Economia
“¿Quién asume las consecuencias? El impacto de los aranceles estadounidenses en la economía de Colombia – Perspectiva de Ricardo Ávila”

Cuando el pasado viernes, durante el Congreso de Naturgas que se realizó en Barranquilla, el presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa, se refirió a las proyecciones de la compañía, el mensaje fue contundente: las ganancias del grupo se prevé que disminuirán en 2025. La causa no es otra que un contexto de precios internacionales menos favorable para los hidrocarburos tras el aumento de la guerra comercial impulsada por Donald Trump.
De acuerdo al líder empresarial, por cada dólar que, en promedio, disminuya el valor del petróleo, las utilidades anuales del grupo se recortan en 700.000 millones de pesos. Aunque realizar previsiones a mediano plazo en medio de la inestabilidad vista en los días recientes es complicado, basta recordar que al iniciar este mes el barril de la variedad Brent -que sirve de referencia para Colombia- se comercializaba a 75 dólares y ahora se encuentra cerca de los 65.
Presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa. Foto:Ecopetrol
Si este descenso se mantiene, los retos para la empresa petrolera irán más allá de sus resultados económicos. Una situación de caja menos favorable la forzará a revisar su plan de inversiones, lo que podría afectar el volumen de reservas que posee. Además, las actividades más costosas que opera dejarán de ser lucrativas y muchas tendrían que cesar, lo que resultaría en una disminución de la producción de petróleo.
A largo plazo, el apretón del conglomerado terminará repercutiendo en las finanzas públicas, tanto por el pago de un menor impuesto de renta, como de dividendos reducidos en 2026. Si ya las condiciones para el fisco colombiano se vislumbran complicadas, ahora serán aún más difíciles porque el presupuesto nacional de este año se fundamentó en un panorama más optimista que el actual.
El caso de Ecopetrol ayuda a ilustrar las consecuencias colaterales de lo que empezó como un aumento unilateral de aranceles por parte de Estados Unidos. Aunque la atención de los analistas está centrada en el tema comercial, las repercusiones de lo que ha sucedido son numerosas, tanto por su efecto sobre actividades específicas como respecto a una economía mundial cuyo futuro parece mucho más sombrío.
Impactos por doquier
Según la agencia Bloomberg, las previsiones de crecimiento a nivel global para este año han decrecido en medio punto porcentual en comparación con las estimaciones que se realizaban en diciembre. El mayor deterioro en relación con esas proyecciones corresponde a la economía estadounidense, donde también se espera un aumento en la inflación después de estar en 2,4 por ciento anual durante marzo, debido a que los productos importados ya tienen un costo mayor.
Si bien el impacto más significativo se sentirá en la tierra del Tío Sam, ninguna región parece estar en condiciones de salir bien parada de la contracción que se anticipa en el intercambio de bienes.
Más allá de que, a raíz del desplome en las bolsas, la Casa Blanca haya anunciado el miércoles una suspensión de 90 días para aquellos países que iban a ser los más afectados por los aranceles adoptados, persiste una tarifa general del 10 por ciento para todos. A esto se suman penalizaciones específicas para vehículos, acero y aluminio, entre otros sectores.
Tarde o temprano, los aumentos afectarán el bolsillo de los consumidores estadounidenses. Ante tal panorama, parece complicado que el Banco de la Reserva Federal estadounidense elija reducir los intereses, a pesar de las presiones de Trump. Ante la convergencia de factores, son cada vez más los analistasque pronostican una estanflación, que es la fusión de estancamiento e inflación.
Aunque el impacto más severo se sentirá en la nación del Tío Sam, ninguna área parece salir ilesa de la contracción anticipada en el comercio de mercancías. La combinación de una situación económica más adversa junto a una mayor incertidumbre que lleva a posponer decisiones en el ámbito empresarial se reflejará en una demanda global abatida.
Impuestos en el globo Foto:iStock
Entre las repercusiones ya evidentes de tanta presión, se aprecia una caída en los precios de los productos básicos, como es el caso de aquellos que exporta Colombia. Además del petróleo, el carbón está en declive ante el cierre de plantas térmicas en Europa y la menor actividad prevista en Asia.
