Juan Esteban Mejía ocupa un cargo que muchos alcanzarían solo después de décadas de experiencia. Para este paisa, el liderazgo no está en el título sino en el propósito: conectar la disciplina heredada con una visión clara de país.
Hoy es el vicepresidente de Asuntos Corporativos y de Presidencia del Grupo Argos, una de las compañías más influyentes de Colombia. Allí defiende una forma de hacer empresa que no ignora el contexto social, que entiende que el éxito corporativo no puede estar desconectado del progreso colectivo. Habla con pasión de sostenibilidad, confianza pública y propósito empresarial, pero también de familia, aprendizajes y de las dudas que acompañan cualquier decisión difícil.
En esta conversación, abrimos la historia de un joven que heredó un legado y decidió construir el suyo propio, enfrentando prejuicios, liderando procesos históricos y buscando dejar una huella que trascienda balances y juntas directivas.
Don Juan Esteban, ¿cuántos años tienes?
Tengo 32 años. Y aunque pueda sonar joven, la verdad es que en estos años me ha tocado vivir experiencias y asumir responsabilidades que, por lo general, llegan más tarde. Cada etapa ha traído desafíos distintos y aprendizajes enormes.
¿Quién fue el primer líder que te inspiró de verdad? No por su cargo, sino por cómo enfrentaba las cosas
Mis referentes siempre han estado en casa. Vengo de una familia empresaria que me enseñó disciplina y rigor, pero también una idea muy clara: las empresas existen para generar bienestar colectivo. Mis padres, ambos empresarios, me inculcaron desde pequeño que el éxito no se mide solo por los números, sino por el impacto positivo que dejamos en la sociedad.
Pero tiene que haber alguien especial…
Total. Mi abuelo, Adolfo Arango, es otra figura determinante. Presidió Argos durante 35 años y trabajó allí cuatro décadas. Es alguien que me enseñó que la integridad nunca se negocia y que las decisiones más importantes son las que se toman pensando en el largo plazo. Aunque hoy Argos es una compañía pública con más de 40.000 accionistas y nuestra familia tiene una participación minoritaria, yo la siento parte de mi historia. Trabajar aquí es, para mí, una manera de honrar su legado.
Si volvemos a tus años de colegio o universidad, ¿qué tipo de persona eras? ¿Con qué soñabas en ese entonces?
Siempre fui muy inquieto. En el colegio me apasionaban los casos empresariales, las historias de compañías que transformaban comunidades y los líderes que se atrevieron a pensar diferente. Mientras otros leían ficción, yo me sumergía en biografías de empresarios, buscando entender cómo habían tomado decisiones que cambiaron regiones enteras. Estudié ingeniería en la Universidad Eafit y descubrí que los números eran un lenguaje para entender el mundo. Me conecté con la idea de que detrás de cada dato hay personas, oportunidades y realidades que podemos transformar. Desde entonces supe que quería estar en lugares donde se definiera el futuro del país.
¡Y sí que has llegado lejos!, ¿pero qué hace un vicepresidente de Asuntos Corporativos y de Presidencia en el Grupo Argos?
Es un rol que me permite estar en la intersección entre estrategia, sostenibilidad, gobierno corporativo y relacionamiento institucional. Me exige tomar decisiones con impacto, pero también escuchar mucho y aprender todos los días.
Llegaste muy joven a un cargo que suelen
ocupar personas con décadas de experiencia. ¿Qué ha ido lo más difícil de ganarte ese espacio y qué ha sido lo más injusto que te han dicho por tu edad?
Lo más difícil ha sido ganarse la confianza, que es algo que no se decreta: se construye. He tenido mentores excepcionales que me han acompañado, me han retado y me han enseñado. Entré hace diez años como practicante, pasé por varias áreas, viví de cerca la operación y me especialicé en finanzas y banca de inversión. Cuando eres joven, tienes que demostrar todos los días que estás ahí por mérito, no por apellido. Aprendí a hablar menos y escuchar más, a reconocer el valor de la experiencia de otros, pero también a confiar en mi voz cuando tenía algo que aportar. Cada proyecto ha sido una prueba de rigor, de compromiso y de ética.
¿Alguna vez sentiste que te miraban por encima del hombro por tu edad?
Sí, y todavía pasa. Es natural. Siempre habrá quien piense: “¿Qué me puede enseñar alguien de 32 años?”. Sé que vengo de una familia cercana a la compañía, y eso también genera prejuicios, pero aprendí que lo importante es que el trabajo hable por uno.
