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PISA 2025 en Colombia: resultados preocupantes y la nueva prueba computacional que revela otra brecha

Colombia conoció hoy sus resultados PISA 2025 y el diagnóstico vuelve a ser preocupante. Además, este año hay una novedad: PISA 2025 introdujo por primera vez una prueba de resolución de problemas computacionales. Aquí te explicamos qué significa.

Este martes 8 de septiembre se conocieron los resultados de las pruebas PISA 2025, y Colombia vuelve a estar en el centro de la discusión educativa. El diagnóstico, según los primeros análisis, es el mismo de siempre: preocupante. Pero esta edición trae una novedad que agrava el panorama: PISA 2025 introdujo por primera vez una prueba de resolución de problemas computacionales, y los datos de Colombia en ese nuevo componente generan una alerta adicional.

¿Qué son las pruebas PISA? ¿Qué revela esta edición sobre la educación en Colombia? ¿Y qué significa que no sepamos programar ni pensar computacionalmente? Aquí las respuestas.

Qué son las pruebas PISA y por qué importan para Colombia

PISA (Programme for International Student Assessment) es la evaluación educativa más importante del mundo. La organiza la OCDE cada tres años y mide qué tan bien leen, calculan y razonan los estudiantes de 15 años en más de 80 países. No evalúa si memorizaron contenidos: evalúa si saben usar lo que aprendieron para resolver problemas reales.

Colombia participa en PISA desde el año 2000 y ha oscilado consistentemente por debajo del promedio OCDE en las tres áreas principales: lectura, matemáticas y ciencias. En la prueba de 2022, Colombia obtuvo puntajes significativamente inferiores al promedio de los países OCDE —que se ubica alrededor de los 470-480 puntos— en todas las categorías evaluadas.

Hay mejoras graduales respecto a ediciones anteriores: Colombia ha subido en los rankings comparativos de América Latina. Pero la distancia con los países que marcan la pauta —Singapur, Corea del Sur, Estonia, Japón— sigue siendo enorme. Y eso tiene consecuencias: los estudiantes que salen del colegio sin las competencias básicas tienen menos herramientas para acceder a trabajos de calidad, para seguir estudiando, para participar en la economía del conocimiento.

Los resultados PISA 2025 en Colombia: el patrón que no cambia

Los resultados de PISA 2025 que se divulgaron hoy confirman que Colombia sigue rezagada respecto a los países de la OCDE y a varios de sus vecinos latinoamericanos. Aunque los datos oficiales están siendo procesados con detalle por el Ministerio de Educación colombiano, los primeros análisis apuntan a que no hubo un salto significativo en las áreas tradicionales de lectura, matemáticas y ciencias.

El problema de fondo no es nuevo: Colombia tiene una educación básica muy desigual. Los estudiantes de colegios privados en ciudades grandes obtienen resultados muy superiores a los de colegios públicos en zonas rurales o en barrios de bajos recursos. PISA, al promediar a todos los estudiantes de 15 años del país, refleja esa desigualdad brutalmente.

Mientras tanto, países como Vietnam o Estonia —con recursos históricos mucho más limitados que Colombia en algunos casos— llevan años invirtiendo de forma sostenida en formación docente, en currículos estructurados alrededor de competencias y en tiempo real de aprendizaje efectivo. Los resultados se notan.

Para Colombia, PISA 2025 es un espejo incómodo: muestra cuánto hay todavía por recorrer, y que el ritmo actual de mejora no es suficiente para cerrar la brecha con el mundo desarrollado en el mediano plazo.

La prueba computacional: la novedad de PISA 2025 que nadie esperaba

Lo verdaderamente nuevo en PISA 2025 es la introducción de una prueba de resolución de problemas computacionales. No es un examen de programación al estilo de escribir código en Python o JavaScript. Es algo más amplio y, en cierto modo, más revelador: mide si los jóvenes de 15 años son capaces de descomponer un problema complejo, diseñar una solución paso a paso, y usar herramientas digitales para implementarla.

En términos simples: ¿puede un adolescente colombiano analizar un problema, dividirlo en partes manejables y usar la tecnología disponible para resolverlo? La pregunta ya no es solo si sabe leer o sumar. Es si sabe pensar en un mundo donde los algoritmos son el idioma dominante del trabajo.

Los primeros datos de esta prueba en Colombia son, según los analistas que revisaron los resultados iniciales, los más preocupantes del reporte. No porque los estudiantes no usen tecnología —la usan más que nunca y en mayor cantidad que sus pares de décadas anteriores— sino porque usarla para consumir contenido es completamente distinto a usarla para crear, diseñar y resolver.

Un adolescente colombiano puede pasar ocho horas al día en TikTok o en WhatsApp y ser completamente incapaz de diseñar una hoja de cálculo para organizar un presupuesto, automatizar una tarea repetitiva o crear una presentación estructurada para resolver un problema. Esa brecha —entre consumo digital y competencia digital— es lo que la nueva prueba de PISA 2025 puso en evidencia.

Qué debe cambiar y por qué es tan difícil que cambie

La discusión sobre educación en Colombia frecuentemente se desvía hacia debates ideológicos: si los colegios deben ser públicos o privados, qué valores deben transmitir, qué papel debe jugar la religión. Mientras tanto, los países que suben en PISA hacen cosas concretas y medibles.

Forman mejor a sus maestros. Los países con mejores resultados PISA seleccionan a sus docentes entre los mejores egresados universitarios y los forman durante años antes de que entren a un aula. En Finlandia, convertirse en maestro es tan difícil como convertirse en médico. En Colombia, la situación del magisterio, aunque ha mejorado, sigue siendo un cuello de botella.

Invierten en tiempo de aprendizaje efectivo. No se trata de más horas en el colegio, sino de horas bien aprovechadas: menos instrucción pasiva (el maestro hablando), más práctica activa (el estudiante resolviendo problemas reales). Ese cambio pedagógico requiere formación docente de calidad y materiales curriculares bien diseñados.

Integran el pensamiento computacional desde temprano. Estonia, que siempre aparece entre los primeros del ranking europeo en PISA, introdujo la programación en el currículo escolar desde 2012, empezando por primaria. No para que todos sean programadores, sino para que todos aprendan a pensar con lógica, estructura y precisión.

Colombia destina alrededor del 4,5% de su PIB a educación. No es poco, pero tampoco es suficiente si los recursos no llegan bien distribuidos ni se invierten en las prioridades correctas. El debate político frecuentemente captura la agenda educativa y la convierte en trinchera ideológica, en lugar de laboratorio de soluciones.

PISA 2025 es una radiografía. Dice dónde está el paciente. Dice incluso qué nuevo síntoma aparece este año. Lo que sigue depende de si quienes tienen el bisturí —el Estado, las instituciones educativas, las familias, la sociedad— están dispuestos a operar en serio, o si el diagnóstico quedará una vez más archivado entre los papeles del próximo debate electoral.