Incluso el café, que todavía se sostiene por encima de los promedios registrados en este siglo, ha perdido algo de ventaja. En los últimos dos meses, el precio de la libra de café ha disminuido casi un dólar, dado que los consumidores de la bebida están buscando opciones más económicas.
Por lo tanto, es necesario prepararse para un golpe que no será insignificante. A nivel mundial, cada nación está haciendo cálculos sobre cómo superar el obstáculo. Unos pocos abrirán la billetera y activarán estímulos, como ocurrió tras el estallido de la pandemia.
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China, por su parte, elabora un ambicioso esquema de gasto interno para contrarrestar el virtual cierre de su principal mercado de exportación: el estadounidense. Esta estrategia probablemente se combinará con una política agresiva para encontrar nuevos clientes para los pedidos que no podrá colocar en el hemisferio norte.
Sin embargo, la realidad será más compleja para la mayoría. Por un lado, pocos tienen el margen fiscal para implementar planes de estímulo. Por el otro, los países en desarrollo ya empiezan a notar que sus monedas se devalúan frente al dólar y aún más frente al euro.
Como si la lista de problemas potenciales no fuera ya lo suficientemente larga, también emergen perturbaciones en el ámbito financiero. Aparte de que se espera que las tasas de interés permanezcan elevadas, la aversión al riesgo podría complicar la situación de los países en desarrollo que requieren extender sus deberes.
Si por allá llueve…
Regresando a Colombia, esta enfrenta vientos en contra que no había anticipado. A pesar de que la economía nacional había logrado ganar algo de impulso tras el débil desempeño de 2023, cuando solo se expandió un 0,6 por ciento, los pronósticos que hablaban de un crecimiento cercano al 3 por ciento este año quedan en la incertidumbre.
Dinero Imagen:iStock
De este modo, aunque el Banco de la República ha ajustado al alza su proyección de crecimiento a un 2,8 por ciento para 2025, es necesario considerar lo que se empieza a denominar “el efecto Trump”. Específicamente, un ámbito internacional repleto de complicaciones terminará actuando como un freno sobre el sector productivo.
Para empezar, la actividad de las exportaciones se verá perjudicada por la caída en los precios de los productos primarios. En el contexto de Estados Unidos, la ventaja comparativa de aranceles más bajos en relación a algunos de nuestros rivales solo se mantuvo una semana, ya que la situación se equilibró rápidamente.
Aunque la devaluación experimentada por el peso colombiano -que nuevamente superó la barrera de los 4.400 por dólar la semana pasada- contribuye ligeramente a la competitividad de las ventas externas, el otro lado de la moneda es el aumento en el costo de las importaciones. En el peor de los escenarios, esto se reflejará en el índice de precios al consumidor, que permanece por encima del 5 por ciento anual.
Puesto de venta de frutas y verduras en la Plaza de Mercado Paloquemao. Imagen:Carlos Ortega
Como ha señalado el Emisor, la degradación del ambiente externo también está relacionada con la política monetaria restrictiva que persiste. Por lo tanto, aunque las tasas internas disminuyan, lo harán a un ritmo pausado, lo que influirá en el consumo y la inversión.
Un aspecto adicional que se avista en el horizonte es una nueva degradación en la calificación que reciben los bonos de deuda emitidos por la Tesorería General de la Nación. Recientemente, dos de las principales agencias de calificación confirmaron la perspectiva negativa, que actúa como una especie de aviso previo a una potencial degradación, a menos que la administración Petro se comprometa a realizar un recorte presupuestal significativo antes de finalizar junio.
Más ceños fruncidos emergen al analizar una posible descertificación de los esfuerzos que realiza Colombia en la lucha contra las drogas ilegales
Considerando que esta postura costó el puesto al exministro Diego Guevara, la probabilidad de algo en esa línea es baja, por decir lo menos. Mientras tanto, la situación es sumamente compleja, como lo refleja el bajo volumen de recursos del Gobierno en las cuentas que tiene en el Banco de la República, el nivel más bajo en décadas.
