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Las cinco mejores películas de Pedro Almodóvar… y las tres con peor valoración

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Con una prolífica carrera que se extiende desde hace más de cincuenta años, Pedro Almodóvar es un referente cultural dentro y fuera de nuestras fronteras. Se lanzó a la dirección en el 74 con Film político y tras una larga cosecha de cortometrajes se pasó al largo en el 78 abonando una filmografía desde la que ha recalado en géneros como la comedia, el drama, el musical y hasta una suerte de autobiografía titulada Dolor y gloria.

Es, además, el director español que ha recibido un mayor reconocimiento fuera de nuestras fronteras y a menudo se le considera el de mayor repercusión desde Luis Buñuel, contando con dos premios Óscar, el León de Oro de Venecia, múltiples BAFTA, César y galardones en Cannes.

Escoger sus cinco mejores películas se antoja muy difícil porque es un creador incansable que ha llegado a decir que para él su profesión es “una bendición y una maldición” a la vez. Pero siempre con el pensamiento de que “sería la persona más desgraciada del universo” si no fuera capaz de hacer cine. Pocas vocaciones tan instintivas y claras. 

La crème de la crème

Probablemente su gran obra maestra, más allá de la ya nombrada Dolor y gloria, en la cual hacía un verdadero striptease emocional mucho mayor que el flojo documental Pedro x Javis, es Hable con ella. La cinta de 2002 es un melodrama exquisito que se alzó con múltiples premios como el Óscar al mejor guión, el Globo de Oro a mejor película extranjera, el César, dos BAFTA, varios premios del cine europeo y un largo etcétera. Es una de sus grandes obras maestras al explorar la soledad, el deseo, la lealtad y las conexiones emocionales profundas. Le dio además a Javier Cámara uno de los grandes papeles de su carrera, destacando como una de las películas de mayor profundidad de Almodóvar y con una puesta en escena menos recargada de lo que es habitual en él.

Otra ganadora del Óscar, esta vez a la mejor película extranjera, es Todo sobre mi madre, su película de 1999 con una Cecilia Roth espectacular. Uno de los grandes alicientes de la película es su capacidad para hacer equilibrios entre distintos géneros, que es una de las marcas personales del director manchego: tragedia y un humor identitario.

Uno de los mayores aciertos de su carrera es el de haber sabido homenajear sus raíces haciéndolas proyectarse a nivel internacional. En Volver, de 2006, con la icónica interpretación de Penélope Cruz, celebra a las mujeres fuertes capaces de sobreponerse a las mayores desgracias mientras realiza un retrato de costumbres bestial. Se respira nostalgia sin renunciar a la comedia negra rozando el realismo mágico.

Cinco años después, en 2011, sorprendería con La piel que habito. En esta ocasión la maestra de ceremonias es Elena Anaya en una película que linda con el thriller psicológico mientras se lidia con temas como la identidad de género, la venganza y la obsesión. Originalísima y muy sorprendente, destacaba también por contar con una estética perturbadora muy distinta a trabajos previos y posteriores.

De su primera etapa destaca por encima del resto Mujeres al borde de un ataque de nervios, la comedia de 1988 que redefinió el género dándole por primera vez esa proyección fuera de nuestras fronteras que durante décadas ha sido abrumadoramente mayor que dentro, para nuestra vergüenza. Además de ser contar con un particular sentido del humor, ibérico hasta la médula, es un icono de la liberación femenina del momento, con un ritmo frenético y más capas de lo que parece.  

 AlPero Almodóvar también ha tenido sus momentos menos lúcidos. Si tenemos que escoger sus tres películas menos valoradas hay consenso. Una de ellas es relativamente reciente: Los amantes pasajeros, de 2013. Con su apuesta musical no consiguió encandilar ni a la crítica ni al público que, todo sea dicho de paso, disparan sus expectativas ante cualquier nuevo trabajo. Plana, superficial, liviana y monótona, no consiguió reflejar la crisis de la sociedad española, que parecía ser su intención final.

Kika, de 1993, tampoco obtuvo el mismo reconocimiento que otros trabajos del director, a menudo siendo vapuleada por mezclar la comedia con aspectos muy turbios como la violencia sexual y su estética kitsch desagradable.

Y, para cerrar la terna, nos vamos a quedar con La mala educación, una película en la que cargaba las tintas de manera obsesiva resultando por un lado muy pesimista y oscura en su retrato de los abusos cometidos por la Iglesia y por otra algo confusa por su estructura narrativa y sus juegos metalingüísticos.

Hasta la peor película de este increíble creador abre debates interesantes, de modo tal que solo podemos decir que es una joya nacional y que nos ha ido descubriendo, a lo largo de estas décadas, el talentazo de un montón de intérpretes que en sus manos han tocado la cumbre de sus carreras. Así que solo podemos cerrar este reportaje con agradecimiento hacia esta figura indispensable de nuestro patrimonio cultural, que en breve nos obsequiará con su nuevo trabajo: Amarga navidad

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