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“Fútbol y Astucia: El Éxito de la Elegancia en la Cancha (Reflexiones de Jenny Gámez)”

Hubo un periodo en el que el fútbol se presentaba como un campo de batalla ideal, el escenario de lo inconfesable, la corte de la inquisición a la que se sometían, de manera voluntaria y casi con alegría, el hereje y el devoto, esperanzados en la tiranía que dictaba la pelota.
Lo que sucedía en el terreno de juego permanecía allí porque se podía, ya que el ritual solo concluía en un voto de silencio que encubría todo, pero no perdonaba nada: no hubo insulto que no se cobrara, a cualquier precio, sobre el césped.
No obstante, las épocas cambiaron y de repente todo adquirió ese matiz de delito contra la ética en el que cualquier vecino se siente autorizado a juzgar, a condenar y a reprochar, en una usurpación de la autoridad del balón que resulta verdaderamente insoportable.
Se ha extraviado la picardía
Los inquisidores han ido acumulando escasas victorias y han ido despojando al juego, que tantas veces los hipnotizó, de buena parte de su picardía. Será tal vez por eso, por convertirlos en seres tan mortales, que ahora lo rechazan tanto.
¡Que les quiten la cabeza!
Francisco Chaverra realiza la paradinha. Foto:Win Sports
A la pira fueron a parar las ‘paradinhas’ de Chaverra, Villarreal y Depay. Deseaban que fuera el joven Macías al retirarse, cuando pasó al lado de un contrincante argentino y le dijo algo, como si el juego no se hubiera alimentado de esas provocaciones desde tiempos inmemoriales.
Quieren enviar a Durán y a Marino al psiquiatra cuando en realidad todos los persiguen con preguntas incendiarias y luego se escandalizan -auténtica hipocresía-, culpándolos de arrogancia, cuando su único error sería la autoconfianza de la que tantas veces hemos carecido los colombianos.
Marino Hinestroza Foto:Jaiver Nieto EL TIEMPO
Qué poca fe existe ahora en los mecanismos establecidos en el reglamento, invisibles pero ineludibles, para someter al osado: bastaba un árbitro sin tarjeta amarilla, un mediocampista sin temor, un veterano con la paciencia suficiente para observar al insolente y, en un juicio de 3 segundos, hacerle pagar la osadía.
La picardía es parte fundamental del fútbol
Hoy se teme más de lo que se juega. Y son los mismos futbolistas los responsables al adoptar ese código insípido de hermanita de la caridad que los hace ofenderse por cualquier trivialidad, por una palabra, un decibelio, una jugada que expone el talento de unos y la limitación de otros. ¡Como si no hubiera sido eso la esencia del fútbol hace más de un siglo! Nuevamente la usurpación de la justicia del balón en manos del escándalo de la moral.
Jhon Durán Foto:Al Nassr
Como en la vida, cada buena acción conlleva su justo castigo. Menos mal que Maradona no vivió para ver cómo nuevamente le cortaban las piernas en las redes sociales, que Higuita ya no intenta más su escorpión o su ‘sentadinha’ porque sería sometido a un pelotón de fusilamiento por ‘conducta antideportiva’ (¡válgame Dios!) y que a Materazzi no le pueden condenar, de forma retroactiva, por el insulto que dejó a Francia sin Zidane y sin campeonato mundial.
No es que el ayer fuera mejor. Es que el presente, con su pesada carga de delicadeza y sensibilidad, es insufrible.
Opinión
Jenny Gámez
Editora de Futbolred
@JennyGamezA
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