Colombia
Oficial de Migración Colombia se convirtió en héroe al salvarte la vida a un viajero chileno
El Aeropuerto Internacional Rafael Núñez de Cartagena no es solo una terminal de concreto y vidrio; es un organismo vivo que al cierre de 2025 movilizó a más de 196.000 almas internacionales.
En ese laberinto de maletas con ruedas, pasaportes de colores y el zumbido constante de los aires acondicionadosel tiempo suele medirse en minutos de conexión y sellos de entrada.
Sin embargo, este 20 de febrero, el tiempo se detuvo para un viajero chileno en la línea exacta donde termina el aire y comienza la tragedia.
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Aeropuerto Internacional Rafael Núñez de Cartagena, sala de abordaje Foto:John Montaño/EL TIEMPO
Eran las pico horas, ese momento en que los vuelos procedentes de las capitales del mundo convergen en la sala de inmigración, creando una marea humana que guarda frente a los módulos de control. Entre los uniformes azules que custodian la frontera de la ciudad se encontraba Luis Fernando Ospino Jaime, un oficial con 14 años de servicio que recientemente había cambiado la aridez de La Guajira por el patrimonio y la historia de Cartagena de Indias.
De repente, la rutina, esa capa invisible que adormece los sentidos, se rompió con un golpe seco.
Un hombre que viajaba solo, y cargaba con el peso de la distancia, se desplomó frente a los módulos.
No fue un desmayo por el calor, ni el cansancio del vuelo. Era el inicio de un ataque epiléptico que pronto se tornó en una pesadilla de asfixia.
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Segundos que valen una vida
Aeropuerto Internacional Rafael Núñez de Cartagena, sala VIP Foto:John Montaño/EL TIEMPO
Luis Fernando no lo pensó. Olvidó por un instante el protocolo de sellado y corrió hacia el cuerpo que se sacudía en el suelo.
Sus manos, entrenadas en las brigadas de primeros auxilios de Migración Colombiabuscaron la posición lateral de seguridad. Pero la naturaleza del ataque fue cruel: El viajero comenzó a morderse la lengua con tal fuerza que la sangre y la saliva formaron un tapón mortal en sus vías respiratorias.
“En un momento pensé que lo estaba perdiendo”, dijo Ospino, horas después, con la voz todavía quebrada por la adrenalina residual.
Ante el espectro de la muerte, el oficial tomó una decisión que los manuales técnicos suelen mirar con cautela pero que el instinto dicta con ferocidad.
Metió sus propias manos en la boca del hombre para despejar el camino del aire. No le importó que los dientes del viajero se cerraran sobre sus dedos, causándole heridas; lo único que importaba era el sonido del primer estertor, ese ronquido desesperado que indica que el oxígeno ha vuelto a reclamar su lugar en los pulmones.
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La humanidad detrás del uniforme
Aeropuerto Internacional Rafael Núñez de Cartagena, sala VIP Foto:John Montaño/EL TIEMPO
La escena, digna de un drama médico, se estabilizó cuando dos médicos anónimos que esperaban en la fila se sumaron a la atención antes de que llegara el personal de sanidad.
El ciudadano chileno, cuyo nombre hoy es sinónimo de milagro, fue remitido a un centro médico, dejando tras de sí un rastro de sangre en el suelo y una marca de heroísmo en los dedos de Ospino.
“Migración Colombia no es solo un uniforme, también somos humanidad”, asegura Luis Fernando, quien se define como un “humilde servidor”.
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Sin embargo, su gesto ha resonado en los pasillos de la terminal como un recordatorio de que, en la puerta de entrada al país, hay hombres capaces de sangrar para que un extraño siga respirando.
En un mundo obsesionado con registrarlo todo a través de la lente de un teléfono, no hubo cámaras que captaran el momento exacto en que Ospino le arrebató ese viajero a la muerte.
Pero en el silencio de su turno de hoy, mientras sella pasaportes con sus dedos vendados, Luis Fernando sabe que la mejor evidencia es la ausencia de una tragedia y la tranquilidad. de una familia en Chile que nunca recibió la llamada devastadora.
Además, te invitamos a
ver nuestro documental:
Documental de la periodista Jineth Bedoya. Foto:
cartagena
