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El 13 de octubre de 1992, mientras Moisés Fuentes, un joven originario de Santander de 18 años, se encontraba en una tienda de barrio en Santa Marta, dos individuos en motocicleta le dispararon y los proyectiles atravesaron sus vértebras 9 y 10. Su hermano, quien lo acompañaba, fue asesinado.
Fuentes nació en el Valle de San José, Santander. Sus progenitores le dieron el nombre de Moisés en honor a un hijo homónimo de su padre que se ahogó a los dos años en una piscina. Permaneció allí hasta los cinco años junto a su familia, cuando se trasladaron a San Vicente de Chucurí. Las labores agrícolas eran sus juegos infantiles y, desde pequeño, el trabajo lo formó como individuo.
También disfrutaba jugar fútbol con sus amigos del vecindario cuando las obligaciones de la finca le permitían tener un rato libre. “Los sábados, por la tarde, teníamos tiempo para ir a jugar a un campo de fútbol en una llanura con los compañeros de la aldea”, recuerda Moisés sobre su primer contacto con el deporte.
El hombre eligió la natación debido a unos juegos nacionales en los que participó. Foto:@moisesfuentesparalimpico
El primer contacto con el agua
El agua llegó más tarde y también tuvo relación con el trabajo. El campo lo llevó a aprender a nadar para poder asistir en la pesca y para no ahogarse al cruzar arroyos o ríos de la región. “Yo aprendí a nadar para sobrevivir, no para sentirme limitado. Eso también fue parte de ese proceso natural de formación que se aprende en el campo”.
Con el paso de los años, Moisés adquirió más relevancia en su hogar; sus actividades diarias se convirtieron en lo único en su existencia y, al alcanzar los 18 años, surgió una idea en su mente: deseaba prestar servicio militar en la marina.
Ese mismo año, su hermano mayor, de quien no tenían noticias desde hacía diez años, regresó para contarles cómo, en la costa, había ingresado en el negocio del cacao y el café. Su hermano lo persuadió de no ir al Ejército: “Me dijo: ‘ven y trabaja conmigo, pagamos la libreta y nos irá muy bien’. Cumplí 18 años el 22 de septiembre y el 30 me otorgaron la cédula”.
Cinco días después, se reunió con su hermano en Santa Marta. Allí le enseñaría a trabajar con el café y el cacao, en un reencuentro que cambiaría su vida.
Hoy cuenta con cuatro medallas paralímpicas. Foto:@moisesfuentesparalimpico
Su hermano estaba bajo amenaza, ya que delincuentes de la zona le habían pedido “vacunas” para permitirle seguir con su actividad comercial. No obstante, nunca le había ocurrido nada y él tampoco les daba importancia a esas advertencias. Inclusive, “decía que eso no era problema, que ni sabía quién era, que eso era simplemente para intentar sacarle dinero”.
Ocho días tras haber vuelto a ver a su hermano, y dirección su vida hacia el campo, al café y al cacao, mientras estaban en una esquina tomando algo, se encontraron cara a cara con quienes los habían extorsionado durante un tiempo. Dos individuos en motocicleta, vinculados a grupos paramilitares de la región, dispararon en su contra.
Su reencuentro duró una semana, el hermano falleció.
y los seis impactos de bala que sufrió Moisés le dejaron secuelas de las que jamás logró reponerse. Los proyectiles atravesaron ambas vértebras y la médula espinal y “ese giro de 180 grados” marcó el comienzo de su vínculo eterno con la existencia y la muerte.
Los doctores, tras un tiempo, le arrebataron las esperanzas de volver a caminar y él buscó culpables incluso en los seres divinos a los que alguna vez les había dado gracias por su vida. “Uno se siente un muerto en vida. Perder una parte de la independencia es perder una parte de la vida”.
El agua se transformó en la esencia de Moisés. Foto:@moisesfuentesparalimpico
La existencia y la muerte estuvieron presentes en todo momento
Después de salir de su consulta médica, Fuentes solicitó ir al río donde, durante su infancia, aprendió a nadar para “sobrevivir”. Esta vez, el propósito de Moisés en el río no era vivir sino perecer. Con la fuerza de su torso, descendió de la silla de ruedas y se deslizó por toda la orilla hasta alcanzar el agua, donde se entregó completamente al destino que el río tenía preparado para él, deseando morir para poner fin al sufrimiento.
