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En el fútbol hay dos tipos de personas: las que viven bajo la mirada pública y las que construyen en la penumbra, sin que nadie repare demasiado en ellas. Joao Carlos Valado Tralhao (Portugal, 1980) lleva toda su carrera habitando ese segundo mundo. Esta noche, sin embargo, la penumbra se ha terminado. Con José Mourinho sancionado y sin poder pisar el área técnica del Santiago Bernabéu, el hombre que pasó 16 años educando a la siguiente generación del fútbol portugués sale a la luz en el escenario menos íntimo que existe.
Tralhao llegó a la cantera del Benfica en 2002. Lo que vino después fue una de las historias de fidelidad más insólitas del fútbol formativo europeo: 16 años en la misma casa, recorriendo cada categoría inferior del club como quien hace un mapa desde dentro. Por sus manos pasaron Bernardo Silva, Renato Sanches, Joao Félix, André Gomes, Joao Cancelo o Gonçalo Guedes. Una generación entera de futbolistas que hoy son titulares en los mejores equipos del mundo y que aprendieron a leer el juego bajo la dirección de un técnico con una filosofía clara: fútbol ofensivo, proactivo, sin esperar que el rival se equivoque. “A este equipo no le gusta limitarse a esperar que el rival cometa errores”, explicó él mismo en una entrevista de 2023. El Benfica de hoy, dijo, mantiene esa línea.
Joao Tralhao en rueda de prensa.EFE
El momento más alto de su etapa como formador llegó en dos finales de la UEFA Youth League. La primera, en 2014, ante un Barça que los vapuleó 3-0 en la inaugural de la competición. La segunda, en 2017, ante el Salzburg de Marco Rose, que se impuso 1-2 en un partido en el que Tralhao contaba en su once con un tal Joao Félix y un tal Rúben Dias. Dos finales perdidas que, paradójicamente, dicen más de la magnitud de lo construido que de cualquier título: aquel Benfica juvenil había llegado hasta el final de Europa no una, sino dos veces.
Su futuro apuntó hacia el Principado de Mónaco y hacia Thierry Henry, que acababa de ser nombrado entrenador del equipo monegasco y necesitaba a alguien de confianza a su lado. La relación entre ambos había nacido en los cursos de licencias de la UEFA en el País de Gales, donde un excrack francés y un preparador portugués descubrieron que pensaban el fútbol de forma parecida. La aventura, con todo, fue breve: el Mónaco arrancó la temporada 2018/19 en caída libre, y antes de que acabara el invierno, Henry fue despedido. Tralhao se fue con él. A pesar del golpe, su despedida fue limpia: “Quiero agradecer al AS Mónaco la oportunidad de representar a un club tan icónico. La experiencia fue más corta de lo que desearíamos, pero la vida continúa“, escribió en redes sociales.
¿Por qué ha viajado prestianni pese a estar sancionado?
Lejos de quedarse parado, su reputación siguió circulando por los despachos europeos. Primero aterrizó en el Antalyaspor turco como asistente de Nuri Sahin, y cuando Sahin dio el salto al Borussia Dortmund —finalista de la Champions la temporada anterior— se lo llevó con él. Del fútbol turco a la Bundesliga, del anonimato a uno de los clubes más escrutados de Europa. Antes de que acabara enero de 2025, Sahin fue destituido y Tralhao se quedó de nuevo sin banco.
El círculo se cerró cuando Mourinho, que ya se lo había llevado al Fenerbahce meses antes, volvió a contar con él al firmar por el Benfica en septiembre de 2025. Un regreso al club de su vida. Lo que nadie podía anticipar es que, apenas cinco meses después, le tocaría ocupar ese banquillo en solitario. La única vez que Tralhao ha sido el responsable absoluto de un banquillo en fútbol profesional fue en el Vilafranquense, segunda división portuguesa, hace cuatro años. 17 partidos, tres victorias, y poca más historia. Esta noche, sin escalón intermedio, sin transición, el siguiente capítulo se escribe en el estadio más grande de Europa.

Sahin y Tralhao.INSTAGRAM
Ayer, Tralhao regresó a Madrid. No era la primera vez: en 2023 y 2024 fue profesor del Máster en entrenamiento de fútbol y dirección deportiva de la escuela de estudios del propio Real Madrid. El luso compareció ante los medios en el lugar que le correspondía a Mourinho, que optó por no dar la rueda de prensa. Habló con la sobriedad de quien sabe exactamente cuál es su rol y no tiene ningún interés en salirse de él: “Perdemos a nuestro líder, que tenía que estar en el área técnica y no puede estar por una situación que, creemos, no ha sido justa. Yo estoy aquí para ser la extensión de las directrices del entrenador”.
Ningún gesto de apropiarse del momento, ninguna insinuación de que este podría ser también su escaparate. Solo la ecuanimidad de quien ha pasado dos décadas trabajando y aprendiendo, por fuerza o por convicción, que el mérito no necesita testigos. Esta noche Joao Tralhao será Mourinho sin serlo: sus palabras, sus señales, su ceño fruncido o su palmada en el hombro. Que el mundo por fin le mire es, casi con seguridad, lo único que no entraba en el plan benfiquista.