Perplexity AI, una compañía de apenas tres años fundada por el exGoogle y exOpenAI Aravind Srinivas, sacudió al sector tecnológico al presentar una oferta de 34.500 millones de dólares para comprar Google Chrome, el navegador con cerca de 3.000 millones de usuarios. La firma, financiada por inversores como Jeff Bezos y Nvidia, comunicó que su intención es “reafirmar el compromiso con la web abierta, la libre elección del usuario y la continuidad para quienes han elegido Chrome”.
La propuesta llega en un momento delicado para Alphabet: un juez federal en EE. UU. podría fallar este mes en un caso antimonopolio que, según analistas, incluso podría desembocar en órdenes de desinversión. Google ha dicho que apelaría cualquier decisión de ese calibre y que separar Chrome sería una “medida sin precedentes” con riesgos para los consumidores y la seguridad.
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La recepción del mercado fue fría. Heath Ahrens, inversionista del sector, calificó la jugada de “stunt” y sostuvo que la cifra está “muy por debajo del valor real de Chrome, dado su alcance y datos sin rival”.
De acuerdo con BBC, el capitalista de riesgo Tomasz Tunguz fue más lejos, Chrome podría valer “diez veces más” que la oferta. Judith MacKenzie, de Downing Fund Managers, elogió la audacia pero recordó que es una oferta no solicitada y “no está financiada”.
Perplexity no explicó cómo costearía la operación. Ese vacío —sumado al diferencial entre su valoración y el precio ofertado— alimenta la percepción de que la propuesta difícilmente prosperará o, al menos, que necesitaría un consorcio de compradores y deuda sustancial.
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La jugada se produce en medio de una doble presión regulatoria para Google en Estados Unidos por su dominio en búsqueda y publicidad online. Si bien no hay señales de que Alphabet busque vender Chrome, cualquier remedio estructural que imponga la justicia podría alterar el perímetro del negocio y abrir ventanas de oportunidad para terceros.
En ese contexto, la propuesta de Perplexity luce tanto como un movimiento estratégico de posicionamiento —para aparecer en la conversación sobre el futuro del navegador— como una apuesta por capitalizar eventuales cambios forzados por los reguladores.
El ascenso de Perplexity no ha estado exento de polémica. Medios de comunicación han acusado a la empresa de vulnerar derechos de autor, incluido un reclamo de la BBC por supuesta reproducción de contenidos “verbatim” sin permiso. La ‘startup’ respondió con dureza, acusando al medio de defender el “monopolio ilegal” de Google, sin explicar la conexión entre ambos asuntos. Estas fricciones podrían complicar su licencia social para administrar el navegador más influyente del mundo.
El propósito de Google es facilitar la búsqueda de información de los usuarios. Foto:iStock
Perplexity afirma que, si se concretara la compra, no rompería la experiencia del usuario: mantendría la configuración por defecto (Google como buscador), el soporte a Chromium y las actualizaciones de seguridad. No obstante, expertos advierten que cualquier cambio de control sobre Chrome podría tener efectos sistémicos: desde el ecosistema publicitario y la privacidad hasta la estandarización web y las relaciones con fabricantes y desarrolladores.
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