Colombia
¿En qué localidades de Bogotá se concentran más aves y por qué ocurre esta diferencia?
La presencia de aves en bogotá no está repartida al azar. Un estudio académico encontró que su distribución sigue patrones ligados tanto a la cobertura vegetal como a las condiciones socioeconómicas de los barrios.
En la capital se han registrado más de 150 especies de aves. Sin embargo, cerca de 78 aparecen con mayor frecuencia en localidades con mejores condiciones económicas —como Usaquén o sectores de Suba de estratos 4, 5 y 6— que en zonas populares como Bosa o Kennedy.
Entre las especies más asociadas a estos sectores se encuentran el azulejo, el turpial y varios tipos de picaflores, aves que suelen habitar áreas con mayor disponibilidad de alimento y vegetación.
El jugador mayor es una de las aves que se pueden ver en Bogotá para estas fechas. Foto:Dennys Plazas Cardona
El análisis fue realizado por Rodrigo Mutis Rangel, magíster en Geografía de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL)quien concluyó que la biodiversidad urbana responde a la forma en que se ha configurado la ciudad.
“El hallazgo principal es que las aves no se distribuyen de manera homogénea en Bogotá”, explica el investigador, al señalar que su presencia puede funcionar como indicador de la calidad ambiental urbana.
Para llegar a esta conclusión, el estudio recopiló más de 100.000 registros de observación reportados por ciudadanos y expertos en la plataforma internacional eBird. Estos datos se cruzaron con la estratificación socioeconómica de la Secretaría Distrital de Planeación y con el valor del suelo de la Unidad Administrativa Especial de Catastro Distrital.
Aves buscan la vegetación de Bogotá y La Sabana. Foto:Secretaría de Ambiente.
Los resultados muestran una concentración marcada. Los estratos 4, 5 y 6, que representan el 26,4 % del área urbana, reúnen el 52,3 % de las concurrencias de aves registradas en la ciudad. En contraste, los estratos 1, 2 y 3 —que ocupan el 73,6 % del territorio— concentran el 47,7 %.
Según el análisis, los registros más altos de especies como azulejos, turpiales y picaflores se ubican especialmente en zonas cercanas a los Cerros Orientales y en barrios con alta cobertura vegetal como Colina Campestre, Gratamira y Cerros de Sotileza, en Suba.
Estos sectores cuentan con más árboles, parques, jardines privados y cercanía a reservas naturales, condiciones que amplían la oferta de alimento y refugio. “Sabemos que si hay aves es porque tenemos más plantas, pero también porque tenemos más insectos. Toda la biodiversidad está interconectada”, afirma Mutis.
El contraste se observa en localidades como Bosa o en sectores de Kennedy, donde la cobertura vegetal es menor y, en algunos casos, las calles carecen de arbolado. Las cifras del Observatorio Ambiental de la Secretaría Distrital de Ambiente evidencian la brecha: mientras Suba registra 321.176 árboles en el espacio público, en Bosa hay 46.729.
No todas las especies siguen este patrón. Aves como la mirla, el copetón y la torcaza mantienen presencia en distintos sectores sin una relación marcada con el nivel socioeconómico. Estas se consideran especies generalistas porque logran adaptarse a entornos con poca vegetación, altos niveles de ruido o mayor densidad urbana.
La brecha en arbolado urbano se refleja en la biodiversidad de la ciudad. Foto:iStock
El estudio también advierte que la forma en que se ha desarrollado la vivienda influye en la disponibilidad de zonas verdes. Los proyectos de mayor valor suelen incorporar parques y arborización, mientras que la vivienda de interés social tiende a ubicarse en áreas con menor cobertura vegetal. Según datos de Camacol Bogotá, la oferta VIS se concentra en localidades como Fontibón, Suba, Puente Aranda, Santa Fe y Usaquén.
Para el investigador, cerrar esta brecha requiere decisiones de política urbana. “Hay que enfocar la inversión en arbolado urbano en estratos 1, 2 y 3”, advierte.
Mutis también señala que en Bogotá faltan cerca de 1,2 millones de árboles para cumplir el estándar de “un árbol por cada tres habitantes” recomendado por la Organización Mundial de la Salud.
Más allá del valor ecológico, la presencia de aves tiene efectos directos en la vida urbana. Estas especies contribuyen al control de plagas, la dispersión de semillas y el equilibrio de los ecosistemas. “Si en tu barrio hay más aves, seguramente ellas se comerán más mosquitos o plagas”, concluye el investigador.
REDACCIÓN BOGOTÁ
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