En este Jueves Santo, mientras Cartagena se sumía en la meditación y la conmemoración del amor fraternal, el lavatorio de los pies y la última cena, una agente de la Policía personificó ese amor en la misma orilla del mar, al rescatar a una joven mujer inmersa en la desesperación, en el sector de la “Kilómetro Cero” frente a las aguas del Mar Caribe.
La joven avanzaba descalza hacia el mar, con lágrimas inundando su rostro y piedras aferradas en sus manos, en una clara señal de su propósito.
Su desesperación, silenciosa pero evidente, pasó desapercibida hasta que un atento mototaxista notó la crítica situación. Sin pensarlo, el hombre buscó ayuda, alertando a una patrulla de la Unidad Básica de Investigación Criminal de Tránsito de la policía, que se encontraba Cindy Páez Madrid.
“Estaba a unos 500 metros. Vimos cómo se metía al agua, con esas piedras… Quería hundirse”, recuerda Linares. Fue entonces cuando Cindy Páez, sin dudarlo, corrió. No consideró el uniforme, el riesgo, el frío. Solo pensó en la vida que aún podía salvar.
La joven fue agredida por un taxista. Foto:Héctor Fabio Zamora. El Tiempo
Vimos cómo se metía al agua, con esas piedras… Quería hundirse
Cindy Páez MadridAgente de la Policía
Junto a una funcionaria de la Secretaría de Tránsito que se unió al esfuerzo desde la orilla, Cindy Páez habló con la mujer, insistiendo con palabras llenas de fuerza y ternura. Su intervención logró lo que parecía imposible: la joven reaccionó y permitió ser sacada del agua.
“La miré y pensé: tiene un nombre, una historia, una vida que importa”, expresó Cindy, aún con la voz quebrada por la emoción del instante.
La joven rescatada, identificada como Johana, temblaba y lloraba, pero estaba a salvo. Con su voz entrecortada, reveló la desgarradora razón de su angustia: había sido víctima de abuso sexual por parte de un taxista.
La respuesta de la Policía fue inmediata, activando el protocolo de atención para víctimas de violencia sexual. Johana recibió atención médica integral, acompañamiento psicológico y la promesa de una investigación exhaustiva para esclarecer lo ocurrido.
No obstante, el impacto más significativo fue el apoyo tangible que sintió en su momento de vulnerabilidad.
Playas de Cartagena. Foto:Capitanía de Puerto
Para la Agente Cindy Páez Madrid, su acción no fue un acto impulsivo de heroísmo, sino una manifestación de su profunda vocación de servicio.
“Es lo que haría por cualquier ser humano. Si decidí ser policía fue por esto: para proteger, para cuidar, para extender la mano cuando más se necesita”, afirmó.
Con su uniforme aún empapado como parte de un acto de esperanza, demostró que en medio de la adversidad, la compasión y el servicio altruista pueden rescatar vidas y renovar la fe en la humanidad.
En una ciudad marcada por tantas dificultades, la valentía silenciosa de quienes eligen proteger la vida sigue siendo un faro de esperanza.

