Economia
“Desinterés Internacional y Búsqueda de Oportunidades: El Dilema de Inversión de Colombianos”

El líder de Fenalco, Jaime Alberto Cabal, menciona que aunque considera que la reforma laboral de este gobierno ha quedado completamente desechada, es necesario pensar en la próxima gestión en una reforma bien orientada para fomentar el empleo y no para eliminarlo.
Doctor Cabal, su asociación es particularmente receptiva porque incluye pequeñas y medianas empresas del país. ¿Estoy en lo correcto?
Así es.
Estas empresas, que emplean de tres a diez o veinte trabajadores, por ejemplo, se habrían visto gravemente perjudicadas por la reforma laboral que fracasó en el Congreso. Al enterarse de la noticia, ¿sintió alivio o considera que la amenaza persiste?
La verdad, sentimos un alivio, pero no celebramos porque el país enfrenta serios problemas en todos sus aspectos. Al menos ocho senadores, responsables y valientes, manifestaron que esta reforma era perjudicial para el país por las razones que ya son ampliamente conocidas. Y, efectivamente, el clúster comercial iba a ser el sector más afectado porque somos, como decimos nosotros, quienes laboramos en horarios nocturnos, fines de semana y festivos, donde el incremento de los costos laborales, dependiendo del tamaño de la empresa, podría estar entre el 12 y el 30 por ciento.
Probablemente, la empresa no podría asumir esos costos. O, en última instancia, trasladaría el aumento de precios al consumidor…
Se vuelve inflacionario. Sin embargo, Petro, el ministro del Trabajo, junto a la bancada del Pacto Histórico intentaron imponer un discurso ideológico, parcializado, atrasado, afirmando que los empresarios eran quienes habían hundido la reforma, cuando el 98 por ciento de las empresas en Colombia son micro, pequeñas y medianas; por ejemplo, panaderías, tiendas de barrio, peluquerías, así como cafeterías locales, hospedajes, restaurantes, bares, empresas de transporte, logística, y de vigilancia y seguridad privada. Es un sector que sostiene a la clase media y baja del país que genera empleo y que, al no soportar la carga laboral, terminaría despidiendo a muchos de sus empleados o dejando de contratar en días festivos y fines de semana. Muchos, por ejemplo, con quienes conversamos, consideraban implementar procesos de automatización. Por lo tanto, la eliminación de empleo habría sido abrumadora.
El ministro del Trabajo afirmó que Fenalco era el enemigo número uno de esa reforma…
Le respondí que me sentía orgulloso de tal calificativo, ya que fue en defensa del trabajo de miles de colombianos.
Desde el principio, se indicó que esta reforma no creaba empleo, sino que lo destruía. Existen estudios del Banco de la República y de Fedesarrollo que lo respaldan…
La propia exministra Gloria Inés Ramírez reconoció públicamente que esta reforma no estaba destinada a generar empleo ni a combatir la informalidad, que es la razón de ser de una reforma. Pero esta habría terminado en pan de hoy y hambre de mañana. Claro, ¿qué trabajador no se emocionaría con la idea de aumentar sus ingresos en fines de semana o recibir pagos adicionales por horas extras? Cualquiera. Lo que no comprenden es que si este aumento en el costo del trabajo formal no es sostenible para las empresas, muchos acabarían perdiendo sus puestos. Esta reforma, desde sus inicios, fue defectuosa en su contenido y forma, porque nunca se cumplió el procedimiento constitucional de realizarla de manera concertada. Curiosamente, la bancada del Pacto Histórico y ahora el ministro Sanguino han intentado confundir a la opinión pública diciendo que sí hubo concertación, porque se discutió con unos y otros. Le recordé al ministro que concertar es diferente a opinar o dialogar. La concertación implica un acuerdo entre las partes que dialogan, y eso nunca sucedió.
Pero ya que menciona al ministro Sanguino,Me sorprendió bastante que en alguna entrevista mencionara que la protesta no fue idea del Presidente, sino de los sindicatos… ¿Entonces, al final, la responsabilidad de la marcha recayó no en el Presidente, sino en quienes participaron en ella?
No solo la organizó, sino que para que la gente saliera a la calle, estableció un día cívico. Todo estuvo relacionado: el mismo día que se debatía el colapso de la reforma se convocaban las manifestaciones y se proclamaba día cívico. Fue una presión indebida al Congreso, un desacato a la separación de poderes y a la institucionalidad del país.
