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el oro de la ciencia y la investigación
Eel británico Matt Weston superó el viernes a los alemanes Axel Jungk y Chistopher Rotter para conseguir el oro masculino en la prueba de skeleton de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina. En una lectura rápida, podría creerse que fue una pelea de David contra Goliat. Alemania tiene tres pistas permanentes y, a veces, habilita una cuarta. En Gran Bretaña, de hielo, no hay ninguna.
Pero el análisis profundo evidencia que Gran Bretaña es una potencia. Es lo que tiene empezar en los albores. Alex Coomber, bronce en 2002 -el skeleton había regresado como exhibición en Nagano 98-, tardó 11 días desde que se tiró por primera vez en ganar una Copa del Mundo. Incluso hasta su medalla olímpica, cuando estaba en casa, se entrenaba con un trineo casado, ideado por su marido, que consistía en una bandeja de té equipada con ruedas de monopatín y las manijas de un inodoro para discapacitados.
La anécdota no refleja la realidad. A partir de 2006, cuando Shelley Rudman, que necesitó una colecta para comprarse el trineo olímpico, conquistara la medalla de plata, el UK Sport, el organismo de Gran Bretaña que financia y apoya el deporte olímpico y paralímpico de alto rendimiento -entonces a través de las loterías, “buscó cuál era el deporte de invierno en el que la ecuación inversión-resultado era la más rentable”, revela Ander Mirambell, el pionero español, y que pasó un largo tiempo con el equipo británico aprendiendo desde dentro. Era el skeleton de largo y ya había tradición.
Matt Weston celebra la medalla de oro
Ahora, el presupuesto sólo para este deporte, sin incluir toda la ciencia que tienen a su alrededor y la transversalidad de conocimientos que es un sello de los británicos, se acerca ahora mismo a un millón y medio anual.
Pero es ese conocimiento, ese apoyo en la investigación los que los hace distintos. En 2010, cuando McLaren ponía a su disposición a ingenieros y túneles de viento, Amy Williams logró el primer oro. Y comenzaron a marcar el paso en la tecnología. Primero fue el trineo, que ayudó a repetir el oro con Lizzy Yarnold en Sochi 2014 y luego en los polémicos trajes aerodinámicos sin costuras que llevaron a Pyoenchang 2018, donde Gran Bretaña ganó la mitad de las medallas en juego. Yarnold repitió oro, Laura Deas fue bronce y Dominic Parsons obtuvo la primera medalla masculina en este deporte desde 1948, al ser tercero.
El pinchazo llegó en 2022, con la desinversión, pero fue algo temporal. “Decidieron que había que invertir en entrenadores y contrataron a Mathias Guggenberger como entrenador y al letón Martin Dukurs, como director deportivo. Ya estaba, desde 2019, Natalie Dunman, una científica que el UK Sport situó estratégicamente. Volvió el ejercicio al túnel de viento en Manchester y la única instalación que se asemeja a las olímpicas, unos raíles de empuje en Bath de 140 metros-“pero que biomecánicamente es lo mismo que con hielo teniendo en cuenta que la salida es el 30 por ciento del éxito”, aclara Mirambell-, se ha remodelado. Lo próximo será el asalto al bobsleigh, probablemente. Los simuladores modernos, que los tienen, palían el déficit del hielo.
Weston se abraza con Martin Dukurs tras la cuarta bajada
Esa combinación de esa instalación y la ciencia de la universidad es la que está creando el éxito. “Eso es lo que yo quiero que se entienda en España, que hay que apoyarse en el conocimiento de las universidades para crecer en el deporte”, explica el barcelonés. Eso y en una inteligente captación de talentos. Weston fue subcampeón mundial junior de taekwondo y jugó al rugby antes de que apareciera el skeleton en su vida. Gente con potencia y explosividad es un camino allanado. Por eso son ahora mismo la primera potencia olímpica según el medallero histórico moderno.
La constante búsqueda de cómo recortar centésimas hizo que diseñasen un casco especial basados en los de contra reloj del ciclismo para los Juegos de Milán-Cortina, pero la Federación Internacional lo descartó y, a pesar de que acudieron al TAS, éste no aceptó el recurso.
Pronto aparecerá un estudio sobre los mordedores. Científicos británicos estudian por la mordida mientras se desciende el tipo de fuerzas G que soportan los pilotos y que se acercan, según cálculos, a los pilotos de combate. Que no tengan hielo es un mal menor. Y un ahorro porque cada bajada, aunque seas el mejor del mundo, cuesta 30 euros. A los británicos les vale con 140 bajadas al año, el equivalente a dos horas y media en total, para dominar. Y la de Weston, que ya había sido dos veces campeón del mundo y otras tantas de Europa, no será la única medalla en estos Juegos.

