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esto es lo que le ha pasado con a la batería de mi iPhone
Era un viernes por la tarde y Tenía por delante uno de esos viajes que ya sabes que van a ser largos. antes de empezar. Madrid – Barcelona en tren, transbordo y de ahí a Girona. En circunstancias normales ya sería una jornada larga. Pero ese fin de semana coincidió con el accidente ferroviario de Andalucía: circulación lenta, retrasos acumulados, incertidumbre total sobre los horarios.
Lo que hago siempre en estos casos es compartir ubicación en tiempo real por Telegram con mi pareja y por WhatsApp con mi familia. Lo llevo haciendo años, en coche, en autobús, en tren. Es cómodo, inmediato, funciona. El problema es que también calienta el iPhone de una forma que no me gusta nada y ese día sabía que el viaje iba a ser tan largo que la batería era un recurso demasiado valioso como para malgastarlo así.
Y entonces me acuerdo de algo que llevo viendo un tiempo entre mis primos y mucha gente de su generación Z: tienen la ubicación compartida en la aplicación Buscar. Siempre. Sin hacer nada, sin mandarse ningún enlace. Simplemente están ahí.
La generación que no se manda la ubicación: directamente la tiene activa
Hay algo que diferencia a quien creció con el smartphone en la mano del resto: no entienden el drama. Tienen la ubicación compartida con sus amigos en Buscar como quien tiene a alguien en favoritos. No hay ninguna implicación especial. Es simplemente una capa más de estar conectados.
Una madre que sabe si su hija ha llegado bien de fiesta. Unos padres que pueden ver si los abuelos siguen en casa. Amigos que se coordinan sin mandar un solo mensaje. La herramienta ya estaba ahí. Solo había que usarla como corresponde. Así que compartí la ubicación a mi familia y pareja a través de Buscar. Él a mí también. Y empezamos.
Lo que esperaba que pasara con la batería y lo que pasó realmente
La lógica dice que si tienes el GPS activo todo el día, la batería cae en picado. Es lo que pasa con Google Mapscon Waze, con cualquier aplicación de navegación abierta en pantalla. Es también lo que pasa con la ubicación en tiempo real de WhatsApp o Telegram: el teléfono emite de forma continua, el GPS funciona sin parar, el dispositivo se calienta. Con Buscar no pasó nada de eso.

El iPhone 17 Pro Max aguantó el viaje sin calentarse. Al final del día, la batería estaba donde esperaba que estuviese, sin sorpresas. Y lo más llamativo es que había estado “compartiendo mi ubicación” durante horas. De hecho, en Ajustes > Batería no había ningún indicador de que la localización hubiera consumido más de la cuenta.
Un detalle técnico tan único como la aplicación Buscar
Compartir la ubicación en Buscar no es lo mismo que emite una señal GPS de forma continua a través de una aplicación como WhatsApp. Cuando tu pareja, familiar o amigo abre Buscar para ver dónde estás, el sistema hace una petición en ese momento. El iPhone calcula la posición, la envía y ya está. Si nadie está mirando, el teléfono no hace nada especial. No hay un GPS encendido permanentemente. No hay datos viajando sin parar.


En condiciones normales, cuando nadie mira tu ubicación cada cinco minutos.el impacto en la batería es prácticamente nulo: menos del 1% de consumo diario. El caso extremo es la partición activa en tiempo real dentro de la propia aplicación, que puede llegar a consumir entre un 3% y un 5% por hora. Pero eso no es compartir ubicación con tu pareja. Eso es otra cosa.
Lo que sí gasta batería y muchas son apps de terceros como Life360, de mensajería, navegación como Waze, etc., que mantienen el GPS activo de forma continua y pueden consumir hasta un 20 o 25% más que la app nativa de Apple.
Y entonces llegó el dilema
El viaje acabó bien. Sin calentamientos en el iPhone, sin mensajes de “¿dónde estás?”, sin agobios. Y la ubicación se quedó ahí. No la quite al llegar. Simplemente no pensé en ello. Pasaron dos semanas. Luego tres. En algún momento, ninguno de los dos casi recordaba que la teníamos activa.


La usamos un par de veces más: para encontrarnos en el centro de Madrid cuando habíamos quedado sin un punto concreto, para saber si el tren llegaba ya o si me había metido en una tienda. Ese tipo de coordinación cotidiana, sin drama, sin control. Lo mismo que hacen mis primos con sus amigos y que ahora entiendo perfectamente.
The New York Times describió compartir la ubicación con la pareja como “la última frontera en las expresiones digitales de pareja” y lo entiendo. Llegado el mes, el déjé de compartir. En parte porque este artículo me obligó a pensar en ello. En parte también por la otra persona, no solo por mí.. No hubo ningún momento concreto que lo justificara. Simplemente, si no se usa, la quitamos.


Los psicólogos llevan un tiempo advirtiendo que esto puede derivar en algo tóxico, especialmente en parejas donde la confianza ya tiene grietas. No era mi caso. Pero entiendo perfectamente cómo esa línea puede cruzarse sin que nadie se dé cuenta. Cuando la ubicación deja de ser una herramienta práctica y empieza a ser una forma de verificar, algo cambia. Un estudio de 428 parejas encontró que cada consulta adicional semanal a la ubicación del otro predecía un descenso medible en la confianza mutua. Cuanto más miras, menos te fías.
La próxima vez que haga falta, la volveré a compartir
Y es que, en el fondo, aquí no hay un veredicto. La batería del iPhone 17 Pro Max sobrevivió sin problemas. Buscar funcionó exactamente como tiene que funcionar. Y la experiencia fue útil el 100% de las veces que la usé. Lo de las parejas es otra conversación y cada una la tiene que tener a su manera. Pero si lo que te preocupa es el móvil, puedes quedarte tranquilo: la tecnología ya resuelta su parte. El resto depende de cada uno. De cada familiar. De cada amigo. De cada pareja.
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