Las manifestaciones organizadas por el Presidente se llevaron a cabo el 18 de marzo. Foto:Sergio Acero Yate / El Tiempo.
¿Cree que la marcha fue favorable para el Gobierno?
Voy a aprovechar para comentarlo: finalmente, según los analistas, esta manifestación resultó ser un fracaso, porque fue artificial; llevaron a los empleados públicos a participar con el día cívico; también invitaron a los contratistas de las entidades públicas a unirse a la marcha; se supo que trajeron en autobuses y camiones a la minga, a campesinos, y utilizaron a los jóvenes del Sena, quienes ni sabían la razón de su participación en la marcha. Esa manifestación fue un fracaso, no fue genuina y si esta tendencia continúa, la consulta popular de Petro será un desastre.
¿Existe alguna forma de estimar cuánto gastó el Gobierno en el traslado de esas multitudes para colmar la plaza de Bolívar? Y si digo “colmar”, quizás exagero, porque una parte significativa estuvo ocupada por la tarima del Presidente y sus cómplices, y los bordes de la plaza estaban delimitados con vallas. Sin embargo, sí había gente. ¿Hay una manera de determinar cuánto costó eso al Estado?
Es bastante complicado, ya que esa información no está a nuestro alcance. Es cierto que todas esas marchas suelen ser bastante caras y las financiamos los colombianos con nuestros impuestos. Y lo mismo ocurrirá con la consulta popular, de la cual sí sabemos el costo: alrededor de 500.000 millones, incluso un poco más. Eso, tristemente, cuando Colombia enfrenta el mayor déficit fiscal en 21 años; y cuando, como acabamos de observar en las cifras, el sector que más impulsa el crecimiento del PIB es la administración pública, que está gastando desmesuradamente, aumentando la burocracia.
La salida del último ministro de Hacienda dice más bien algo positivo sobre él, porque fue a consecuencia de que le indicó al Gobierno que es urgente reducir el gasto. Pero eso no es lo que el Presidente desea escuchar ni implementar…
Y le expresó su preocupación porque ya se está rompiendo la regla fiscal, lo cual es muy arriesgado para el país. Ya conocemos las repercusiones que eso trae, según las agencias calificadoras de riesgo.
¿Y eso no será motivo de preocupación para el Presidente? Él está en lo de las mariposas amarillas…
Pues ya hemos observado que desde que inició su gobierno, Petro no ha gobernado. Continuó en campaña y terminará en campaña. Lamentablemente, estamos en una patria ingenua donde el Presidente nos ha metido en una división, en una lucha de clases, en un estilo de insultos cotidianos, de confrontación, que tristemente es muy perjudicial para el país y que ha generado miedo en la inversión extranjera directa, que el año pasado disminuyó en un 7,6 por ciento y que este año, en enero, ya había caído un 34,4 por ciento.
Y ni hablar de la falta de confianza interna…
Pues de acuerdo con el Banco de la República, los colombianos están invirtiendo cada vez más en el exterior. Las cifras son muy alarmantes. Indican que entre el 2023 y el 2025, el flujo de capitales de los colombianos en el exterior se ha multiplicado por cuatro. Entonces estamos en el peor de los dos mundos: ni los extranjerosque hay un interés en invertir en Colombia por parte de algunos, mientras que los colombianos buscan oportunidades en el exterior.
Una situación complicada…
Al inicio me planteaba una inquietud: si había experimentado algún tipo de consuelo tras la caída de la reforma laboral o si permanecía preocupado de que esto no termine aquí. La segunda afirmación es correcta. Este gobierno es muy mal perdedor. El Congreso es favorable cuando logra imponer sus reformas y se presenta para las fotos, pero se torna adverso cuando sus intereses se ven amenazados. Adicionalmente, descalifica, ignora las decisiones, les llama tiranos, dictadores, corruptos y les reprocha de bloqueo institucional. Y así, como pésimo perdedor, utilizarán los siguientes mecanismos, como ya lo mencionó el ministro: emitirán nueve decretos sobre reforma laboral. Si es posible emitirlos, ¿por qué no lo hicieron desde el principio? En segundo lugar, apelarán la decisión de la Comisión Séptima en la plenaria. Y por si fuera poco, desean ir a consulta popular, para una reforma que carece de fundamento. Al igual que la de salud… El camino todavía es extenso y retorcido, pero considero que hoy los colombianos son más conscientes del irrespeto hacia nosotros mismos, así como hacia las instituciones y la democracia, lo cual se incrementa cada día y tendremos que cargar con ello hasta el final.
