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A Ríchard Ríos denle una pelota y disfruten. Miren cómo la mueve, cómo la pisa –sobre todo eso, cómo la pisa–, cómo la trae y la esconde, cual mago, cómo amaga a la derecha y sale por la izquierda, expositor de ese fútbol que se extingue, de la maniobra inesperada en campo reducido. Es lo que aprendió jugando futsal de pelado, con la pelota más pequeña y sin guayos y en cemento, así perfeccionó ese arte de no dejarse quitar el balón. Así se destacó cuando llegó al fútbol y así se va, por fin, a Europa, al Benfica de Portugal, tras cerrarse el acuerdo con el Palmeiras de Brasil.
Ríos tiene 25 años. Es joven para el fútbol, pero su salto a Europa se hacía esperar, quizá este era el momento, justo cuando hizo un Mundial de Clubes sensacional y todo el mudo lo vio, por si en el Viejo Continente no se habían enterado de él. Se lo peleó la Roma de Italia, pero finalmente, y a falta del anuncio oficial, tras los exámenes médicos que serán esta semana, se va a Portugal.
Del futsal al fútbol
Ríchard Ríos, con la Selección de Futsal. Foto:Redes Sociales Ríchard Ríos
Hace siete años llegó a Brasil, al Flamengo, y lo hizo en silencio, sin que nadie hablara de él, ni la prensa de acá ni la de allá, ni los aficionados, que allá son millones, porque Ríos llegó como un jugador de futsal que en Colombia jugaba para el equipo Alianza Platanera. Era uno de esos genios que esconden la pelota como lo hacen en la calle, porque Ríos creció así, jugando el picado en la cuadra de su barrio en Vegachí, en Antioquia, un municipio de unos 12.000 habitantes, entre ellos Ríos, que no llegó a probarse en ningún equipo del fútbol profesional, porque, entre otras cosas, no veía que pudiera abrirse ese camino.
Cuando Flamengo lo vio durante el Suramericano sub-20 de futsal del 2018, algo le vio, como quien detecta que ese jugador tan hábil podría rendir en la cancha grande. Ríos viajó a Río. No hablaba portugués, no sabía que le deparaba ese país tan futbolero ni esa ciudad de arena, playa y carnaval. Quería emular a otros genios que pasaron del futsal al fútbol como Ronaldinho. Arrancó en las juveniles. En el 2020 ya estaba en el equipo profesional. Debutó, jugó en el campeonato carioca y en el Brasileirão. Algo tenía para seducir en ese país, como si se hubiera formado en una escuela de samba.
Ríchard Ríos, en su época en Flamengo. Foto:Redes Sociales Ríchard Ríos
Tuvo un paso por Mazatlán de México y por Guaraní, en la Serie B brasileña. Mientras tanto, en Colombia no se hablaba de él, no como una posibilidad real, si acaso como un jugador aventurero lejos de casa. Pero estando en Guaraní, el Palmeiras se fijó en él y desde allí debieron preguntar con asombro, quién es este que escode tan bien la pelota, quién es este que amaga con ese carácter y esa personalidad y saca esos remates, quién es ese colombiano. Llegó, jugó, se destacó por ser regateador, ganó el Brasileirão. Entonces el apellido Ríos empezó a tronar. Corría el año 2023 y Ríchard ya estaba haciendo estragos en las defensas rivales.
Richard Ríos Foto:AFP
A brillar en la Selección Colombia
Fue cuando recibió su primera convocatoria a la Selección Colombia. Todo así de rápido, en un abrir y cerrar de ojos, como quien pisa la pelota, la esconde y nadie se da cuenta.
Ríos pasó de ser un aventurero en Brasil, un jugador de futsal casi anónimo, a ser pieza fundamental de la Selección de mayores bajo el mando técnico de Néstor Lorenzo. Su juego se hizo necesario, porque no es un jugador común, es un jugador que desequilibra, que en una baldosa saca el amague, evade al rival, lanza el pase o el remate, inventa la pared, todo en espacio reducido. Como él mismo dijo una vez, “el fútbol es un micropartido dentro de un partido muy grande”.
Colombia vs. Argentina Foto:EFE
En su micropartido hace magia, bailotea con la pelota. Su estilo es tan brasileño, pero no, él dice con certeza que su fútbol, más que brasileño, es el resultado del fútbol sala. El año pasado Ríos jugó una Copa América que lo catapultó, mostró que además de talento tiene coraje, se peleó con uruguayos y argentinos, dio batalla y les dio un baile, sobre todo a los charrúas que no hallaban cómo detenerlo. Colombia perdió la final, pero ahora, mientras se concreta la clasificación al Mundial, Ríos se sigue destacando.
Richard Ríos Foto:AFP
Acaba de tener un Mundial de Clubes sobresaliente. Palmeiras llegó hasta cuartos de final y él se despidió como uno de los mejores del torneo. Su apellido sonó con más fuerza, porque si Ríos suena, piedras lleva. A las oficinas del Palmeiras empezaron a llegar ofertas, “¿cuánto vale Ríos?”, “¿acaso no es brasileño? Ah, es colombiano…”. La Roma llegó pisando fuerte, el negocio parecía hecho, Palmeiras pedía 30 millones de euros, y de repente apareció el Benfica de Portugal, “lo queremos”, y él también quiso y se va por 28 millones de euros.
Ahora Ríchard Ríos llegará por fin a Europa, con su balón bajo el pie, a ver quién se lo quita.
PABLO ROMERO
Redactor DEPORTES
@PabloRomeroET
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