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El Celta piensa en grande

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El Celta cerró su semana fantástica con tres de tres, una clasificación para octavos de Europa League y una remontada, la de Montilivi, que deja a los de Giráldez a tan solo tres puntos del quinto puesto. Con una pequeña dosis de fortuna, el equipo celeste salió eufórico de su duelo contra el Girona y apunta alto, muy alto.

El Girona salió rebotado del encuentro. No es para menos. Los de Míchel hicieron prácticamente todo lo necesario para salir con los tres puntos,  o al menos con uno, de un partido que dignificó la Liga. En tiempos de líneas defensivas con cinco hombres, pivotes posicionales y planteamientos con mucha intensidad y poco fútbol, catalanes y gallegos apuestan por el fútbol que llena estadios e invita al aficionado a sentarse delante de la tele para pasar 90 minutos entretenidos. Y así fue en Montilivi. Ojalá ese fuese el resultado cada fin de semana en la mayoría de los partidos. 

El partido tuvo alternativas, el Celta tuvo el balón y el Girona, con un final de infarto, las ocasiones. La primera media hora los de Giráldez acumularon tres buenas ocasiones: un larguero de Mingueza, un centro con veneno de Hugo Álvarez y un remate a quemarropa de Jutglá que taponó Gazzaniga. Pero fue la pizarra el primer detalle decisivo de la noche. Como ocurriera en Vitoria, Witsel peinó un córner en el primer palo y Vanat la empujó en el segundo. Tan trabajado y tan sencillo. Tan importante.

Ficha técnica del Girona-Celta

Parecía tener el Girona el partido relativamente controlado tras el paso por vestuarios. Arnau sumó un larguero al carrusel de ocasiones y Giráldez barruntaba cambios. Fue en ese momento cuando Jutglá decidió ejercer de nueve. Se acomodó un balón largo con un control orientado perfecto y se inventó un misil que se coló con violencia por el palo corto de Gazzaniga

Un rebote que protegió Radu

El empate desató el vértigo en Montilivi y las llegadas a las áreas se sucedieron. Los banquillos también tuvieron algo que ver. Ounahi comenzaba a dejar su sello en el partido cuando un contragolpe del Girona acabó con un centro que Vitor Reis desvió, de rebote y de manera desafortunada, hacia su propia portería. Llegó entonces el asedio catalán. Y surgió, en ese tramo final, la figura de Radu. 

El exquisito centrocampista marroquí del Girona lideró cada ataque de los de Míchel y Radu ofreció un recital de paradas que hizo imposible la reacción local. Se acabó la racha de los de Míchel pero la del equipo gallego continúa. Hasta tal punto que ahora mismo tiene la quinta plaza a tiro. Un puesto que podría dar acceso a la Liga de Campeones. Como para no pensar en grande. 



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