Esa marcha fue un fracaso, no fue espontánea y si esta tendencia continúa, la consulta popular de Petro será un fracaso.
Jaime Alberto CabalPresidente de Fenalco
Considero que si el Presidente debe llenar la plaza de Bolívar trayendo indígenas de todas partes del país, significa que en Bogotá, que ayudó a elegirlo, ya no cuenta con el respaldo que tuvo. La cuestión es si logrará el umbral en esa consulta popular, además de gastar esos recursos, que son necesarios. Sin embargo, hay otro elemento: en este momento precisamos trabajo, producción y crecimiento, en lugar de sugerir reducción de jornadas laborales…
Y siguiendo el ejemplo de países con menores tasas de empleo: modernizando la legislación, facilitando el acceso al trabajo, flexibilizando la contratación, remunerando por horas, por semanas, con todas las prestaciones, pero brindando oportunidades a esa población de jóvenes que hoy están emprendiendo, negocios de tecnología. Esta reforma laboral nos regresaba a los años sesenta, es retrógrada, solamente buscaba reforzar los espacios sindicales. Ya no en esta administración, pero aquí se abre la necesidad de una auténtica reforma laboral inclusiva que propicie el empleo, que combata la informalidad y que modernice nuestra legislación, que es obsoleta.
Pero, ¿usted realmente considera que sus afiliados, y hablemos específicamente de las pymes, ¿están tranquilas y optimistas? Porque muchas enfrentaron la quiebra inminente…
La verdad es que estaban “aterrorizadas”. Le daré un ejemplo con nombre propio: don Germán Gutiérrez, panadero de Puente Aranda, fue el primer empresario que se acercó a Fenalco para expresar su gran inquietud sobre lo que iba a suceder. Hizo cálculos sobre el proyecto de reforma y decía: ‘mire, tengo tres empleados, pero los fines de semana, especialmente los domingos y festivos, en las mañanas y en las noches, es cuando más aumentan mis ventas y para eso tengo que contratar tres empleados adicionales. Ahora, si esta reforma se aprueba, no los contrataré y de los que ya tengo, me veré obligado a despedir a uno…’. Entonces le pregunté: ¿y cómo atenderá la demanda? Respondió: ‘pues tendré que abrir más tarde y cerrar más temprano’. Y eso es lo que habría sucedido con la mayoría de las empresas.
Entonces, sí ha descansado mejor estos días, doctor Cabal…
(Sonriendo) Por ahora, María Isabel, porque como dije, las amenazas son muchas, de decretos, de apelaciones, de consultas populares; pero lo que es negativo tiende a desmoronarse por sí solo y creo que…que, indudablemente, este esquema de modificación laboral está enterrado.
Una consulta final. ¿Es verdad que la OIT afirma que somos la nación con la jornada de trabajo más extensa del planeta?
No, eso no es verdad. Tampoco lo que con un sesgo ideológico manifestaron el Gobierno y la bancada del Pacto Histórico al decir que en Colombia el trabajo está en condiciones precarias. Colombia posee uno de los índices más altos de carga laboral a nivel mundial, lo que significa que aquí se abonan todas las prestaciones sociales y son sumamente costosas. Si elaboramos la lista, sobre cualquier salario, el empleador acaba pagando un 51 por ciento adicional en prestaciones, en acceso a servicios de salud, en pensiones, en contribuciones al Sena y al ICBF. Es decir, esa narrativa de la precarización es un invento de la izquierda, que tristemente está causando impacto, pero que no se ajusta a la realidad.
Para concluir, simplemente se trata de matemáticas: si el empleo formal se hace más caro, obviamente se cierra la puerta al empleo informal y a los desempleados…
Y se abre aún más la de la informalidad, ya que terminan realizándose acuerdos bajo la mesa que muchas veces la gente acepta para conseguir empleo y los empresarios para poder ahorrarse los nuevos gastos.
MARÍA ISABEL RUEDA
Colaboradora para EL TIEMPO







