La producción de caña azucarera en Colombia experimentó un repunte en 2024, luego de varios años por debajo de los niveles promedio. Sin embargo, el sector enfrenta múltiples desafíos relacionados con el clima, la estructura del mercado, la competencia internacional y la diversificación del portafolio de productos.
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De acuerdo con el Equipo de Investigaciones Económicas de Bancolombia, entre 2014 y 2023, Colombia produjo en promedio 23,5 millones de toneladas de caña al año. No obstante, desde 2021 hasta 2024, el país se mantuvo en promedio un 5% por debajo de esa cifra.
En 2023, la caída fue especialmente marcada, con una producción 11% inferior al promedio, pese a que el área sembrada creció 0,9% y la cosechada aumentó 5,6%. Los rendimientos por hectárea fueron más bajos, posiblemente como resultado del exceso de lluvias que se registró en 2022, lo cual habría afectado las labores de corte.
En contraste, 2024 marcó un punto de inflexión. La producción aumentó 6% frente a 2023, superando los 22 millones de toneladas, y en el acumulado hasta abril de 2025 se registra un incremento del 7% en comparación con el mismo periodo del año anterior. “Desde mediados de 2023, la situación climática comenzó a estabilizarse, y con ello, también los rendimientos en campo”, señala el análisis.
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El área sembrada con caña en Colombia se redujo 3,2% entre 2020 y 2024, mientras cultivos como el aguacate Hass y el limón Tahití ganan terreno.
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La recuperación, sin embargo, no garantiza una mayor producción de azúcar. A pesar de que la caña molida creció un 7% en el acumulado a abril de 2025 frente al mismo lapso del año anterior, la producción de azúcar cayó 2,8%. Según los datos disponibles, entre 2021 y 2023 la menor producción de azúcar estuvo relacionada con el exceso de lluvias, mientras que en 2025 se atribuye al aumento de la destinación de caña a la producción de etanol, cuya rentabilidad ha mejorado desde 2024.
La generación de sacarosa depende de la radiación solar y de una diferencia térmica marcada entre el día y la noche. Estas condiciones se ven alteradas en épocas de lluvias intensas por la nubosidad. Además, en estos periodos las labores de cosecha se vuelven más lentas y costosas.
Otro factor estructural que incide en la producción es la reducción del área sembrada. Entre 2020 y 2024, la superficie neta cultivada con caña cayó un 3,2%. Aunque el Valle del Cauca, principal departamento productor, no ha visto un cambio sustancial en las áreas agrícolas totales (con un crecimiento de solo 1,2%), cultivos como el aguacate Hass, banano y limón Tahití han ganado terreno, lo que aumenta la competencia por expansión de área en medio del auge agroexportador.
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A pesar de que la caña molida aumentó 7% en 2025, la producción de azúcar cayó 2,8%, debido al desvío hacia la producción de etanol.
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Panorama internacional
En el plano internacional, la temporada 2025/2026 se perfila como un periodo de alta oferta global de azúcar. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (Uuda) proyecta una producción mundial de 189,3 millones de toneladas, un aumento del 4,7% respecto al ciclo anterior. India lidera este crecimiento con una proyección de aumento del 26%, mientras que Brasil, el mayor productor, alcanzaría una cifra récord de 44,7 millones de toneladas.
Este aumento de la oferta contrasta con un crecimiento del consumo global estimado en solo 1,4%, lo que presionaría al alza los inventarios mundiales. Como consecuencia, los precios internacionales han comenzado a caer. Tras alcanzar máximos en 2023, el precio del azúcar crudo disminuyó un 14% entre enero y junio de 2025, tocando niveles cercanos al umbral de rentabilidad para Brasil.
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Las ventas locales y exportaciones de azúcar crecieron 12,4% y 24,2%, respectivamente, en el acumulado a abril de 2025.
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“Lo que suceda con el precio del petróleo y el comportamiento del real brasilero puede modificar el rumbo del mercado internacional”, advierte el análisis. Una baja en el precio del petróleo impacta la gasolina, reduce la demanda de etanol en países como Brasil y aumenta la oferta de azúcar. A su vez, un real devaluado frente al dólar incentiva las exportaciones desde ese país.
A pesar de este entorno, el mercado colombiano ha mostrado señales de dinamismo. Las ventas locales y exportaciones de azúcar acumuladas hasta abril crecieron 12,4% y 24,2%, respectivamente. “Después de unos años de consumo interno golpeado, la mayor demanda de hogares e industria comienza a reflejarse en las cifras”, indica el informe.
El etanol se consolida como una línea de negocio clave para el sector. En 2024, la cantidad comercializada en el mercado interno creció 30%, impulsada por el retorno de la mezcla obligatoria del 10% con gasolina y por el aumento en los precios de los combustibles fósiles. Sin embargo, la participación de etanol importado representa una competencia significativa. “Durante 2024, aproximadamente uno de cada dos litros vendidos en Colombia provino del exterior”, señala el documento.
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El etanol comercializado en el mercado interno aumentó 30% en 2024, impulsado por el alza de la gasolina y el retorno de la mezcla obligatoria al 10%.
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El Sistema Andino de Franjas de Precios (SAFP) ha mitigado en parte el efecto de la caída internacional de precios. Este mecanismo arancelario ajusta automáticamente el arancel de importación según los precios de referencia, protegiendo a la industria local.
Tras un periodo con arancel del 0%, el gravamen ha comenzado a subir nuevamente, lo que ha impulsado el precio mayorista del azúcar en el país. La reciente decisión de Estados Unidos de imponer un arancel del 50% a las importaciones de azúcar brasileña refuerza la importancia de este esquema.
Además del azúcar y el etanol, la agroindustria ha diversificado sus ingresos con subproductos como energía eléctrica, mieles, vinazas y bagazo de caña. La cogeneración de energía se presenta como una contribución estratégica a la transición energética del país. “El potencial de la industria azucarera como biorrefinería es significativo”, concluye el análisis, destacando la necesidad de entender las nuevas oportunidades que ofrece la bioeconomía.
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DIANA K. RODRÍGUEZ T.
Periodista de Portafolio