Más ceños fruncidos emergen al analizar una posible descertificación de los esfuerzos que realiza Colombia en la lucha contra las drogas ilegales. Aunque esto no conduciría automáticamente a sanciones, el diálogo entre Bogotá y Washington no es precisamente el más fluido, ya que la lista de desacuerdos es extensa.
Y a las diferencias conocidas hay que añadir las que algunos pueden considerar provocaciones. Tras la asunción de Colombia a la presidencia de la Comunidad de Estados de América Latina -Celac- la semana pasada, hubo un claro guiño hacia China por parte de Gustavo Petro, que seguramente no pasó desapercibido en la capital estadounidense.
El presidente Gustavo Petro en la cumbre de la Celac. Imagen:Presidencia
Durante
En estos tiempos se oye con frecuencia que la situación actual viene acompañada de peligros y posibilidades. Ya sea para hacer frente a los primeros o para sacar provecho de los segundos, se requiere un equipo capacitado en las estructuras gubernamentales que también pueda colaborar estrechamente con el sector privado.
Desafortunadamente, lo que se observa en la realidad es que posiciones clave están desocupadas o son ocupadas por funcionarios en condiciones de provisionalidad. Formular estrategias o coordinar acciones se torna mucho más complicado en las circunstancias actuales.
Es realmente sorprendente, para ejemplificar el caso más notable, que en medio de la peor crisis comercial de la época moderna Colombia no cuente con una persona en propiedad al frente del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. Es verdad que la Superintendente Cielo Rusinque está desempeñando esas funciones de manera temporal, pero debido a las acciones de la entidad bajo su cargo, que en más de una ocasión ha actuado como un organismo que intimida a diversos sectores, la confianza que genera entre los empresarios es muy limitada.
Tras el anuncio de Trump sobre aranceles, Cielo Rusinque ofreció una rueda de prensa Foto:AFP – Embajada de Colombia en Estados Unidos
Es suficiente recordar que la semana anterior la ministra encargada criticó a aquellos que han buscado de manera informal establecer puntos de contacto con la administración Trump para verificar si los productos colombianos quedan exentos del arancel del 10 por ciento, argumentando que existe un Tratado de Libre Comercio vigente entre Colombia y Estados Unidos. En lugar de unir esfuerzos, lo que ocurrió fue una acusación de usurpación de funciones, seguida de un portazo.
La situación del Ministerio de Hacienda tampoco ofrece muchas certezas, estando en manos de un economista que jamás ha trabajado en asuntos macroeconómicos y quien accedió al cargo debido a su cercanía con Gustavo Petro, no por sus conocimientos técnicos. Aunque en sus presentaciones, Germán Ávila envía mensajes tranquilizadores con respecto al cumplimiento de las obligaciones crediticias y la prevención de un mayor deterioro fiscal, se limita a leer las diapositivas preparadas por sus asesores, dando la impresión de que realmente no tiene un dominio profundo de los temas.
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Cuánto ha aprendido es algo que deberá demostrar apenas concluyan las festividades de Semana Santa, cuando en Washington se lleven a cabo las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Al evento asisten no solo los representantes de las entidades multilaterales, sino también centenares de banqueros y representantes de fondos de inversión que se encuentran con los ministros presentes para informarse sobre la situación de su respectivo país.
Ante el panorama global, es esencial que las reuniones resulten exitosas para que Colombia continúe teniendo acceso a fuentes de financiamiento y mantenga la confianza que hemos edificado a través de los años. Cualquier error podría dar lugar a costos más altos o a la fuga de capitales, como los que han llegado para comprar bonos de deuda pública.
Así no hayamos roto la vajilla, nos arriesgamos a quedarnos con la responsabilidad de los platos quebrados.
Reza el famoso refrán que “momentos extraordinarios exigen acciones extraordinarias”, una frase que empleó recientemente la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, al referirse a la situación de alerta en la que se halla el Viejo Continente. Tal postura contrasta con la de Colombia, donde no parece existir la urgencia en el Gobierno, ni mucho menos llamados a la unidad nacional, para superar una circunstancia tan compleja. Así no hayamos roto la vajilla, nos arriesgamos a quedarnos con la responsabilidad de los platos quebrados.
RICARDO ÁVILA PINTO
Colaborador para EL TIEMPO
En X: @ravilapinto






