Colombia
Aseo en Bogotá: estabilidad con incertidumbre
Finalmente se logró sortear el vencimiento de los contratos de aseo, un desafío que –como se sabía desde el inicio de esta administración– llegaba a su límite en febrero de este año. La solución adoptada consiste en mantener el modelo de Áreas de Servicio Exclusivo (ASE) hasta noviembre de 2027 bajo un régimen transitorio. En términos prácticos, se ganó tiempo, pero trasladándole al siguiente gobierno distrital la responsabilidad de resolver de fondo el problema.
Bajo este esquema, los cinco operadores actuales comenzarán su labor en condiciones muy similares, con algunos ajustes en la renovación de flota y en las rutas de barrido. Un cambio notable es que la recolección de escombros y residuos voluminosos –como colchones, muebles y restos de construcción– quedará prácticamente en manos de la empresa pública Aguas de Bogotá, que asumirá la responsabilidad de gestionar hasta 1.000 toneladas diarias de este material.
Aunque se mencionan mejoras en gestión, interventoría y pedagogía ciudadana, solo el tiempo dirá si estos ajustes contractuales serán suficientes para enfrentar el déficit de limpieza que hoy afecta a varias zonas de la ciudad.
Porque si bien la Administración activó este régimen para evitar una ruptura operativa, no definió un modelo definitivo para después de 2027. Estamos operando, sí, pero sobre una base inestable. Conviene recordar, además, que la CRA ya había rechazado la propuesta anterior por falta de soporte técnico y financiero suficiente.
Operar sin horizonte claro es un camino riesgoso: genera incertidumbre en los operadores, que desconocen su futuro contractual, y en los recicladores, cuya protección depende en buena medida del diseño institucional que se adopte.
Ahora bien, el modelo transitorio evidencia debilidades. En primer lugar, persiste un rezago tecnológico anclado a indicadores básicos de frecuencia, rutas y horarios. El sistema actual no exige sensores en contenedores, analítica predictiva, rutas dinámicas ni monitoreo inteligente de rebosamientos. Al medir principalmente el cumplimiento horario –y no el desempeño integral–, la supervisión termina convertida en un ejercicio esencialmente reactivo.
Basuras en Bogotá Foto:Paula Rodríguez. EL TIEMPO
Mientras otras ciudades avanzan hacia modelos predictivos que anticipan acumulaciones y optimizan la gestión, Bogotá sigue atrapada en el discurso, sin traducirlo en exigencias concretas que la convertirán en una ciudad verdaderamente inteligente en este aspecto.
Y el problema se agrava porque la ciudad no cuenta con un sistema moderno de indicadores que obliga a intervenir de manera preventiva y diferenciada. La supervisión termina actuando solo después del daño: se sanciona el incumplimiento, pero no se evita el problema. Es una lógica de “apagar incendios”, no de gobernanza preventiva. Otro vacío crítico se encuentra en la contención.
Hoy, cerca del 41 por ciento de los 9.073 contenedores han tenido problemas por vandalismo o deterioro. Sin embargo, lo más preocupante no es la cifra en sí, sino la ausencia de estándares técnicos obligatorios y la falta de lineamientos específicos para canecas en parques, andenes o zonas comerciales. El resultado es un sistema que funciona más por reacción que por diseño, donde cada operador responde a la contingencia.
En el fondo, la pregunta que deberíamos hacernos es simple: ¿Bogotá está construyendo un modelo robusto para la próxima década o apenas está administrando una transición para evitar el colapso?
ÓMAR ORÓSTEGUI
Director Govlab
universidad de la sabana