Has sido el más joven en muchas cosas…
Así es. Por ejemplo, cuando asumí este cargo era el gerente más joven de la compañía. Después fui nombrado miembro de la junta directiva de Mineros y, probablemente, era el más joven de toda la Bolsa de Valores de Colombia. Pero mi experiencia en procesos complejos, como ocho ofertas públicas de adquisición y negociaciones con grupos como Gilinski o IHC, me permitió aportar valor real. En las mesas donde he estado, yo procuro que mis ideas no pesen por mi edad, sino por la calidad de lo que puedo ofrecer.
¿Cuál es el logro del que más te enorgulleces?
Ser parte del proceso de ‘desenroque’ entre Grupo Argos, Grupo Sura y Grupo Nutresa. Durante décadas, estas compañías tenían participaciones cruzadas que les dieron estabilidad y crecimiento, pero que con el tiempo se volvieron un límite para competir en mercados globales. El desenroque fue un proceso larguísimo y muy complejo. Había que proteger el valor para más de 40.000 accionistas, garantizar empleos, cuidar la reputación de tres compañías icónicas y pensar en su futuro. Desde 2017 veníamos estudiando escenarios, haciendo proyecciones, evaluando riesgos. Fueron años de reuniones, análisis técnicos, negociaciones y consensos. Participar de manera directa en un proceso histórico de esta magnitud es uno de los hitos profesionales que más me llenan de orgullo.
Óyeme, en momentos en que el sector privado es a veces definido como enemigo de lo público, ¿cómo has tratado tú de romper esa dicotomía?
Creo que es un error profundo pensar que la empresa privada es enemiga de lo público. Las empresas no solo generan empleo e impuestos únicamente: generan oportunidades, transforman territorios, construyen país. En Grupo Argos, por ejemplo, el cemento que producimos permite que miles de familias construyan sus casas y que colegios y hospitales se levanten. La energía que generamos conecta comunidades, habilita proyectos de infraestructura y transforma regiones. Lo público y lo privado no deberían caminar por caminos separados; su alianza es clave para enfrentar los retos más urgentes del país.
Tú eres joven y estás en la cúpula de un grupo muy importante, pero lo cierto es que muchos de tu generación o menores desconfían del mundo empresarial. ¿Qué les dirías?
Les diría que trabajar en una gran organización puede ser tan transformador como emprender. No todos tienen que crear una empresa para dejar huella: también se puede generar impacto desde adentro. Cuando haces parte de equipos diversos, con proyectos de alto impacto, tienes la posibilidad de crecer profesionalmente, de aprender todos los días y de aportar soluciones reales a problemas complejos. Las empresas son plataformas poderosas para cumplir propósitos personales y colectivos.
Entonces, dime, ¿hay alguna causa social que te haya cambiado la visión de liderazgo?
Varias, pero una en particular me marcó: el proyecto ‘Juntos por Urabá’, que lideramos desde la Fundación Grupo Argos. En Nueva Colonia, cerca de Puerto Antioquia, encontramos una comunidad sin alcantarillado, con viviendas precarias y jóvenes sin espacios para estudiar o practicar deporte. Hoy estamos construyendo un bachillerato nuevo, canchas de fútbol, parques, cocinas, baños y más de mil mejoras de vivienda. Ver cómo cambia la vida de una comunidad entera te recuerda que cada decisión empresarial puede tener un impacto directo sobre la vida de las personas. Ese aprendizaje me acompaña todos los días.
Se acercan las elecciones. Cuando los colombianos voten de nuevo, ¿qué esperas que ocurra?
Espero que encontremos un camino para trabajar juntos. Que dejemos de vernos como enemigos entre sectores y aprendamos a construir desde las diferencias. Colombia necesita acuerdos, diálogo, propósito colectivo. Soy optimista. Este país ha atravesado momentos muy difíciles y siempre ha encontrado maneras de salir adelante. Estoy convencido de que, si trabajamos juntos, podremos hacerlo otra vez.
Para cerrar, si te preguntaran qué tipo de huella quieres dejar, no en tu empresa, sino en la gente que te rodea, ¿qué responderías?
Mmm… buena pregunta. Quisiera que mi legado fuera el de la ética de trabajo, del compromiso y del respeto por las personas. Creo profundamente en un capitalismo consciente, en las empresas que crean valor económico y social al mismo tiempo. Los que hemos tenido privilegios tenemos la responsabilidad de abrir oportunidades para otros. Si logro que, desde donde esté, alguien tenga mejores opciones para construir su futuro, sentiré que valió la pena.