Pero Dios no permitió que su plan se cumpliera y le mostró que, aun tocando fondo, es posible empezar de nuevo. “Me sumergí como había planeado, pero cuando eso ocurrió, empecé a sentirme libre, en el agua, me llevó a flote y comencé a sentir ganas de vivir. Estaba a punto de quitarme la vida y resultó que encontré la vida”.
Como en el libro del Éxodo, en la biblia, el agua hizo que Moisés flotara, no lo dejó morir y le otorgó una tercera oportunidad. El agua le restauró la vida y él, en agradecimiento y como un designio divino, le entregó su vida entera. La resiliencia se convirtió en una palabra que llenó su existencia y la limitación de sus piernas se transformó en un ímpetu para alcanzar las alturas.
Planea participar en el mundial de paranatación, en Singapur. Foto:@moisesfuentesparalimpico
El primer deporte que practicó fue el baloncesto en silla de ruedas, aunque ese no era su destino. En los juegos de la policía nacional, su entrenador le sugirió que buscara un deporte adicional, esta vez, en categoría individual. “Yo le dije: ‘Profe, soy bueno para el tiro, disparan hacia otro lado y a mí me caen las balas'”, recuerda entre risas.
Finalmente eligió la natación porque disfrutaba ir a la piscina con sus amigos. “El agua es sinónimo de libertad y de recargar energías; entreno todos los días porque eso me mantiene vivo”, afirma.
En su primera competencia como nadador, ganó dos medallas de bronce, las dos primeras de muchas preseas que marcarían su éxito en el deporte. Al mismo tiempo, estudió y se graduó como contador y como entrenador físico.
El deporte le permitió conocer el mundo
El deporte lo llevó por el mundo, como él mismo dice, y comenzó a buscar apoyo para representar a Colombia en los juegos paralímpicos. “En esa época no había ningún tipo de apoyo, pero mi deseo me decía que, a través de la natación, encontraría ese camino hacia la grandeza. Después de entrenar, salía a vender puerta a puerta”.
Desde rifas y sorteos, Moisés empezó a construir una historia en el ámbito deportivo nacional.
Un par de individuos en una motocicleta efectuaron disparos en dirección a él y su hermano. Foto:@moisesfuentesparalimpico
Actualmente, Moisés cuenta en su trayectoria con 4 medallas en paralímpicos, además de otros premios obtenidos en campeonatos mundiales, competencias nacionales y panamericanas. Asimismo, es el creador de una academia de natación paralímpica donde busca compartir con los estudiantes su historia personal y que estos hallen en el deporte una razón para vivirla. “Desde el año 2009 establecimos un club deportivo y hoy en día tenemos el mejor equipo de atletas paralímpicos en Colombia”.
Según sus propias palabras, el club contribuye con deportistas de altísimo nivel paralímpico al país y, fundamentados en valores, los instruye para enfrentar cualquier desafío que se les presente en la vida. “No se trata de lo que logras, sino del impacto que generas en las personas”, afirma al reflexionar sobre su existencia.
Una sanción en 2022 lo separó de las piscinas. En 2023, justo 31 años después del incidente que transformó su vida, tuvo una audiencia para solicitar la revisión de la suspensión y el 14 de diciembre de ese año, se dictó un fallo favorable levantando la penalización tras cumplir un año alejado de su pasión. Lamentablemente, no pudo representar a Colombia en los juegos paralímpicos de París, pero en 2025 estará en Singapur, persiguiendo un título mundial que amplíe aún más su legado.
Moisés renació en el agua, la misma que le mostró en repetidas ocasiones que la vida está presente, incluso cuando la muerte parece inminente. “Lo único que uno puede llevar consigo es haber dado lo mejor de uno mismo y haber contribuido a la felicidad de los demás. Creo que eso es lo que estoy haciendo”.
SERGIO ANDRÉS GAMBOA MENDIVELSO
REDACCIÓN ÚLTIMAS NOTICIAS
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