Colombia
la fundación en la frontera que combate la extraedad escolar y la crisis emocional de adolescentes
La vida de Nasly Camila Méndez, una joven de Norte de Santander de 18 años, comenzó a cambiar cuando encontró apoyo en un grupo que decidió escucharla antes de juzgarla. Durante años, el aislamiento que sentía dentro de su propia familia la llevó a buscar comprensión en otros espacios. A los 13 años empezó a beber alcohol y a probar drogas, como la cocaína; incluso llegó a robar, involucrar a otros en su entorno y encerrarse en un círculo del que no sabía cómo salir.
Tocó fondo cuando dejó de comer, no se levantaba de la cama y no le encontraba sentido a su vida, ni siquiera en las drogas. Su mamá, al no encontrar solución, pensó en internarla nuevamente para su rehabilitación. Pero entonces apareció Luis Alejandro Gutiérrez, quien le ofreció un acompañamiento diferente. Con apoyo psicológico y seguimiento constante, inició un proceso gradual que hoy refleja sus frutos: lleva más de cinco meses sin consumir estupefacientes, Logró graduarse del colegio y sueña con estudiar psicología para ayudar a otros jóvenes.
Historias como la suya describen la labor que realiza Actitud Resiliente, una iniciativa social que hoy impacta a más de 1.000 menores en Villa del Rosario, Norte de Santander. Mediante refuerzo escolar, acompañamiento psicosocial y trabajo con las familias, el proyecto busca transformar realidades en una de las zonas más golpeadas por la migración y la deserción educativa. “Empezamos con charlas, talleres, convivencias y sesiones para padres e hijos”, recuerda Gutiérrez, uno de los fundadores.
Luis Alejandro Gutiérrez, CEO Actitud Resiliente, tiene más de 18 años de experiencia en educación. Foto:Actitud Resiliente
Villa del Rosario, municipio fronterizo con Venezuela, ha sido durante años punto de llegada de familias desplazadas por la crisis económica y humanitaria del país vecino, así como de hogares colombianos afectados por la violencia. En ese contexto se multiplicaron problemáticas como niños por fuera del sistema escolar, rezagos académicos severos, violencia intrafamiliar, consumo de sustancias y una creciente crisis de salud mental entre adolescentes.
Durante los primeros años, el equipo tocó puertas en entidades públicas y privadas sin mayor respuesta. “Nos dimos cuenta de que la salud mental y este tipo de acompañamiento no estaban priorizados en los planos de desarrollo municipal. Por eso no había recursos”, explica Gutiérrez. En 2020, tras capacitarse en formulación de proyectos y continuar con los talleres en instituciones educativas, lograron ganar una convocatoria de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) que permitió formalizar la iniciativa, contratar profesionales y ampliar su alcance territorial.
Hoy la organización sostiene dos grandes frentes de trabajo: uno enfocado en la nivelación académica de niños y adolescentes que quedaron por fuera del sistema educativo y otro dedicado a la en salud atencion mental, una problemática que, según docentes y líderes comunitarios, se ha intensificado en los últimos años.
Volver al colegio
El programa educativo surgió en 2021 tras identificar a decenas de menores –migrantes, desplazados y colombianos– que, por su edad y rezago académico, no podían reincorporarse con facilidad al sistema formal; una situación que, según el Ministerio de Educación, corresponde a la “extraedad”, definido como el desfase de dos o tres años entre la edad del estudiante y la esperada para el grado que cursa.
El fenómeno es estructural: de acuerdo con el informe Panorama de la Educación 2025 (Education at a Glance, por su nombre en inglés) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), Colombia tiene la mayor tasa de repitencia escolar entre los países miembros.con un 8,3 por ciento en primaria y un 10,5 por ciento en básica secundaria, muy por encima de los promedios de 1,4 por ciento y 2,4 por ciento, respectivamente.
Colombia tiene la mayor tasa de repitencia escolar entre los países miembros de la Ocde. Foto:iStock
Ese rezago se traduce en altos niveles de extraedad. El mismo reporte señala que el 11,7 por ciento de los estudiantes de primaria y el 19,6 por ciento de los de secundaria básica presentan retrasos de al menos dos añoses decir, uno de cada cinco adolescentes en bachillerato, frente a promedios de la Ocde de 2 por ciento y 3,8 por ciento.
“Un niño de 12 años que solo cursó primero no puede entrar a sexto, pero tampoco encaja en educación por ciclos. ¿Qué se hace con él?”, plantea Gutiérrez. La respuesta fue crear el Centro de Nivelación de Saberes, dirigido por María Alejandra Briceño, docente en educación inicial y especialista en planificación y evaluación. Allí reciben a niños desde los 6 años en adelante y, durante un año, los estudiantes obtienen refuerzo intensivo en matemáticas, inglés, español y otras materias. El programa es totalmente gratuito.
