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Cuando entendíamos el fútbol | Marca
Hace mucho tiempo, todo esto era campo. Y se bajaban tres tipos de un Supermirafiori y ejecutaban con relativa solvencia el mismo trabajo para el que hoy se necesitan ocho personas, entre los cuatro individuos de la sala VOR, el cuarto árbitro y el trío de marras. El fútbol tenía 17 reglas, sin circulares ni anexos ni actualizaciones trimestrales. Y no existían términos tan idiotas como “jugada residual”, “ataque prometedor” o “hacerse grande” que pare
Una afición perpleja
Y al fondo, muy al fondo, estamos los aficionados. No sabemos lo que se pita. Con los del Supermirafiori, sí. Con los Cantalejos, no. Lo que hoy es penalti porque un jugador “se ha hecho grande” (toma ya) el domingo que viene no lo es. Una roja por una falta tras un “ataque prometedor” (ahí va otra) puede no ser tan prometedor dentro de una semana y quedarse en “jugada residual” (seguimos para bingo).
El margen de justicia y de perfección que se ha querido buscar con el VAR es muy discutible. Para algunas cosas está bien y para otras, no. La justicia percibida no es mucho mayor que cuando se pitaba a ojo porque hay fallos incomprensibles y porque el error arbitral va a existir siempre.
De lo que no hay duda es de que ha traído más caos, más sospechas, más confusión y de que perjudica a la naturaleza del fútbol como juego. En definitiva, una mierda.
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