Colombia
‘Soy el único responsable’, dice creador de supuesto modelo de inversión que era realmente una estafa millonaria con fachada de cooperativa
La supuesta desaparición de un hombre que, en principio, parecía un caso aislado, terminó destapando lo que sería una de las presuntas estafas financieras más grandes de los últimos tiempos en Bogotá y el país. La estructura habría dejado pérdidas millonarias a decenas de familias que confiaron en sus ahorros sin imaginar el alcance del fraude.
El esquema consistía, según su propia versión, en captar dinero de inversionistas particulares con la promesa de pagar rendimientos mensuales mediante contratos a seis meses, en una dinámica que –dice– operó principalmente entre familiares, amigos y conocidos.
Hoy, el cerebro señalado de ese modelo rompe el silencio. Se identifica como Uriel Andrés Barreto Díaz y, en su versión entregada a EL TIEMPO, asume el peso total de lo ocurrido: “Yo quiero hoy responsabilizarme de todo como única cabeza de lo sucedido”.
Durante la entrevista fue reiterativo en despejar responsabilidades de su entorno. “Me importa mucho dar a conocer que mi esposa no tiene nada que ver con esto”, afirma. Agrega además que “Nadie más estuvo involucrada… tampoco mis padres, hermanos y sobrinos”.
Yo quiero hoy responsabilizarme de todo como única cabeza de lo sucedido
También marca distancia con la asociación en la que trabajó en el pasado. “La cooperativa que se nombra en su artículo ET, donde yo sí fui empleado… tampoco, así como ninguno de sus funcionarios estuvo involucrado”, sostiene.
Durante el tiempo que utilizó mi modelo de inversión… tampoco nadie indagó a profundidad. Nadie se le ocurrió averiguar en la Cámara de Comercio la existencia de la misma
En su reconstrucción aparece un elemento que ayuda a explicar la confianza que logró construir: el vínculo que tuvo años atrás con una cooperativa de transporte.
Barreto reconoce que trabajó allí y que la empresa fue liquidada, tras lo cual —según dice— perdió contacto con la entidad. Sin embargo, durante la expansión del modelo que creó, ese antecedente laboral se convirtió en la fachada y, por fin, parte del entorno de credibilidad que rodeó la dinámica entre inversionistas.
El propio Barreto admite que la verificación fue escasa. “Durante el tiempo que utilizó mi modelo de inversión… tampoco nadie indagó a profundidad. Nadie se le ocurrió averiguar en la Cámara de Comercio la existencia de la misma”, afirma.
Un modelo que promete rentabilidad fija.
Uriel Andrés Barreto Díaz. Foto:archivo particular
El esquema que describe a Barreto giraba alrededor de aportes de dinero a cambio de un rendimiento mensual. La fórmula, según su propio relato, ofrecía un 6 % durante los primeros cinco meses en contratos a seis meses, con devolución del capital al final. “Yo pagaba el 6 % los primeros cinco meses… el último mes no generaba rendimiento”, detalla.
El porcentaje —sostiene— buscaba ser creíble frente a otras ofertas del mercado informal. En ese contexto se menciona la usura, entendida como el cobro de intereses por encima del límite legal permitido en Colombia, para explicar el referente que se utilizó al estructurar la dinámica.
Su punto de partida, asegura, fue ofrecer una alternativa a personas que acudían a prestamistas ilegales. “Yo le empiezo a colaborar a las personas para que no caigan en los gota a gota, sino que trabajen conmigo”.
Ocho años de crecimiento por confianza
La dinámica se expande durante cerca de ocho años. El crecimiento —insiste— no se apoyó en publicidad abierta, sino recomendaciones en directas. “Yo nunca hice propaganda de este modelo de inversión”, señala.
En cambio, ubica la expansión en círculos personales: “La mayoría de personas en las que confiaron… son familiares y amigos muy cercanos”.
Ese mismo factor —reconocer— terminó desbordándose. “Esto fue abismal y desmedido”, admite, al tiempo que reconoce que perdió trazabilidad sobre el número total de involucrados.