Los niños llegan por voz a voz, referencias de rectores, líderes barriales y actividades deportivas en sectores vulnerables.. Tras ingresar al centro de nivelación recibirás seguimiento psicológico y pedagógico para evitar una nueva deserción.. Los profesionales encargados llegan ya sean a través de alianzas con las autoridades locales o de la IPS Fundación Niños de Papel.
Cabe mencionar que también hay trabajo con las familias, muchos en extrema precariedad. “Hemos encontrado padres que no saben leer. Ahí el seguimiento es aún mayor”, añade Briceño. Entre Villa del Rosario y Cúcuta, más de 180 niños y adolescentes han logrado regresar al sistema educativo mediante este proceso, que la fundación considera apenas un primer paso frente a la magnitud del problema que hay en el departamento.
Una emergencia silenciosa
El segundo frente de acción surgió casi por urgencia. Tras realizar talleres de comunicación familiar y resolución de conflictos en colegios, comenzaron a recibir solicitudes por consumo de drogas, violencia intrafamiliar, ideación suicida y abuso sexual.
En uno de los diagnósticos aplicados en una institución educativa, las cifras encendieron alarmas: 470 de cada 1.000 estudiantes manifiestan pensamientos suicidas; 270 aseguraron haberlo intentado alguna vez y 180 reconocieron consumir sustancias psicoactivas. “Nos dimos cuenta de que había una emergencia silenciosa. Los colegios no daban abasto y muchas familias no podían pagar atención privada”, relata Gutiérrez.
Si ve algunas de las señales que expresan depresión o ansiedad en niños, acuda a ayuda profesional. Foto:iStock
Como el proyecto no contaba con servicios clínicos propios, buscó alianzas hasta lograr trabajar con la IPS Fundación Niños de Papel, que abrirá una sede en Villa del Rosario para evitar desplazamientos hasta Cúcuta, una barrera que antes impedía continuar los tratamientos. Por ende, dependiendo del caso, este podrá ser remitido en el sitio, donde funcionarán servicios de psicología y hospitalización parcial.
Desde 2019, los talleres han impactado a más de 26.000 jóvenes; cerca de 700 fueron remitidos a atención especializada, aunque solo unos 200 lograron asistir por dificultades económicas. El equipo recuerda casos extremos: adolescentes involucrados en peleas con armas, jóvenes utilizados por bandas blancas para vender drogas –incluso el ‘Tren de Aragua’–, menores que huyeron de sus casas y fueron localizados antes que la Policía. “A veces es medicina de guerra: hay cinco urgencias y debes decidir a quién atender primero”, resume.
Hoy el trabajo de campo recae en tres personas: Gutiérrez, coordinador del programa psicosocial y estudiante de psicología; Briceño; y Osmar Hernández, diseñador gráfico y director de programas recreativos, encargado de generar confianza con los jóvenes antes de las remisiones clínicas. Para 2026 se propone impactar a 6.000 estudiantes en al menos cinco colegios del municipio.
Sostener la operación
Aunque han logrado que una IPS destine cerca de 175 millones de pesos en atención durante diez meses, la operación diaria sigue siendo frágil. El equipo gasta hasta 650.000 pesos mensuales en gasolina para traslados médicos y varios profesionales trabajan como voluntarios o con contratos temporales.
La sede principal funciona en el polideportivo del sector La Parada, un espacio cedido por la Alcaldía, que cubre servicios públicos, vigilancia y mantenimiento. Sin embargo, no cuentan hoy con financiación estable. En 2024 el ICBF, a través del programa Mochila Catatumbera, apoyó durante tres meses y el grupo extendió la intervención otros dos sin sueldo. Ahora esperan reunirse con la Alcaldía de Villa del Rosario para buscar respaldo a un programa que –aseguran– es solicitado por numerosos colegios del municipio.
La iniciativa busca ayudar a todos los niños posibles de Villa del Rosario. Foto:Actitud Resiliente
La organización también se expande en Cúcuta, con una nueva sede en Atalaya y dos instituciones intervenidas, con el propósito de ayudar a más niños, niñas y adolescentes de Norte de Santander. Además, Gutiérrez fue seleccionado como “héroe local” por la plataforma internacional GoCampaign.una red de líderes sociales en más de 40 países, y compite por recursos para financiar inversiones masivas en colegios.
Mientras tanto, el equipo continúa recorriendo aulas y barrios de Villa del Rosario. “No miramos nacionalidad, aquí puede entrar cualquier niño. Lo único que buscamos es evitar que se pierdan”concluye
Valentina Robles Angarita – Redacción Impreso
