Spock en un anuncio de Heineken, pero finalmente se llegó a un acuerdo.
La cancelación. Bryant y Scott presentaron su primer borrador completo el 1 de marzo de 1977, tras meses de intensas negociaciones creativas, pero acabaron saliendo del proyecto. Kaufman asumió personalmente la reescritura del guion. Su versión intensificaba el protagonismo de Spock y desarrollaba la dinámica con un klingon interpretado por nada menos que el legendario Toshiro Mifune. Cuando estaba convencido de haber encontrado la historia definitiva, se le comunicó que Paramount había cancelado el proyecto. Esto sucedió en mayo de 1977, apenas diecisiete días antes del estreno de ‘Star Wars’. Kaufman recordaría siempre la frase que un ejecutivo del estudio le comunicó como justificación de la cancelación: “no hay futuro en la ciencia ficción”.
Por qué se canceló. Confluyeron distintos factores: el incremento de los costes, el temor a que ‘Star Wars’ saturara el mercado de la ciencia ficción y la creencia de que se habían distanciado demasiado de la serie original. Cuando ‘Star Wars’ recaudó más de 775 millones de dólares en todo el mundo, Paramount planteó ‘Star Trek: Phase II’, una serie de televisión planificada como buque insignia de una nueva cadena de televisión de la compañía. También sería cancelada, aunque uno de sus guiones se convertiría finalmente en la base de ‘Star Trek: La película’, estrenada en diciembre de 1979.

El legado. ‘Planet of the Titans’ no fue el primer intento fallido de llevar ‘Star Trek’ al cine, sino un eslabón más en una cadena de proyectos frustrados que reflejaban la incertidumbre de Paramount sobre cómo capitalizar la franquicia: hay casos tan populares como la legendaria y perturbadora película ‘The God Thing’, escrita por el propio Roddenberry en 1975, o los muchos intentos de reclutar a autores de ciencia ficción para que aportaran ideas para películas, como sucedió con Harlan Ellison a finales de los setenta.
Y aunque algo permaneció de la película en el futuro tras la cancelación de ‘Planet of the Titans’ (por ejemplo, los diseños conceptuales fueron reutilizados en 2017 en ‘Star Trek: Discovery’), esta película maldita es el perfecto ejemplo de lo que siempre ha sido ‘Star Trek’. Una muestra de que hay más formas de hacer ciencia ficción al margen del espectáculo pulp de Star Wars y, al mismo tiempo, la confirmación de que es complicadísimo hacerlo.
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