En su explicación detallada lo que para él es un elemento cultural que, dice, facilitó la expansión de su modelo: “En Colombia hay un factor cultural… la ley del menor esfuerzo”, afirma, aunque aclara que con ello no busca justificar lo ocurrido.
intermediarios
El punto de inflexión, en la versión de Barreto, ocurrió en 2022. Allí destaca la aparición de intermediarios que comenzaron a mover dinero de terceros y ampliaron el alcance del esquema. “Yo te puedo decir que el 40 % son personas que yo ni siquiera conozco por cuenta de esos intermediarios”, admite.
Según la relación de Barreto con ET, algunos de esos actores ofrecían porcentajes distintos a los aportantes y retenían parte de las ganancias. También reconoce que entregó incentivos a quienes acercaban recursos: “Yo le daba algún reconocimiento… Yo reconocí al 5 % del valor de aporte”, aunque insiste en que no era una obligación nunca traer nuevos inversionistas.
Para sostener la promesa de rentabilidad, el dinero —según su versión— se mueve principalmente mediante préstamos a personas naturales, tiendas de barrio y trabajadores independientes sin fácil acceso al crédito bancario. “Yo siempre me apalanqué… mediante los préstamos”, afirma.
En paralelo, menciona inversiones en plataformas en línea “muy parecidas a Omega Pro”, operaciones con bitcoin y proyectos de minería. Algunas apuestas funcionaron por un tiempo; otras no.
Frente a versiones que circulan entre afectados, hace una negación directa: “Si alguno cree que los recursos fueron destinados a movimientos ilegales… yo nunca invertí en negocios ilícitos”.
El punto de no retorno
Uriel Andrés Barreto Díaz Foto:archivo particular
Barreto dice que, tras años de efectividad, el sistema llegó a un momento crítico inevitable. “En este sistema uno llega a un punto en donde ya no hay retorno”, reconoce.
Según Barreto, el deterioro se agravó en octubre del año pasado, cuando —según dice— comenzó a disminuir el ingreso de nuevos recursos y la reubicación del dinero dejó de sostener el ritmo de pagos. “Yo empecé a responder los últimos meses hasta con mi patrimonio”, asegura.
Su expectativa era sostener la dinámica con nuevas inversiones que, según las comunicaciones que recibiera, podrían entrar a comienzos de este año. Habla incluso de una proyección cercana al 30 % de ingresos que finalmente nunca se materializó.
La desaparición
Uriel Andrés Barreto Díaz. Foto:Policia Metropolitana de Bogota
El episodio más delicado de su versión aparece a mediados de enero. Barreto relata que habló con un intermediario con movimientos superiores a 4.000 millones de pesos y le anunció que intentaría responder con la venta de sus últimos vehículos. Según su testimonio, la advertencia fue directa: si no cumplía, “lo iba a pagar con mi propia vida”.
Pero el negocio no se concretó y por eso decidió evadirse. “Ahí fue cuando apareció la noticia de mi desaparición”, relata, y asegura que la denuncia la interpuso su familia.
Tiempo después, cuenta, se comunicó con la Sijín para informar que estaba con vida. “Yo me identifiqué y le dije que estaba bien”, relata, y pidió que avisaran a su esposa.
Afirma que permanece en un lugar apartado por seguridad y que su intención es presentarse cuando exista una orden que le garantice custodia. “Si no hay una orden… básicamente yo quedo a merced”.
También rechaza versiones sobre un supuesto enriquecimiento. “No tengo plata en el banco… no vivía de forma ostentosa”, insiste.
Al final de su confesión, Barreto dice. “Me arrepiento de no haber dicho la verdad… esto es traumático”, reconoce. Y remata con una frase que explica el impacto del colapso: “El resarcimiento es imposible. Los recursos se fueron en la misma dinámica”.
Por ahora, su testimonio es solo una versión de los hechos. Será la Fiscalía General de la Nación y, en última instancia, los jueces del caso. quienes determinan qué ocurrió realmente con los recursos, qué responsabilidades existen y hasta dónde llega el alcance penal de esta presunta estafa.
CAROL MALAVER
SUBEDITOR BOGOTÁ
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