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Economia

Un Nuevo Amanecer: La Normalización Económica en Latinoamérica

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Los meses finales de 2024 mostraron indicios de los desafíos que podría enfrentar América Latina en los años venideros: las divisas de la zona experimentaron un notable deterioro, acompañadas de incrementos en las primas de riesgo y en las tasas de la deuda soberana, motivadas principalmente por la inminente elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. No obstante, ya transcurrido el primer trimestre de 2025, algunas de estas señales se han moderado, aunque no en su totalidad.

En el contexto de esta alta incertidumbre que afecta a nivel mundial, la región continúa avanzando hacia la normalización económica. La inflación, que tuvo un marcado incremento tras la crisis provocada por la covid-19, alcanzó niveles más controlados en 2024 y se anticipa que la mayor parte de las economías latinoamericanas logre sus objetivos entre 2025 y 2026. Por otro lado, el crecimiento muestra indicios de recuperación en general, con el avance promedio del PIB de la región alcanzando el 2,1% este año y 2,2% el siguiente. Se trata de cifras de crecimiento en torno al promedio previo a la crisis sanitaria y superiores al 1,8% observado en 2024. Finalmente, las principales divergencias se manifiestan en los tipos de interés. Aunque la mayoría de estas economías todavía está atravesando una moderación gradual, la velocidad y el nivel son marcadamente dispares, reconociendo entre diversos factores la rapidez con la que la inflación se ha controlado: más ágil en Perú y Chile, y más lento en Colombia; pero también resaltando los desafíos fiscales que se han concretado en ciertos países como Brasil, o más recientemente en Colombia.

A pesar de todo, la atención se centrará en los balances macroeconómicos de este conjunto de países. La región ha experimentado una mejora significativa en el ámbito externo, con un déficit relativamente reducido para la mayoría, e incluso en terreno positivo en Perú. Se prevé que estos se mantengan en niveles sostenibles, y mejores que los observados en los años anteriores a la pandemia, aunque con alta incertidumbre debido a las políticas arancelarias implementadas por la Administración estadounidense. El ámbito fiscal, por otro lado, sí revela mayores complicaciones, con Perú y Chile comunicando explícitamente la pérdida de sus objetivos fiscales, México enfrentando un elevado déficit pero con programas ambiciosos para su contención, y Brasil y Colombia con cifras fiscales menos favorables, elevándose considerablemente en comparación con sus promedios históricos, y con repercusiones en el coste de la deuda pública y en el tipo de cambio.

En resumen, la región se enfrenta a un contexto global más incierto con fundamentos más frágiles que en el pasado reciente, lo que genera algo más de exposición y volatilidad tanto en las proyecciones de actividad como en los indicadores más estructurales. Una coyuntura en la que, además, se requiere del aplomo y capacidad de los gobiernos para dirigir las políticas que mantengan la estabilidad económica y social.

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